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domingo, 28 de febrero de 2010

Misiones anuladas hasta nuevo aviso (II parte)


La chica seguía en estado de shock incluso después de atravesar la puerta de la casa de Dimitri y los suyos. Pensando en el bien de la comandante, Dimitri la alejó lo máximo posible de aquella residencia. Tomaron un autobús para llegar a una solitaria urbanización a las afueras, donde la mayor parte de los edificios estaban aún en construcción. Solo uno estaba en pie, terminado y habiendo sufrido algunas reformas. Era un chalé bien cuidado, y cubierto de forma invisible por un aura caótica que lo hacía pasar desapercibido a ojos mortales.

Dimitri tuvo que guiar a Veran como quién guía a una persona ciega y con cierto retraso mental: tenía los ojos muy abiertos, y murmuraba cosas en voz tan baja que eran imperceptibles incluso a oídos del seminmortal. Verla así le hacia algo de gracia, pero lo disimuló bien. Él conocía de antes a Brunoi, sabía que tenía un gran corazón y que, en su tiempo libre, daba buen uso de él. Veran, en cambio, había recibido un mazazo. Como todos, se había formulado las expectativas equivocadas. Era una recién llegada a un grupo que antes estaba unido y cerrado al resto del mundo. Quizás se había acostumbrado pronto a la personalidad neutra y disciplinada que mostraban las pocas veces que se reunían en torno a ella, siempre a la hora de cumplir una misión.

Dimitri condujo a Veran al interior. Al escuchar el suave portazo a sus espaldas recuperó un poco la cordura:

- ¿Dónde…?

- Es nuestra casa. ¿Quieres tomar algo? –se ofreció el chico.

Veran se masajeó las sienes, encajándose en la realidad poco a poco y con esfuerzo. Intentaba borrar, con ese movimiento la imagen que se le había quedado grabada a fuego en la mente: un Brunoi disfrazado de… y rodeado de…

- Un vaso de agua estará bien. Tengo el estómago revuelto.

- Te lo subo enseguida. ¿Por qué no vas a explorar esto mientras? Es la primera vez que entras aquí –Dimitri le dio un par de palmaditas en la espalda y se dirigió a la cocina haciendo oídos sordos a las vagas quejas de su compañera.

Veran suspiró y obedeció. Cualquier cosa para olvidar aquellas malditas imágenes. Evitó seguir a Dimitri, y se dirigió a la salida contraria del pasillo, hacia las escaleras. Pasó por delante de un amplio salón comedor, pulcro, ordenado y decorado con cuadros de bodegones que despertaron su apetito. Subió al primer piso.

Un corredor en forma de U separaba los dormitorios unos de otros. Quiso entrar en alguno de ellos, pero detuvo su mano a centímetros del picaporte. Era una extraña allí. No debería mirar en las habitaciones de los demás.

Aunque lo que realmente pensaba y temía era que la primera puerta que abriera fuera la habitación de Brunoi o Ashley, llenas de instrumentos, disfraces o, en su defecto, peluches y muebles de color de rosa. Algo totalmente contrario a la imagen que antes tenía de ellos.

- ¡¡Mierda!! ¡Si estoy a nivel 5! –se escuchó gritar a Hyassa no muy lejos de donde ella se encontraba.

Movida por la curiosidad, buscó el origen del grito. Encontró una puerta entreabierta por la que echó un ojo y vio a Hyassa, de espaldas, enfrascada en algo que la ponía nerviosa y la hacía dar golpecitos en el suelo con el pie. Veran llamó a la puerta antes de entrar.

- ¿A qué vienen esos gritos?

Las palabras se quedaron congeladas en su garganta. Hyassa, al escuchar la llamada, se había dado la vuelta sin pensar que pudiera ser ella. Las dos se miraron con los ojos muy abiertos, estudiándose la una a la otra. La mirada de Veran se dirigió irremediablemente hacia la consola portátil que Hyassa tenía en las manos: la misma que la que tenía ella en casa. Volvió a comprobar que se trataba de Hyassa: la chica de piel morena, misteriosa, parca en palabras y que era capaz de desaparecer y viajar a la velocidad de la luz estaba jugando a una videoconsola. A Hyassa le impactó su presencia allí. Nadie ajeno al grupo había entrado en su escondite… La tensión cargaba el ambiente. Veran tragó saliva, y el ruido provocó ecos por toda la estancia. Dio un par de pasos, acercándose a Hyassa. La rodeó y se puso detrás de ella. Hyassa podía sentir su respiración acercándose a su cuello, su cabeza asomó por encima de su hombro. Se quedó mirando fijamente la pantalla. Y entonces dijo:

- ¿Cómo te has conseguido ese equipamiento? Yo también tengo ese Dragon Quest y no he conseguido una armadura en condiciones todavía…

Hyassa expulsó del tirón todo el aire que había estado conteniendo. Se esperaba una bronca. Incluso alguna burla. Después de todo, iba con ropa de andar por casa: unos pantalones cortos y una camisa de manga corta atada justo por encima del ombligo, con algo de escote. Que Veran, al verla así y jugando a una videoconsola no le hubiera dicho nada hiriente, se le antojaba o un milagro o una ida de olla. Algo de la incomodidad que sintió cuando la vio entrar se esfumó. Incluso llegó a esbozar una tímida sonrisa.

