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martes, 15 de septiembre de 2009

La Red de Almas - Capítulo 4

El sonido de las balas parecía inundar el ambiente en el recinto circular como si de una caótica sinfonía se tratase. Escuchaba la mierda de melodía que parecía inundar siempre aquel falso universo, a la par que las balas, hasta que hastiado decidí actuar en el combate.
Me coloqué unos auriculares negros, y con lentitud encendí el pequeño objeto negro donde alojaba mi música de forma incomprensible.
"Un bel di vedremo", la última aria de la ópera Madamme Butterfly, comenzó a resonar en mi cabeza mientras me encendía un cigarrillo y sacaba el rifle, camuflado encima de una construcción.
La magnífica voz de Maria Callas contrastaba con la visión dantesca de mi lente. Lo que antes había sido una chica de grandes coletas, ahora era un cadáver pálido, que caía lentamente al suelo con un agujero en la cabeza producido por mi arma, para desaparecer instantes después.
Todo el equipo reparó en mí, a la par que se producía el "crescendo" y los casquillos comenzaron a caer a cámara lenta mientras esos seres me apuntaban y disparaban.
Salté casi sin proponermelo encima de uno de ellos, y guardando el rifle saqué la escopeta, que descargué en su cabeza salpicándome de sangre.
El cielo artificial parecía hoy más hermoso que nunca. Y era sorprendente que reparará en él acorralado por un chico con un arma de gran calibre y otra con una espada gigantesca.
El complejo lleno de estructuras metálicas, era una arena de batalla más, con sus amasijos de hierro y sus plataformas; el suelo y las paredes, color blanco nuclear, hacían que la sangre contrastara de una forma casi artística al bañarlos... pero el cielo, era obra de un ser divino. Las nubes irregulares y aleatorias, el sol ardiente y lejano, los pájaros, el viento... todo una simulación, pero de una belleza inenarrable.

-¡Vamos a matarte Joe Reaper! -gritó de repente la chica mientras saltaba sobre mí precipitando el filo azulino de su arma contra mí. ¡Seremos los números uno tras tu muerte!

Con tristeza aparté mis pensamientos del cielo, y con desgana descargué un disparo a la cara de aquella que me interrumpía mientras la espada, movida por la misma inercia de la caída, impactaba en su compañero que venía por detrás mía.
Ambos cayeron al suelo al mismo tiempo, a la par que un "critical double impact" se escuchaba ante el asombro de mis "compañeros" de equipo.
Quedaba solo uno del equipo contrario en aquella "Death Match", así que me dispuse a encontrarlo para terminar pronto el infierno que, de nuevo, vivía.
Al camuflarme de nuevo con el ambiente, lo vi. Allí estaba un tipo de rojo acorralando a alguien de mi equipo tras unas cajas... Tras los últimos disparos, sorprendentemente certeros de la chica nueva, el tipo, usando una habilidad, saltó por encima de estas con agilidad felina... Pero en vez de matarla le disparó en un brazo como para regodearse de aquella indefensa novata.
Podía verlos en la mirilla... él la apuntaba a placer sin que ella hiciese nada, consciente de que todo el equipo estaba alejado, e incluso, pude vislumbrar una sonrisa en su rostro antes de disparar, salvo que ese disparo... no fue suyo.
Mi proyectil le impacto de forma crítica en la cabeza, acabando con él. Cuando hubo terminado de caer, en la pared de detrás solo quedaba una hermosa flor escarlata. Yo recargaba, y Maria Callas cantaba solo para mí. Y la chica, se levantaba... No, no lo hacía, se había hecho un ovillo y gritaba mientras temblaba...
La música parecía ser de lo más acorde para aquel momento. Mientras soltaba mis armas, importándome poco o nada toda aquella batalla, corría hacia aquella chica cuan largo era, con la ópera terminando... en un último momento de clímax...
Manchada de sangre artificial de la cabeza a los pies, me miró asustada. La pobre temblaba después de no estar seguramente acostumbrada a tal horror; aunque dejó de hacerlo una vez le puse mi chupa de cuero sobre los hombros. Aunque para mi sorpresa, al ver a alguien amigo, me abrazó y se echó a llorar con desconsuelo... No supe que hacer hasta que hacer hasta que fue demasiado tarde... Cuando el cadáver de su lado estaba casi desaparecido comprendí que debía preguntarle su nombre antes de que...

