
La locura de Brunoi era imparable. En su estado, sus instintos más básicos eran los más oscuros. En su ojos no quedaba humanidad, pero si una sed de sangre que le instaba a moverse. Atravesaba el fuego con total impunidad, y sus puños y pies golpeaban todo lo que se le ponía por delante.
Ashley, mejor preparada que Hyassa para semejante situación, corrió hacia el gigantón ruso. Brunoi la vio llegar, y le lanzó un puñetazo que ella esquivó agachándose y le pasó rozando, haciendo revolotear sus rizos aplastados por la sangre. La pequeña se enganchó al corpachón del seminmortal, sujetándose férreamente a él. Brunoi se movía de un lado a otro dando bandazos, y la pobre chica parecía estar a punto de salir volando y atravesar la pared en cada uno de ellos. Sin embargo, se asió bien a él y aguantó, haciendo fuerza para desviar sus golpes hacia el aire, donde no podía hacer daño a nadie ni a él mismo.
Hyassa lo contemplaba todo, pensando que podía hacer para poder controlarle. Supuso que se trataba al bastardo que habían ido a buscar: había sumido a Brunoi en una de sus ilusiones y por eso actuaba así. Estaba intentando defenderse de esas ilusiones, se convenció a si misma.
Decidida a actuar, Hyassa renqueó un poco, tragándose el dolor, hasta que consiguió arrancar en una carrera y saltar por encima de Brunoi. Éste seguía atacando a la nada, mordiendo, arañando, golpeando, estrujando al aire. Antes vio como estuvo a punto de golpear a Ashley, pero a ella ni si quiera hizo el ademán. ¿Era consciente de que estaban ahí?
Aquella observación casi le costó la vida a Hyassa cuando, desde detrás, una bola de llamas salió disparada en su dirección. Fue Ashley la que con un grito la advirtió, y tuvo tiempo apartarse de la trayectoria, estrellándose el proyectil contra Brunoi. Su chaqueta salió ardiendo, y Ashley pugnó por arrancársela sin caer de aquella bestia que actuaba como si estuviera acorralada y a las puertas de la muerte. Al final lo consiguió, pero cayó al suelo y el ruso pasó por encima de ella haciéndola notar todo su peso.
Hyassa no prestó atención a ese último movimiento. Había descubierto al culpable del estado de Brunoi: el seminmortal que buscaban estaba allí, riéndose ante su cara, apoyado contra la pared como si lo que allí estaba pasando no fuera a afectarle.
Brunoi, ahora que no tenía a Ashley encima para que desviara sus puñetazos, había abierto varios agujeros en las paredes, maldiciendo en ruso y riéndose como un loco. Ashley se levantó, se frotó los pantalones y volvió a la carga, esta vez, tratando de derribarle. Entre los dos seminmortales se abrió una pelea en la que uno lanzaba puñetazos por doquier cargados con tremenda fuerza y la otra los esquivaba e intentaba devolvérselos de tal forma que quedase inconsciente.
La luz que ahora iluminaba la estancia permitía a Hyassa examinar a su enemigo, además de total libertad para usar su don único. El seminmortal no era muy agraciado, tenía el rostro lleno de espinillas y el cabello corto, pero con un flequillo largo y repeinado que le caía solo encima de un ojo. Llevaba ropas negras, ajustadas, y algunas pulseras de pinchos. Tenía una profunda mirada azulada, aunque triste y llena de falsa melancolía, y sonreía sin parar, enseñando unos dientes perfectos y blancos.
Aunque las preguntas bullían en la cabeza de Hyassa, no hizo ninguna. Cerró el puño, levantando y juntando dos dedos que se llevó a la boca. En completo silencio, y ajena a los otros dos, Hyassa se esfumó de repente como si nunca hubiera estado allí. Apareció al lado del chico, con las agujas preparadas. Pero el chico ya no era el chico, sino otro Brunoi que la miró directamente a los ojos. Su confusión la hizo parar durante medio segundo, un error que no era propio de ella. La copia de Brunoi la golpeó de lleno y la tiró al suelo. Era fuerte, pero no tanto como el verdadero.