- Me he enganchado un poco…

- Yo también voy por esa mazmorra. Sin embargo, con el poco tiempo que tengo no he conseguido encontrar ni la mitad de los tesoros.

Las dos se sentaron en la cama, discutiendo sobre el tema. A las dos se les olvidó totalmente sus propias identidades y la relación existente entre ellas, totalmente absortas. Ni siquiera Dimitri pudo despertarlas cuando se asomó para llevarle el vaso de agua a Veran y algo para picar. En un principio se asustó: ya creía que Veran estaría otra vez aturdida. Se marchó sin decir nada, para evitar romper el afable ambiente que reinaba de pronto entre ambas. Y todo por un videojuego…

Veran se quedó a comer. El mismo Dimitri se encargó de cocinar, y, con la excusa de no molestarlas, les subió la comida a cada una. Todo transcurrió con una relativa y asombrosa tranquilidad hasta que, a media tarde, empezaron a oírse golpes consecutivos y muy rápidos procedentes de la habitación de al lado.

Al principio no le dieron importancia. Las dos chicas continuaron jugando. Los golpes cesaron y volvieron a repetirse. Hacían lo mismo una y otra vez. Llegó un momento en el que ni Hyassa ni Veran pudieron más. Se levantaron y fueron a ver que estaba pasando. Hyassa le explicó que se trataba del dormitorio de Nicole, y que no sabía si se había marchado como los otros o seguía por casa. Veran tragó saliva y se preparó para otra sorpresa más. Por su mente pasaron disfraces, enrevesadas situaciones en las que Nicole podía estar metida. De Nicole, sin embargo, se esperaba cualquier cosa: era la fémina del grupo más simpática y abierta. Cuando Veran se irguió como comandante, Nicole fue la primera en felicitarla y siempre se ofrecía a lo que hiciera falta. También sabía cuando quitarse de en medio, por eso, era la que más le agradaba a Veran, después de Dimitri.

Aquella vez, la puerta estaba cerrada, pero se oía la vocecilla de la chica dentro. Los golpes también habían parado. Hyassa se llevó un dedo a los labios, y sin hacer ruido, entreabierto la puerta muy lentamente, dejando un resquicio por el que ambas seminmortales pudieran discernir el interior.

Era un dormitorio bastante recatado. Junto a la cama con dosel, en lugar de mesilla de noche, Nicole tenía un tocador con espejo. Ella iba vestida de forma amenazadora: con un gabán abierto, las manos en los bolsillos de los vaqueros y una camiseta con un violento mensaje escrito en letras ensangrentadas. Pudieron llegar a distinguirle la expresión: agria, con los ojos entrecerrados y los labios formando una delgada línea. Todo a juego, también, con su pose. No auguraba nada bueno…

- ¡¿Qué me estás mirando?! –dijo con la voz totalmente cambiada, haciéndola ronca y profunda -¿Quieres que te meta? ¿Ah? ¡Te voy a dar una paliza que…!

Se detuvo a mitad de frase, cuando ya tenía la mano alzada sobre su cabeza, dispuesta a destrozar el espejo. Se quedó ahí parada, con un tic en los labios. La expresión amenazadora se deshizo y se convirtió en una mueca acercándose al llanto. Empezó a dar vueltas por la habitación, haciendo uso de su don y aumentando la velocidad a cada revolución. Su chillido, desesperado, se ahogó, pero las dos chicas forzaron sus oídos para entenderlo antes de que se apagara:

- ¡¡No puedo hacerlo!! ¡¡No puedo hacerlo!! ¡¡Yo no soy así!!

Hyassa miró a Veran. Ésta ya le había contado lo que le había ocurrido con Brunoi y Ashley, y temió que lo de Nicole fuera la gota que colmó el vaso. Sin embargo, la encontró luchando por no reírse, aunque apenas lo conseguía. A Hyassa se le contagió.