- "WINNER" "Max score into death match to: Joe Reaper" "CONGRATULATIONS" -Vi ante mi en la sala negra de recompensas antes de volver a mi "lobby"

Al aparecer de rodillas en el castillo donde habitaba fuera de los combates, los integrantes de mi clan me miraban perplejos al verme de rodillas. A lo que yo respondí con una orden, furioso, contrariado, pero ante todo frustrado por no haber podido salvar a aquella chica de este horrible mundo.

-¡Buscad a todas y cada una de las chicas del Death Match de las 17:35 hora del servidor! -grité en mitad de la sala de espera, o Lobby, que en mi caso, tenía forma de castillo medieval.
¡Recompensaré con una Armadura de energía a quién encuentre a la chica que busque!

Todos desaparecieron en el acto, ante la orden dada. Mientras yo descargaba mi puño contra la pared.
Tenía que encontrarla, pero... maldita sea, ni siquiera conocía su nombre...



lunes, 14 de septiembre de 2009

La red de las almas - Capitulo 3

Mavi te susurra: Yo no quiero seguir aquí… Quiero salir…

Me había levantado un momento de la silla para ir a por un vaso de agua, y cuando me volví, me encontré con aquel susurro en la ventana de diálogo. Desconcertada, volví a tomar mi asiento y me acerqué a la pantalla buscando algún error. “Mavi” era mi apodo, y susurrarse a uno mismo era algo imposible en aquel juego. Pero quién me susurraba tenía mi mismo apodo..

Susurras a Mavi: ¿Sabes que copiar el apodo de otra persona es motivo de denuncia al game master?

En la ventana de chat se hizo el silencio. O bueno, el relativo silencio, porque a mi alrededor había más jugadores buscando sala, organizando grupos o simplemente charlando, y podía ver algunos de sus mensajes. Pero no hubo un segundo susurro del imitador.

¿De dónde pudo sacar mi apodo? Pensé reclinándome en mi silla. No lo había cogido de ninguna serie que estuviera en boga, ni de ningún videojuego. Aún no había escalado suficientes posiciones en el ranking del juego como para que mi nick apareciera en los monitores de otros jugadores. La incógnita me carcomía por dentro, y sin poder evitarlo, le mandé otro susurro:

Susurras a Mavi: ¿Por qué me has cogido el nick? ¿Es para gastarme alguna broma? Tu mensaje de antes no tenía sentido.

Mavi te susurra: ¿Un nick? ¿Qué es eso?

Volví a leer otro susurro suyo por fin, pero que tampoco esclarecía nada. Estaba segura de que era, seguramente, algún imbécil del colegio que quería gastarme una broma.

Susurras a Mavi: Mira, no tengo tiempo para esto. Quiero jugar y divertirme, no perder el tiempo con bromas pesadas. Deshazte el personaje y de mi apodo en 24 horas, o te denunciare en el foro del servidor.

Su siguiente susurro tardó tanto que di por hecho que había acatado mi advertencia. Sin embargo, no era así, y su insistencia y mensajes sin sentido cada vez me escamaban más:

Mavi te susurra: No entiendo nada de lo que hablas… ¡Ni siquiera te veo y sin embargo sé lo que dices! Aparecí aquí de repente, mi cuerpo se mueve solo, he matado a gente sin querer…

Susurras a Mavi: Mira, mira, déjalo ya. No tengo ganas de perder el tiempo con cuentos chinos. Como vuelva a verte por aquí usando mi apodo, ten por seguro que te banearán.

Antes de recibir más susurros tontos, quise poner al tal Mavi entre los amigos ignorados. Era la opción que se usaba para que cualquier cosa que viniera de esta persona fuera rechazada y no tuviera que verlo más. Lo consideraba algo extremista, pero no quería más bromas. En Internet, en mi terreno, no.

Mi corazón se había exaltado un poco. Para calmarlo, pensé, ¿qué mejor que una partida más? Busqué algún grupo y me uní a la primera partida que encontré.

Mis plegarias fueron escuchadas. Alguien respondió a mis lloros, pero no de la forma que esperaba. A mi alrededor, había gente, y escuchaba sus murmullos, pero sabía que quién me respondió no estaba entre ellos. No podía oírle, no podía verle, pero mi mente captaba sus palabras. Mis lágrimas se disolvieron, pensando que me había encontrado con el mismo Dios, que se apiadaba de mi.