Un pie se posó sobre su pecho cuando quiso levantarse, y al mirar arriba vio al chico de las pulseras de pinchos de nuevo. Éste no la miraba a ella, sino en dirección a Brunoi y Ashley. Hyassa aprovechó su despiste para clavarle las agujas en el tobillo, y al hacerlo, el individuo se desvaneció como si nunca hubiera existido. Otra ilusión. Se incorporó de un salto y buscó a su enemigo. No le encontró muy lejos: estaba pasando junto a Brunoi y Ashley, que seguían peleando a muerte. Ashley se había llevado más golpes que Brunoi porque no quería hacerle daño. El joven ruso intentaba apartarla a manotazos para seguir enfrentándose a su enemigo invisible y más de una vez, consiguió lanzar a la pequeña Ashley por los aires, pero ésta enseguida regresaba para seguir entreteniéndole e intentando devolverle a la realidad. El corro de fuego había desaparecido ya, en cuanto el joven quiso atravesarlo. Al llegar a un hueco en la pared que llevaba a otra estancia, el joven se volvió y sonrió a Hyassa con un gesto de superioridad.
La sonrisa se borró de un plumazo cuando una cuchilla se clavó en quicio del muro, pasando la hoja rozando sus ojos. Al girar la cabeza para ver quién había sido, una salva de disparos abrió fuego. El chico se encogió y volvió a entrar en la habitación para ponerse a cubierto, esquivando los puñetazos de Dimitri y Ashley. Sin embargo, una masa desconocida entró a gran velocidad y, cogiéndole el rostro, le arrastró consigo hasta la pared de enfrente, tirándole contra ella. Sus huesos crujieron, y Nicole se apartó a toda prisa lista para embestir de nuevo. No obstante, tuvo que quitarse de ahí cuando Dimitri, al verla, apartó a Ashley de un puñetazo y se dirigió hacia ella dispuesto a matarla. Podía verse en sus ojos. Nicole correteó por la habitación escapando de sus manazas, mientras Ashley se recuperaba del último golpe, que la había dejado sin respiración en el suelo y con parte de la ropa quemada.
El seminmortal de los pinchos ya no se reía tanto. Nicole le había hecho daño, y no se lo esperaba. Se incorporó y se limpió la sangre con el dorso de la mano. Luego, se la quedó mirando. Hyassa lanzó sus agujas contra él, a la par que Dimitri, desde el agujero por el que entró Nicole, usaba dos revólveres para dispararle. Sus balas le dieron en las rodillas, y las agujas de Hyassa, en los brazos. El chico aulló de dolor y cayó al suelo como un peso muerto. Pero alzó la cabeza dispuesto a usar su poder una vez más, hasta que la misma cuchilla que le había sorprendido antes se clavó en el suelo, con la hoja cortando su nariz. A su altura, vio unas botas acercándose, paseándose por aquel caos, ignorándolo. Al llegar a él, apoyó su mano en la empuñadura y se agachó.
El seminmortal, al verla, se le atragantaron las lágrimas de puro terror. No la había visto antes en persona, pero había escuchado cosas, rumores y verdades que convertían a aquella chica de ojos verdes y cabello negro y largo en un auténtico mito viviente.
- Querido imbécil –dijo Veran arrancando la cuchilla del suelo sin importarle que la hoja volviera a cortar su piel –si no paras esto, te mato aquí mismo. A la organización le da igual como te lleve, pero creo que a ti te interesa más seguir vivo, ¿no?
- No puedo… -tartamudeó. Había perdido la sensibilidad de todo su cuerpo. Ni siquiera sabía si podía regenerarlo.
- ¿Cómo que no puedes? –Veran arqueó una ceja -. Haz que ese seminmortal –señaló a Brunoi –deje de tener tus visiones.