Nicole se detuvo en seco cuando a sus oídos llegó el sonido de las carcajadas. Medio llorando, salió al pasillo y se encontró a Veran y Hyassa riéndose a mandíbula batiente. Se sonrojó, sabiéndose descubierta. Medio enfadada, medio contagiada por la risa, no supo que decir. Veran fue la que, haciendo acopio de fuerzas y apoyada contra la pared, se acercó a ella y le puso la mano en el hombro.

- Nicole, si quieres dar miedo, solo tienes que disfrazarte de tuno y abrazar a un peluche gigante mientras juegas a la consola… -volvió a echarse a reír. La situación era bastante absurda.

Hyassa, que consiguió recuperar el aplomo, le explicó a Nicole lo que le había sucedido a Veran y lo que había descubierto. Recuperadas todas, Dimitri hizo acto de presencia para comunicarles que Brunoi y Ashley ya habían vuelto, y que la cena estaba lista. Veran hizo el ademán de marcharse, pero Dimitri y Nicole la cogieron por ambos brazos y la obligaron a quedarse. Ella no se resistió. Se había olvidado, de pronto, de todas las penurias que pudieran pasársele por la cabeza y en su lugar se dio cuenta de que se estaba divirtiendo, y no lo estaba haciendo sola. Algo así no le había ocurrida antes… y sintió la necesidad de seguir allí con ellos.

La cena también fue bastante movida. Dimitri le cuchicheó a Veran que fingiera que seguía sin saber nada de las intimidades de los miembros de Alas Negras, pero aún así, su presencia fue motivo de sospecha. Al menos, por parte de Ashley, que era reticente a tratar con ella y le lanzó un par de pullas a lo largo de la comida. El resto de miembros estaban muy animados al ser la primera vez que tenían una invitada. Hubo chistes, bromas y charlas en un ambiente tan distendido que incluso Veran se atrevió a participar.

Al terminar el postre, Dimitri sacó las bebidas. El chico se levantó para anunciar algo antes de que empezaran a beber:

- Señores y señoritas, tengo algo que anunciaros –se inclinó en dirección a Veran, provocando así que las atenciones de los presentes cayeras sobre ella -. Esta tarde he recibido una llamada de Lady Mégara. He de admitirlo y disculparme por habéroslo ocultado tanto tiempo –Dimitri hizo un gesto dramático -: en cuanto Alas Negras se completó, he estado mandando solicitudes a la organización y por fin las han aceptado: ¡a partir de la semana que viene, nuestra comandante Veran vivirá con nosotros!

Todos aplaudieron excepto Veran, que casi se atragantó. Tiró de Dimitri hacía ella:

- ¡¿Se puede saber qué estás diciendo?! –le susurró ella con tono amenazante, aprovechando que el resto del grupo estaban distraídos discutiendo entre ellos la noticia -. Yo ya había pedido la reubicación antes, pero no era para venirme aquí con vosotros. ¡Sigo siendo una…!

- ¿Una extraña, ibas a decir? –completó Dimitri con una sonrisa de oreja a oreja -. ¿Sigues opinando lo mismo después del día de hoy?

Veran guardó silencio, desarmada. Dimitri le guiñó un ojo con picardía y ofició el brindis, en el que Veran participó guardándose para sus adentros su verdadera opinión al respecto. Sus ojos se pasearon por las cabezas de todos los presentes. No era que la idea de vivir con ellos no el gustase, pero su petición de reubicación iba por otros derroteros. Anotoó en su mente que, al día siguiente, tenía que ver a Kadok para comentarle las nuevas. No le iba a hacer mucha gracia, pero ya encontrarían alguna solución.

En aquellos momentos se le pasó un solo pensamiento por su cabeza: fugaz y a la vez permanente, que nunca antes había tenido con tanta fuerza: quería estar con los suyos.


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Dedicado a: Jose (que ya te vale. ¡Quiero un aumento de salario! ¡Un 50% más de besos, amor y cariño! ^^) y a Andreu Romero (http://inenarrables.blogspot.com), ilustrador oficial en particular y grande en general ;)


viernes, 12 de febrero de 2010

Misiones anuladas hasta nuevo aviso (I parte)


Buenas, señoras y señores. Lamentamos la tardanza de este nuevo capitulo, retrasado debido a la temporada de exámenes de febrero de la facultad. Pero ya tenéis aquí la primera parte.

También os dejamos la nueva ilustración realizada por Andreu Romero, nuestro ilustrador oficial (que arte tiene, ¿eh? ^^) de Hyassa, miembro de Alas Negras. Esperemos que os guste (http://inenarrables.blogspot.com es su blog, con muchas ilustraciones y dibujos, además de una buena historia original llamada "Los basureros", así como otros escritos igual de buenos realizados por nuestro amigo ^^) tanto como a nosotros. Estos tres capítulos, Andreu, van por ti ^^. Un saludo, y nos os hago esperar más.