‹‹¿Sabes que copiar el apodo de otra persona es motivo de denuncia al game master?››

Le di vueltas a la frase en mi mente, intentando comprender el mensaje, pero me resultó imposible. ¿”Copiar el apodo”?¿”Denuncia al game master”? El “ente” insistió:

‹‹¿Por qué me has cogido el nick? ¿Es para gastarme alguna broma? Tu mensaje de antes no tenía sentido.››

¡Los suyos si que no tenían sentido! ¿Así era como Dios iba a salvarme? No podía decirle algo así en voz alta, entonces si que podía olvidarme de la salvación. Tragué saliva antes de preguntar en voz baja e intentando que nadie más me oyera.

- ¿Un nick? ¿Qué es eso?

‹‹Mira, no tengo tiempo para esto. Quiero jugar y divertirme, no perder el tiempo con bromas pesadas. Deshazte el personaje y de mi apodo en 24 horas, o te denunciare en el foro del servidor.››

No supe que responder. Si antes me sentía desorientada, Dios no lo estaba arreglando. No entendía nada de lo que me decía, los términos que usaba eran totalmente desconocidos para mí. Elegí cautelosamente las palabras. Posiblemente estuviera molesto por algo que hubiera dicho, o hecho.

- No entiendo nada de lo que hablas… ¡Ni siquiera te veo y sin embargo sé lo que dices! Aparecí aquí de repente, mi cuerpo se mueve solo, he matado a gente sin querer…

‹‹Mira, mira, déjalo ya. No tengo ganas de perder el tiempo con cuentos chinos. Como vuelva a verte por aquí usando mi apodo, ten por seguro que te banearán. ››

Me dio a entender que no iba a continuar con la conversación. Quise pararle, pedirle que no me abandonase, pero un pitido me ensordeció, y fui consciente de que no podría volver a hablar con él en un tiempo. Las lágrimas volvieron a mis ojos, igual que el movimiento a mi cuerpo. Sin pretenderlo, me acerqué a otro grupo de personas, bastante más numeroso que el anterior, e igual que la vez anterior, el mundo a mi alrededor se desvaneció y reapareció el mismo en el que sufrí el tiroteo.

No pensaba volver a vivirlo. Quise esconderme, pero mi cuerpo no me dejó. Maldije en voz alta, grite que me dejase en paz aquella maldición. El grupo estalló en carcajadas, y alguien dio la señal de salida. Los disparos volvieron a iniciarse, y en mis manos aparecieron de la nada dos pistolas, las mismas que la última vez.

Era imposible esconderse. Las balas se acercaban silbando, y podía ver al grupo que nos atacaba, de rojo otra vez, buscando lugares donde esconderse y desde donde atacar.

Pues si no me dejaban esconderme, atacaría.

La lucha había comenzado. El resto del grupo se disperso y fue a hacer frente a los enemigos. En mi interior, había otra lucha. El cuerpo me pedía salir corriendo y dar un rodeo. Mi mente se esforzaba por hacer frente a esa voluntad impuesta, y me mantenía inamovible en mi sitio.

La lucha había empezado. Me equipé mis armas, y quise salir a la búsqueda del enemigo. Pero por más que apretaba las teclas, no me movía. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Otra vez fallos en el teclado? ¿Me habrían colado algún virus? Se me ocurrió que quizás mi teclado inalámbrico se había quedado sin pilas, y por ello no podía controlar el juego. Me di toda la prisa que pude en encontrar una caja con pilas nuevas, que siempre tenía por algún rincón de mi desordenado cuarto.

Mi cuerpo se paró. Dejó de luchar, y la voluntad salió victoriosa. Decidida, salí corriendo. Ahora si me sentía completa. Ahora si me sentía más cómoda. Había derrotado a la primera barrera. ¡Ahora posiblemente tenía la oportunidad de escapar!

Rodeé el almacén. Un chico de rojo salió a mi encuentro. Llevaba un arma con pinta de ser muy pesada en sus manos, y no tardó nada en apuntarme. Con un movimiento reflejo, apunté y disparé. Podía manejar mi propio cuerpo, ¡no iba a dejar que nadie se interpusiera en mi camino!

El chico, sin mostrar herida alguna, se derrumbó. Antes de que llegase hasta él, su cadáver había desaparecido. Seguí corriendo.

Encontré unas pilas recargables debajo de la mesa. Me di un fuerte cabezazo contra la mesa al intentar levantarme. Me froté la cabeza saliendo de allí debajo entre maldiciones, y volví la vista al monitor. Seguramente, el equipo enemigo habría dado buena cuenta de mi al ver que no me movía ni hacia nada.