- ¡Las corté en cuanto entraron las dos chicas! –Veran se incorporó y le puso el pie sobre la sien -¡Lo juro! –la muchacha pisó con fuerza, haciendo que el rostro del seminmortal quedase aplastado contra el suelo, impidiéndole respirar -¡Lo juro! –insistió como pudo.
Mientras Veran le interrogaba, el combate contra Brunoi continuaba. Ya no eran solo Ashley y Nicole las implicadas. Dimitri había tenido que interceder al ver como Brunoi le dio una patada a Ashley en el estómago que casi la deja inconsciente. Hyassa aparecía y desaparecía para atraer la atención del desembocado Brunoi inútilmente (a ella ni la miraba), y Nicole intentaba despertarle lanzándole cualquier cosa que encontraba por el suelo, con tal de no hacerle daño.
Con solo una voz, con solo un grito y una orden en ruso de Dimitri, Brunoi se olvidó del resto del mundo y volvió su atención a él. De su nariz escapaban nubecillas de vaho a presión. Se quedó quieto, en una postura de difícil equilibrio, a punto de darle un nuevo golpe a Ashley. En la sala se hizo el silencio, solo roto por las respiraciones alteradas de los agentes y las gotas de sangre cayendo de sus heridas. Veran le hizo una seña a Hyassa para que recogiera al detenido y se acercó a Brunoi por detrás un par de pasos.
- Brunoi, la misión ha terminado –anunció guardándo su cuchilla en la funda bajo el abrigo.
- Volvamos a casa, Brunoi. Ya ha pasado todo –Dimitri le tendió la mano.
En los ojos de Brunoi pasó una sombra de duda y toda la humanidad que había perdido en el transcurso de la pelea regresó con toda su intensidad. Dos enormes lagrimones se abrieron paso hasta impregnar el suelo. Como si acabara de despertar, viendo el desastre que había causado, y sus lágrimas se convirtieron en llanto, cruel y amargado, oculto bajo sus manazas. Se dejó caer de rodillas al suelo ante el asombro de todos, sumido en la pena. Empezó a pedir disculpas una y otra vez, hasta que Dimitri se acercó y le ayudó a levantarse. Cuchichearon algo en su idioma natal, y ambos se fueron los primeros. Los llantos de Brunoi se escucharon levantando ecos hasta que salieron a la calle Hyassa los siguió llevando casi a rastras al seminmortal que habían ido a buscar, y que se había quedado inconsciente.
- ¿Estáis bien? –preguntó Veran a Nicole y Ashley.
- Si –respondió Nicole.
Ashley no abrió la boca. Estaba más entretenida limpiándose la sangre. Veran insistió:
- Ashley, ¿estás bien?
Ashley le dio la espalda y siguió al resto del grupo. Veran meneó la cabeza en señal de desaprobación.
* * *
Día 12 de Diciembre
Informe Operación Caza de Fobos por parte del comando Alas Negras.
Después de que nuestros equipos menores de captura consiguieran reducir el campo de actuación y localizar el piso franco del seminmortal criminal Fobos, se envía al equipo para llevar a cabo su detención. La actuación comienza a las 00:00 y finaliza a las 00:59.
Tras dividirse, algunos miembros del grupo caen presa del don de Fobos, siendo el más afectado el seminmortal Brunoi, que ataca a sus propios compañeros. El equipo consigue controlar la situación y detiene con vida a Fobos, aunque tras el examen médico, ha quedado paralizado de por vida debido a un extraño veneno de actuación rápida y sin antídoto conocido. Los miembros del equipo: Ashley, Hyassa y Nicole presentan heridas leves y algunas contusiones de escasa gravedad.
En cuanto al agente Brunoi, se le someterá a examen psicológico y posterior tratamiento para descubrir las causas de su descontrol, mas luego su superior Veran se encargará de decidir si es apto de continuar formando parte del equipo.
Fin del documento.