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El anunció del regreso de las Hermandades se hizo público enseguida, y la actividad de la organización se rebajó a los mínimos e imprescindibles. La sede de la organización sufrió una deserción en masa, retomando el velo de secretismo ante los mortales por temor a la amenaza que suponía la existencia de miembros de alguna hermandad por las cercanías. Incluso algunos inmortales habían abandonado sus despachos hasta algún aviso de suprema urgencia, lo único que los haría regresar, no sin cierto temor, a su trabajo.

Y todo esto, en menos de dos días.

Solo quedaron los de siempre: Lord Heraclio, que no pensaba moverse sin localizar antes a todos y cada uno de sus agentes de exorcismos y avisarles; Lady Mégara, que hacía lo propio con los suyos; Lady Flora, que seguiría atendiendo en la planta hospital de la Orden; los guardianes de la prisión, que seguían vigilando a los escasos presos; y Veran.

Ésta última miraba con asco al mensajero de Lady Mégara que había acudido a su despacho –que aún ni se creía que lo tuviera –para regalarle a sus oídos más malas noticias.

- ¿Estamos en guerra – dijo Veran después de dejar pasar unos tensos segundos de silencio -, y mandan al único grupo con preparación para hacer frente a esta amenaza a descansar hasta nuevo aviso?

El tono parsimonio hizo temblar al seminmortal mensajero, enjuto y de baja estatura, como una hoja. Veran bajó los pies de la mesa y dejó escapar un suspiro, apoyando la mejilla en el puño.

- ¿Y encima pretendéis minar la confianza de mi equipo? ¡No puedo creer que aún os acordéis de lo que pasó en la misión “Phobos”! –se encogió de hombros -¡Fue un accidente! Todos los agentes los sufren algún día…

- Es lo que me han dicho… -se excusó el seminmortal -. ¿Ha decidido quién evaluará al agente Brunoi?

- ¡Y encima tengo que contratar a alguien de fuera! ¿Es que no confían ni en sus propios compañeros…?

- Sobre eso… -el mensajero dudó si realmente sería bueno comentar aquel mensaje. Pero era su trabajo -. Lady Mégara ha dicho que no. Confiarle esta tarea es lo mismo que no pedirle nada. No realizaría ningún informe, ni le examinaría siquiera… -la voz se le rompió por miedo cuando Veran el lanzó una mirada congelada y se levantó de pronto dando un golpe en la mesa que le hizo encogerse.

- ¡Es que no tengo que examinar a nadie! ¡Todos los miembros de Alas Negras son competentes y no necesitan visitar a ningún psicólogo!

Una sombra se apartó de la pared. Una sombra con una sonrisa blanca y apaciguadora que se acercó a ella y le dieron un par de palmaditas en la espalda. Dimitri se dirigió al mensajero, que quería desaparecer:

- ¿Solo necesitan un estudio, no?

- Si, señor.

Veran se sentó, refunfuñando por lo bajo.

- Pues nos encargaremos nosotros, que para eso somos sus superiores. Vuelve con Lady Mégara y dile que tendrá su informe el lunes a primera hora –Veran le miró escandalizada –. Y en cuanto al descanso, nos vendrá bien a todos. Dale las gracias de nuestra parte.

- ¡Si señor!

El mensajero se marchó lo más rápido que pudo, cerrando la puerta del despacho tras él. Esperaron a que sus pasos se alejaran por el pasillo antes de empezar a discutir:

- ¡¿Se puede saber en qué estas pensando?! –le grito Veran a Dimitri -. ¡Es viernes! Quieren que un profesional espíe las intimidades de Brunoi y un informe detallado de sus conclusiones. ¿Dónde vamos a encontrar a alguien así en un fin de semana y con los tiempos que corren?

Dimitri arqueó una ceja, pero no dejaba de sonreír. Eso a Veran le reventaba: daba la sensación de que Dimitri sabía algo que ella no. Él lo sabía, y lo leyó en su cara. Optó por contárselo antes de que le echase a patadas de allí:

- Nosotros somos profesionales, ¿no? Podríamos examinarle nosotros…

- Perdona, pero yo tengo cosas que hacer este fin de semana más importantes y entretenidas que ponerme a hacer informes…

- Ya… -una fugaz sombra tapó el rostro de Dimitri, pero desapareció antes de que Veran se diera cuenta -. Me encargaré yo del informe. Pero lo evaluaremos los dos.

- ¿Y cómo piensas evaluarlo sin que se crea que los que desconfiamos de él somos nosotros?