Y me quedé con la boca abierta. Mi pj.. ¡se estaba moviendo solo!

Tiré del teclado y le quité las pilas. Estaba segura de que así, se terminarían los problemas. Pero no. Sin el teclado era imposible que el personaje se moviera. Sin embargo, el mío era una excepción, y ante mi estupor, ella solita mató a uno del equipo enemigo y continuó corriendo por el mapa.

- ¡¿Qué coño está pasando aquí?!

El almacén quedó atrás. Traspasé una verja y bajé por una rampa. No me había separado mucho del edificio, ahora estaba en el lado oriental. Había más cajas por ahí, y de detrás de una de ellas, apareció otro muchacho de rojo que también iba armado y con esa expresión de imbécil en la cara.

Nos apuntamos mutuamente. Estaba muy cerca de la salida. No la podía ver, ¡pero lo sabía! Ya no lloraba, estaba decidida. Mis dedos acariciaron los gatillos. Los gritos de dolor, los disparos y los golpes llegaban hasta nuestros oídos. Nuestros respectivos grupos estaban muy lejos como para poder ayudarnos.

El primero que disparase, se llevaría la victoria.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La red de las almas - Capítulo 2

Personalicé a mi personaje (PJ) en un momento. Fue una parte que me gustó, puesto que tenía una gran variedad de opciones entre las que elegir. Sin embargo, al acercar el zoom para poder ver a mi personaje ya terminado, su cara me asusto. No había forma de cambiarla, y tenía una expresión que pugnaba entre la sorpresa y el miedo. Lo achaqué a mi tarjeta gráfica, que quizás era bastante inferior en cuanto a calidad se refiere. Lo dejé estar y entré en el juego tras ponerle un nombre: Mavi.

Había más gente en la entrada, bastantes novatos y recién estrenados como yo. Pronto encontré a un grupo que se ofreció encantada a ayudarme a empezar y a subir de nivel a mi personaje. Los añadí a mi lista de amigos, y enseguida nos unimos a una partida de “Death match”.

Llegamos tarde, por lo que cuando entramos, empezaron a freírnos a tiros. Busqué un lugar donde ponerme a salvo, al igual que hicieron mis compañeros, dispersándonos.

Empecé a detectar fallos del juego durante esta maniobra. Por más que usaba el ratón o las teclas direccionales, mi personaje no se movía. Se quedó quieto, en mitad del fuego cruzado. En un arranqué de frustración, golpeé el teclado con el puño, y entonces conseguí que se moviera. La conduje hasta un grupo de cajas y la metí dentro de una, obligándola a agacharse.

El sonido de los disparos era impecable. Busqué un arma adecuada en mi inventario, decantándome por dos pistolas de diseño futurista, y esperé. Uno de los rivales pasó por delante de la caja donde estaba escondida, sin verme. Era un chico de ropajes rojos. Todos los rivales irían vestidos igual.
Quise dispararle, era la oportunidad perfecta para atacar. Pero de nuevo, mi personaje no quiso moverse. Tanto error no me estaba gustando, y me prometí que en cuanto terminase la partida, echaría un ojo a la configuración para saber que era lo que tanto problema me estaba dando. Recordé como había conseguido mover a mi personaje antes, así que golpeé la tecla de disparo. A la primera, mi personaje disparó, pero se quedó quieto. El enemigo había recibido un tiro por detrás que le había dejado la vida a la mitad, tal y como podía ver en la barra de vida sobre su cabeza, pero no le había matado, y ahora se volvía hacia mi personaje para vengarse. Golpeé y presioné con fuerza la tecla de disparo una y otra vez, pero no conseguía hacerlas funcionar. El rival me estaba apuntando. Era demasiado tarde, y desesperada, dejé caer las dos palmas de las manos sobre el teclado.

Y entonces, mi personaje disparó, añadiéndome una muerte a mi favor al contador.

Me quedé paralizada, en medio de las balas que silbaban a mi alrededor. Podía ver parapetados tras cajas y huecos a los autores del ataque, un grupo de chicos y chicas con trajes muy extraños de color rojo y armas de fuego de muchos calibres. Me quedé sola ante el mar de tiros, sin saber qué hacer y totalmente asustada. ¡Iba a morir allí!