La enigmática sonrisa de Dimitri le puso los pelos de punta a Veran.

- ¿Te apetece que mañana comamos juntos?

* * *

Hacía un día precioso, sin rastro del plomizo cielo de los días anteriores. Un embriagador aroma a flores inundaba el ambiente e invitada a pasear a niños y mayores, fuera la hora que fuera. Las cafeterías estaban a rebosar, y Dimitri consiguió hacerse sitio en una tranquila terraza, saboreando con total tranquilidad el mejor café que había probado nunca, contagiado por el optimismo del día.

Veran se hizo esperar, y cuando por fin apareció, seguía tan entusiasmada por la idea como el día anterior. Pero al menos, se había arreglado un poco: una falda corta y negra y camisa de botones a juego, con unos mitones del mismo color y el pelo recogido en una coleta. El ruido de las pisadas de sus botas se hacía audible en kilómetros a la redonda, y la expresión de su rostro dejaba entrever que a ella no se le contagiaba la alegría del ambiente, pero no llamaba demasiado la atención de la gente: una gótica más. Al llegar a Dimitri, su pálido gesto se cubrió con un poco de rubor.

- Tengo algo de prisa, ¿sabes? –se puso brazos en jarras, tapándole la luz del sol a Dimitri.

- ¡Relájate y disfruta del primero de tus días libres, Veran! –Dimitri se estiró en el asiento, con los brazos cruzados tras la nuca -. Por cierto: la indumentaria de hoy de pega. ¿Solías vestir así antes de liderarnos? –dijo sin asomo de burla.

- Un comentario al respecto y serás degradado a criado –el sonrojo aumento. Veran miró a todos lados, ahuyentando las miradas de los curiosos cuya atención había sido atraída por su torrente de voz -. ¡Venga!

Dimitri, que ya había pagado la cuenta mucho antes de que ella llegase, tuvo el detalle de invitarla a tomar algo que antes, cosa que ella rechazó. Comenzaron el paseo.

- ¿Y bien? ¿A dónde tenemos que ir primero?

Dimitri sacó del bolsillo de su chaqueta un diminuto cuaderno con varias anotaciones a lo largo de las páginas que pasaba, hasta que se contentó con una en particular.

- “La casa de las mariposas”. No queda lejos.

Veran creyó no haberle oído bien. Dimitri echó a andar.

- ¿”La casa…” de qué? Suena a antro… ya sabes… -se puso a su altura, mirándole con desconfianza.

- Ya lo verás cuando lleguemos –respondió Dimitri con tono alegre. A Veran se le pusieron los pelos como escarpias.

Dimitri disfrutaba de la caminata, no así para la comandante, que se dejaba guiar con cierta reticencia y mirando a todas partes. Su segundo intentaba animarla con charlas triviales que nada tenían que ver con el asunto que tanto la preocupaba, y a las que Veran asistía con más de un suspiro y respuestas evasivas.

Llegaron a una zona bastante alejada del centro, donde los paseantes estaban motorizados: coches y amplias carreteras a cuyos lados se extendían gimnasios y algunos supermercados y almacenes, separados de la calzada por unas macetas de arbustos y pequeños árboles raquíticos. Veran se chocó con Dimitri al llegar a cierto punto, que se había detenido en seco sin previo aviso. Se dispuso a echarle la bronca, pero él fue más rápido: le tapó la boca con la mano y la obligó a agazaparse detrás de uno de tantos arbustos, escrutando la acera opuesta. Veran se deshizo de su agarre y le recriminó:

- ¡¿Se puede saber qué estás haciendo?!

Dimitri se llevó un dedo a los labios, sin apartar la vista de allí.

- No dejes que te oiga

- ¿Qué me oiga quién? –Veran siguió su mirada.

Al otro lado de la calle había un gimnasio con nombre de titán. A través de una enorme cristalera que cubría su fachada, se podía ver a un grupo de culturistas llevando a cabo sus diferentes entrenamientos. Nadie más parecía atraído por aquella visión, excepto una chiquilla de rubias trenzas que se había parado y observaba cada uno de sus movimientos.

- Ashley… -la reconoció Veran -. No me sorprende. Es su naturaleza.

- Calla.

- ¡¿Me estás dando ordenes?! ¡¿Tú a mi?!

Dimitri no respondió. Veran suspiró y volvió a mirar. Ashley había empezado a moverse. Se acercó hasta la puerta del gimnasio. Miró a ambos lados de la calle. Y luego salió corriendo hacia un almacén de al lado.

- ¿Pero qué…?

Veran se quedó sin voz de la impresión. Era un almacén de juguetes, con un enorme oso de peluche en el escaparate. Pronto vieron a Ashley subiéndose a sus rodillas y abrazándole, con una sonrisa infantil dibujada en el rostro. Veran se giró hacia Dimitri, esperando que él estuviera tan sorprendido como ella. Pero en lugar de eso, había sacado su libreta y un bolígrafo, y anotaba, leyendo en voz alta:

- “Cumpleaños Ashley: osito gigante de peluche”…

- Si parecía ser una auténtica máquina de matar… -se frotó los ojos y volvió a mirar: no cabía lugar a dudas, la chica que giraba, abrazaba y besaba a aquel oso gigante de peluche era Ashley, la seminmortal de apariencia inocente y fuerza hercúlea.

- Deberías ser consciente de que a ti te pasa lo mismo, “comandante” –Dimitri cerró la libreta, se lo guardó todo en el bolsillo, y tiró de ella para continuar con su camino.

Veran, con gesto huraño, se dejó llevar. Pronto dejaron atrás la traumática visión, y no tardaron mucho más en encontrar una enorme casa coronada por el letrero: “La casa de las mariposas: el bienestar de nuestros padres”.

Si lo de Ashley fue un mazazo, aquello no se quedó atrás: una residencia para la tercera edad, de lujo y lleno de facilidades y bella decoración estival.

- ¿Qué estamos haciendo aquí, Dimitri?

- Brunoi debe de andar cerca… -el joven no quiso entrar, rodeó el muro que envolvía al recinto con carteles promocionales llenos de fotos de ancianos riéndose junto a sus nietos.

El edificio estaba salpicado de ventanas en sus tres plantas, a través de una de las cuales pudieron distinguir perfectamente a sus habitantes, reunidos en una sola habitación y de espaldas al cristal. Dimitri se aseguró de que nadie les observaba para saltar la valla, y Veran el siguió sin hacer muchas preguntas, planteándose hipótesis para sus adentros: ¿habría allí dentro algún seminmortal o inmortal relacionado con Brunoi? ¿Estaría Brunoi, al igual que ellos, de alguna misión secreta que le habría llevado hasta allí para eliminar a alguien de la competencia?

Veran se reunió con Dimitri bajo la ventana. El chico, con un gesto, invitó a su comandante a ser la primera en asomarse después de contar hasta tres. Veran se arrepintió después de no haber sospechado de su enigmática y característica sonrisa. Al incorporarse y otear el interior, vio que la atención unánime de los residentes se la estaba llevando un Brunoi de dos metros y pico vestido de tuna y tocando una bandurria. Los cristales insonorizados no permitían que el sonido llegara a sus oídos, pero tampoco escucharía nada. Se apartó de la ventana y se dejó caer pesadamente sobre la pared. Tragó saliva, e indecisa, volvió a mirar para retirarse después de un salto. Si, era Brunoi. Si, iba disfrazado con ropas antiguas y negras, capa y sombrerito a juego. Y si, estaba tocando y cantándoles algo a aquella pandilla de viejos.

- ¿Estás bien, Veran? Tienes mala cara… -preguntó Dimitri tratando de ahogar la risa.

La cara de la chica era todo un poema. ¡¿A eso se dedicaban los temibles miembros de Alas Negras en su tiempo libre?!

lunes, 8 de febrero de 2010

Hermandades(Información) - Misión 004 (Epílogo)



El día que amaneció soleado terminó en tormenta. Una desastrosa tormenta que se fue formando a lo largo de la tarde, y que llegó desde el norte. Los gruesos goterones caían como piedras, golpeteando ventanas y puertas y desolando las calles, conjuntándose con algún que otro trueno perdido en la lejanía pero de tal fuerza que hacía temblar los cristales.

Kadok regresó a casa justo antes de que la tormenta estallase. Estaba cerrando la puerta cuando empezaron a caer las primeras gotas. Quiso pensar que, con la rapidez con la que se había formado, se trataba de una tormenta pasajera, pero nada más lejos de la realidad. Pasaron un par de horas, cenó y se duchó, y la tormenta, en lugar de remitir, iba adquiriendo fuerza. Intentó varias veces llamar por teléfono, pero los estragos de la lluvia le habían dejado sin línea en el fijo, y sin cobertura en el móvil. Nervioso y encerrado, empezó a mirar el reloj, con la culpabilidad y el miedo carcomiéndole.

Dieron las diez, las once y las doce. Y la tormenta seguía. Por suerte para él, Veran no cumplió. En parte se sentía mal por ello; y por otra parte le aliviaba. Con aquel tiempo, lo mejor que podía hacer era quedarse en su casa…

El sonido del timbre interrumpió su trayecto hacia la cama. Volvió a mirar el reloj: las una y cuarto. No pensó que fuera Veran: ella tenía llaves y no le hacía falta llamar al timbre. Lo que se encontró al abrir la puerta fue como un mazazo en pleno pecho.