El cuerpo me hizo un ademán como de querer moverse, de querer salir corriendo. Pero estaba paralizada por el terror. Cerré los ojos con fuerza, esperando en cualquier momento el dolor perforante de una bala que encontrase su destino. Sin embargo, mi cuerpo siguió dnado las mismas señales, cada vez con más fuerza e insistencia, hasta que consiguió arrancar sin que yo se lo ordenase. Salí corriendo, casi tropezando con mis propios pies, hacia unas cajas que no quedaban muy lejos.

Mi cuerpo se movía solo. De un salto, me resguardé en el interior de una de las cajas, agachándome. Estaba temblando de pies a cabeza, no entendía nada… ¿Cómo había llegado allí? ¿Cómo saldría viva?

La respuesta a mis preguntas, llegó en forma de dos pistolas que sin saberlo, tenía en las manos. La confusión, el sonido constante de los disparos acercándose cada vez más, me estaba haciendo enloquecer. Miré a todos lados, buscando una salida, alguna forma de escapar.

Antes de encontrar nada, mi cuerpo volvió a moverse. Se incorporó, quedando al descubierto, y descubrí ante mi a uno de los tipos de uniforme rojo. Por suerte, me estaba dando la espalda, y no se había percatado de mi presencia todavía. Mis brazos se levantaron solos y mis pistolas quedaron a la altura de sus omoplatos. Mi siniestro cuerpo quería dispararle. ¡Quería asesinar a ese chico! Intenté resistirme, pero mis dedos tenían más fuerza que mi voluntad. Tras un breve forcejeo conmigo misma, disparé. Vi las balas hundirse en la espalda del joven, que no se inmutó.

Las lágrimas ya brotaban de mis ojos, y en mi mente se acumulaban las acusaciones: había matado a un chico… Había asesinado a alguien…

No tuve tiempo de pensar más. El joven se volvió lentamente hacia mí. Tenía la misma expresión vacía que los chicos que me habían acompañado hasta allí. Bajé un poco la vista, pero no encontré ni herida, ni sangre. Con lo que si me tope, fue con su arma, que me estaba apuntando y estaba dispuesto a disparar.

Si, definitivamente iba a morir allí… Era una idea que terminé por aceptar. Era eso, o asesinar a alguien. Cerré los ojos otra vez, sintiendo mi propio cuerpo independiente. Estaba levantando otra vez los brazos, apuntando al chico a ciegas. No, no quería matarle. ¡No era una asesina!

El chico, no obstante, si lo era. Escuché el repiqueteo metálico del arma a punto de disparar. Y en un acto reflejo, en defensa propia, apreté el gatillo. Al abrir los ojos, vi al chico tirado en el suelo. Mis temblores se redoblaron, mis lágrimas, también. ¿Qué había hecho? Había matado a un joven… Me había convertido en una asesina…

A mis espaldas, escuché un tiro. Me di la vuelta sobresaltada, y me encontré a Lucy, la chica que conocí al llegar, que había dispara a una chica de rojo que se había puesto a mis espaldas sin que me diera cuenta.


- ¿Estás bien, Mavi? –me preguntó -¿Te ha dado?

- ¡Estoy bien! ¡Gracias! –respondí sin que fuera eso lo que quería decirle.

No entendía nada. No podía controlarme. Y ante aquella situación, me abandoné totalmente. Estaba confusa, tenía miedo. Y terminé abandonándome a mi cuerpo. Ya me daba igual seguir viviendo. Aquel era un mundo de pesadilla, y si moría, me libraría de él.

Mi cuerpo no estaba por la labor. Él solo se movía, me llevaba de una punta a otra del escenario y disparaba a todo lo que veía que se movía. Ante mis ojos, y por mis balas, cayeron, uno tras otro, un buen montón de gente de rojo.

De pronto, escuché la misma voz que había anunciado nuestra llegada. Grave, estruendosa, venida de ninguna parte y de todos sitios a la vez, anunciando que nuestro combate había llegado a su fin y habíamos resultado vencedores.

En un visto y no visto, volví a estar de vuelta en la zona en la que empecé, la del pequeño bosque, junto a mis compañeros. Hablaban entre ellos con palabras de entusiasmo, pero sus caras no lo demostraban. Si fueran conscientes del miedo que me daban… Lucy, la chica, se volvió
hacia mi, y con la expresión serena y antinatural de siempre y sin mover la boca, me habló:

- ¡Que combate! ¡Les hemos machacado! ¡Eres muy buena, Mavi! –mi cuerpo se mantenía firme, aunque se me escurrían los lagrimones por la cara y quería encogerme y esconderme lejos, muy lejos -¡Por cierto! Ahora que lo veo. ¡Bonito adorno de cara! -¿se refería a mis lágrimas?