Veran, sin más abrigo que sus vaqueros y su camisa negra, empapada y calada hasta los huesos, tiritaba bajo el dintel de la entrada.

- Siento llegar tarde… No conseguía localizar a Dimitri y no me ha quedado otra que dejarle el recado a Nicole.

Kadok no podía digerir aquello: ya no quedaba ni rastro de aquella Veran que no respetaba a nadie, que no aguantaba a nadie y estaba resabiada con todo y todos. No quedaba nada de la fachada de hierro que siempre se había trabajado. En su lugar, había una chica normal, que se moja con la lluvia y se quema con el fuego; que sentía alegrías y dolor, y a la que él había obligado a acudir hasta allí por pura cabezonería.

Incapaz de seguir viéndola así por más tiempo y sin reprimirse más, rodeó su cintura con el brazo y la atrajo para si cerrando la puerta tras ella, dejando la tormenta fuera. El beso que siguió, fue el más largo y apasionado que le había dado en muchísimo tiempo.

- Lo siento, Veran… -se disculpó entre lágrimas incapaz de creerse su propio error -. Tenía que haberlo entendido, he sido un egoísta…

Veran le hizo callar colocando un dedo sobre sus labios. La entrada estaba oscura, pero pudo ver claramente sus ojos tomando un nuevo brillo.

- Tengo que organizarme mejor, no te preocupes. Aquí tienes tu respuesta –le guiñó un ojo.

Incapaz de articular palabra, Kadok la abrazó hundiéndola entre sus brazos. Le susurró al oído:

- Ya podías haberte puesto algo de más abrigo. Se te nota todo.

- Tampoco es que tu disimules mucho –respondió ella con tono burlón -. ¡Si en el fondo lo disfrutas!

* * *

Un teléfono móvil le despertó. Rezongando y sin poder abrir los párpados como si no hubiera dormido en semanas, Kadok lo cogió:

- ¿Dígame? –tenía la voz tomada.

- Veran, ¿te ha cambiado la voz? –observó Heraclio desde el otro lado de la línea.

- Heraclio, no bromees con eso –Kadok bajó la voz y meció a Veran, recostada sobre su pecho y que se removió en sueños -. Se ha dejado el teléfono aquí. ¿Qué ocurre?

- ¿Recuerdas a nuestra reclusa Rawlings? –Heraclio hizo una pausa, buscando las palabras y el tono adecuado -. Ha muerto de un derrame cerebral. Tu relevo intentó presionarla un poco más, y ella misma se lo provocó sobrecargando su don –Kadok se despertó completamente -. Hemos convocado una reunión para dentro de dos horas. Estarán los lores, tu, y Alas Negras al completo. He intentado localizar a Veran, pero…

- De avisar a Veran me encargo yo. Gracias, Heraclio –colgó.

Se quedó pensativo, con el teléfono de Veran en la mano, pensando en esa pobre chica. Durante su interrogatorio, había sido dócil y había respondido a todas y cada una de sus preguntas. Tenía que haber seguido con ella, haberse quedado un rato más para asegurarse de que estaba a salvo. Se maldijo a si mismo. Estaba cometiendo un error tras otro…

- ¿Quién era? –preguntó Veran soñolienta, abrazándose a él.

- Heraclio… Tenemos reunión urgente dentro de dos horas con los lores. Tu grupo entero estará allí –le acarició la cabeza dejando el móvil sobre la mesilla de noche.

- Supongo que es obligatorio que vayamos, ¿no? –Veran infló los carrillos y se hundió entre las sábanas -. No es justo…

- Será para ponernos al corriente de lo que descubrimos en el interrogatorio…

- ¡Pero si fuiste tu quién la interrogó! Me lo dices aquí y ahora, y nos ahorramos el viaje…

- La chica ha muerto, Veran –Kadok se incorporó para mirarla fijamente a los ojos y trasmitirle la gravedad de la situación. A Veran se le congeló la sonrisa en la cara -. Se ha suicidado. Por eso tenemos que ir.

Veran se apartó para que Kadok pudiera moverse con libertad. Le miró mientras se levantaba de la cama y buscaba algo que ponerse.

- ¿Cómo ha sido?