- ¿Qué? –pregunté yo, sin ser yo.

- El adorno que tienes puesto. Son lágrimas falsas. ¿Es un regalo de donación? –intervino Bang-Bang.

- Yo no me he puesto ningún adorno de cara… Qué raro…

- Pues de mi gráfica no es, porque lo vemos todos… -pensó Lucy.

- Chicos –avisó Jhon –, me llaman para comer. ¿Nos vemos luego?

- Yo también tengo que irme a almorzar.

- ¡Y yo! –agregó Lucy.

Los tres se despidieron de mi antes de desaparecer ante mis ojos con un fogonazo.

- Bueno, pues entrenaré sola… -dije a la nada sin pretenderlo.

‹‹Yo no quiero seguir aquí… Quiero salir…›› pensé desesperada sin poder controlar mi cuerpo, que ya empezaba a moverse de nuevo sin mi consentimiento.

El combate terminó rápido. Todos los que participábamos, éramos recién llegados, y tuve suerte con los golpes críticos. La partida terminó en unos minutos, saliendo victorioso mi equipo. Subí un solo nivel, pero bueno, algo era.

Al regresar a la entrada, Lucy, Bang-bang y Jhon se despidieron para ir a comer. Sin equipo, no podía entrar en ninguna partida, así que me puse en marcha para seguir jugando cuanto antes.

Pero en la ventana de mensajes, me llegó un susurro extraño.

Mavi te susurra: Yo no quiero seguir aquí… Quiero salir…

La red de las almas (Proyecto PlayervsPJ) Capítulo 1

Internet se había propagado tanto que había llegado a mi propia casa. Mi padre era el más reticente a la hora de aceptarlo, pero entre mi madre, el tipo que vino a explicarnos la oferta, y yo conseguimos convencerle.

En un principio, mis argumentos eran totalmente ciertos: mis estudios me absorbían tanto, que veía a la red de redes como una herramienta de estudio más. No pensaba instalar en mi ordenador ningún programa de chats o descargas p2p, ni siquiera el famoso programa de mensajería instantánea. ¡Qué cerrada era!

Sin embargo, mi perdición, aquello que me hacía diferente, no iba a tardar en presentarse para hacerme cambiar de idea. Mis viajes a través de páginas con ejemplares de exámenes, ejercicios o explicaciones de diferentes asignaturas me llevaron, de eslabón en eslabón, hasta un pequeño anuncio sobre un videojuego “online”. La curiosidad me pudo, y entré en la página web oficial.

Era el videojuego online más extendido en el mundo. La página y sus llamativas fotos, videos e informaciones me convencieron más que cualquier otro argumento. Fue mi primera descarga, y tuve que dejar el ordenador una noche entera encendido para que le diera tiempo. Una noche sin dormir, por los nervios y el traqueteo de la máquina.

A la mañana siguiente, bien temprano, ya estaba delante del monitor y había iniciado la instalación. Conté los minutos, los segundos, hasta que vi aquel bendito mensaje. El último paso, fue crearme una cuenta para poder jugar y entrar en el juego…


Entre ceros y unos, abrí los ojos. A mi alrededor, debajo de mi, incluso yo, todo era electricidad y datos viajando de un sitio a otro sin detenerse ni un milisegundo. Me di cuenta de que era una consciencia perdida en medio de la nada y el todo…

Me di cuenta de que cada vez estaba más alejada de aquellos datos. De que cobraba forma humana y femenina. La piel creció y me envolvió, blanca como la leche. Me pude mirar las manos, pequeñas y delicadas; los pies, el estómago. ¡Un milagro!

Un mechón de pelo se me vino a la cara. Me lo retiré, algo molesta, pero entonces me fijé mejor. ¡Tenía pelo! Una larga melena oscura y lisa. Y cuando retiré la vista, sin saber cómo, estaba vestida con un vestido corto con mangas largas y acampanadas, de color violeta. A mi cabeza, en un pensamiento fugaz inducido, llegó mi nombre: Mavi.

Al volver la vista a mi alrededor, el paisaje había cambiado completamente: los árboles crecieron de la nada;, el suelo se cubrió de hierba y barro; el cielo se generó, azul y limpio.

No estaba sola. Había más gente, variopinta y con modernos vestidos y trajes. Hablaban entre ellos o corrían hasta perderse de vista. Se movían bastante bien por allí, como si conocieran el lugar. Sin embargo, no sabía si debía acercarme, o no. Estaba muy desconcertada ante tanto cambio repentino. Pero mi cuerpo empezó a moverse solo hacia uno de aquellos animados grupos.

- ¡Hola! ¿Hacemos party? –surgió de mi boca si que yo lo ordenase. ¿Qué estaba pasando?

- ¿Acabas de llegar? –me preguntó la única chica que formaba el grupo, vestida con una túnica y un sombrero de pico –Si quieres, te ayudamos a subir nivel.

- ¿Por qué no? ¡Será divertido! ¡Cuanta más gente en el equipo, a más gente venceremos! –exclamó un entusiasmado muchacho calvo y con el pecho descubierto.

- ¿Te importa si te agregamos a nuestra lista de amigos antes de entrar en el juego? –intervino el último chico, un joven con una larga melena rubia y ropas de cuero.

- ¡Claro! –de nuevo hablaba sin quererlo. Se hizo el silencio mientras en mi mente tomaba consciencia repentinamente de que esos tres chicos ahora eran mis amigos: Lucy, Bang-bang y Jhon.

Los tres chicos mantenían siempre la misma expresión en la cara, fría y serena. Cada vez me sentía más asustada, y quería llorar, pero no podía. Lucy, la chica, me tomó de la mano y tiró de mi, echando todos a correr en dirección a los árboles. Con un fogonazo que me cegó, aparecimos en otro lugar muy distinto.


Seguíamos en el exterior. Era de día, el cielo seguía sin una sola nube, pero unas paredes semitransparentes marcaban el final del terreno donde estábamos. Ante nosotros, teníamos un almacén abierto, ante la puerta del cual había varias cajas y mallas metálicas. Frente al mismo, salvado por unas placas de metal, se extendía un pequeño canal de barro y agua estancada que salía de una enorme tubería hasta otra. Me sorprendió que no hubiera olores, pero tampoco tuve tiempo de pararme a pensarlo.

Una voz grave anunció que la batalla había comenzado. Y antes de que me diera cuenta, me hallé en medio de un tiroteo…

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Nota de los autores: Aunque se haya dado a conocer este proyecto como "Player vs PJ", el nombre definitivo será a partir de hoy: "La red de almas".

Bienvenidos ^^

Muy buenas a tod@s. ^^ Bienvenid@s al blog oficial del Yay team.

Muchos seguramente habeis llegado hasta aquí siguiendo alguno de nuestros perfiles, así que ya sabreis que somos una pareja que nos encanta escribir y que tenemos varios proyectos abiertos, entre ellos, Crónicas del Caos.

Los que hayais llegado a raiz de alguna busqueda, o por simple casualidad, os comentamos de qué va la cosa:

Lo que empezó como un sueño que transcribí y convertí en novela (Crónicas del Caos) atrajó la atención de Kraric, que compartía conmigo el gusto por la literatura y la escritura. La idea le entusiasmó tanto que pasó a formar parte de ella, uniendose al proyecto. A partir de ahí, nos hicimos socios. A nuestra unión le asignamos el nombre de: "Yay team".

Ahora en este, nuestro blog, nos turnaremos para colgar los proyectos en los que trabajamos juntos -ya que por separado, también tenemos nuestros blogs (historiasdelcaos.blogspot.com y ellamentodelsilencio.blogspot.com)-, ya que es algo lioso para nuestros lectores ir turnando de página en página en busca del capítulo pérdido.

Para la gente fan de nuestros anteriores blogs e historias independientes, no os preocupeis, porque seguiremos actualizando en cuanto tengamos tiempo.

Pues por ahora, lo dejamos ahí. El proyecto con el que iniciaremos este nuevo blog será el Proyecto Player vs PJ, cuyos dos primeros capitulos se ofrecieron en primicia en el blog "Historias del caos.blogspot.com", y que a partir de este momento, se publicará aquí integra y exclusivamente. Y no solo eso, posiblemente ocurra lo mismo con Crónicas del Caos, aunque aún es pronto para decirlo.

Esperamos que disfruteis con este blog y sus lecturas tanto como nosotros disfrutamos creandolas y plasmandolas. Un saludo.