- Se provocó un derrame cerebral a si misma. Por eso Iehova no la enseñó a combatir. Era un objeto más…

Kadok se sentía mal por aquella chica. Se sentía identificado con ella: él había pertenecido a Iehova, sabía cómo funcionaban y lo que hacían con cada uno de sus miembros… Él se salvó, y podía haber salvado a aquella pobre seminmortal…

- No te culpes –Veran le leyó el pensamiento, incorporándose y estirándose, cubriéndose solo con las mantas -. Tu hiciste tu trabajo. No ha sido fallo tuyo.

- Podía haber hecho algo…

- ¿Tu don es la previsión? –Kadok la miró con el ceño fruncido –No. Pues entonces no es culpa tuya. De todas formas, ya entrarán en detalles en la reunión. Los inmortales no tienen otra cosa que hacer que entrar en detalles siempre… ¡Eso si que es estar aburrido!

- ¡Seguro que tu te aburres menos! Viajando cada dos por tres a lugares lejanos y pintorescos, disfrutando de los estallidos de adrenalina de las misiones de campo…

Kadok se calló. Veran parecía absorta, y su rostro había palidecido tanto como el día triste y nublado que se asomaba por la ventana de la habitación. Se sentó a su lado y le pasó la mano por la espalda.

- He hecho cosas horribles, Kadok… -dijo con voz profunda -. Fue muy brusca con esa chica, Rawlings, cuando la encontramos. Y tuve que enfrentarme a un chico que conocí en una misión… Ignoré su potencial y lo abandoné a su suerte. Y no me lo ha perdonado…

- Por aquel entonces te rebelabas contra cualquier cosa de la organización. ¿Y desde cuando te importa tanto lo que piense alguien de ti? –la abrazó y la atrajo hacia si.

- Desde que dirijo un equipo formado por los seminmortales más poderosos de la organización, y quien sabe si de toda Europa… -se frotó los ojos -. Si no me hago respetar, no iremos a ninguna parte. Y llegar tarde a una reunión oficial no me hará ganar puntos.

* * *

Al contrario que el día anterior, la sede aquella mañana estaba a rebosar de actividad. Ya ni siquiera les importaba los mortales que pudieran ver a todos esos agentes entrando y saliendo de un viejo edificio casi derruido, pero que por dentro era tan lujoso como un hotel de cinco estrellas. Veran y Kadok llegaron los últimos, y se abrieron paso hasta la sala de reuniones de la primera planta a empujones.

La sala circular estaba presidida por una mesa ovalada alrededor de la cual ya estaban sentados los miembros que iban a acudir a la reunión: todos los miembros de Alas Negras; el seminmortal calvo que vieron el día anterior interrogando de primeras a Rawlings; y tres inmortales centrados en sus papeles y charlando en voz baja entre ellos: Lord Heraclio, Lady Mégara y Lady Flora, ésta última vestida con una bata blanca de laboratorio y el delicado moño de pelo verdoso envuelto en un gorrito de tela. Era la que hablaba más airada de los tres. Al ver llegar a los dos últimos miembros, les pidieron que se sentaran para comenzar:

- Lo primero es felicitar al comando Alas Negras por su buen hacer en esta misión –Mégara fue la primera en hablar. Se había oscurecido el pelo para que adquiriera una tonalidad castaña con mechas rojas naturales -. Y también dar las gracias a nuestros interrogadores, por… -Veran levantó la mano -. ¿Si?

- ¿Por qué nos felicitan? –Veran se había sentado entre Dimitri y Nicole, en un lado de la mesa. Su tono de voz era arisco, totalmente recuperado del día anterior -. ¿Por haber traído por la fuerza a una agente de Iehova? ¿Por haber matado a otro y abandonarlo allí? No creo que merezcamos felicitación por eso…

- Veran, no te atribuyas méritos. No mataste a nadie allí. Localizamos tu llamada a pesar del sonido de la explosión que usaste para distraerle –Brunoi miró asombrado a la comandante. Recordaba la extraña petición que le hizo cuando el resto del grupo no podía oírles: “usa tu don contra todas las cajas que veas”. Entonces lo entendió -. Cuando los servicios de emergencia llegaron, no quedaba nadie allí. Volvería a su organización para informar… Fingir ser más dura de lo que eres, Veran –continuó Lady Mégara –no va a cambiar que le dejaste escapar.

Todos los miembros de Alas Negras se volvieron hacia su comandante, sorprendidos ante aquella revelación. Dimitri incluso le sonrió, y Veran, refunfuñando, se encogió en su asiento cruzándose de brazos.

- Corren malos tiempos –dijo Heraclio -. Iehova ha matado a algunos de los nuestros. Y la información que buscábamos es de suprema importancia.

- ¿Tanta como para provocar la muerte de esa chica? –intervino Kadok esta vez.

- No la provocamos nosotros exactamente –respondió Flora, levantándose y extrayendo de un maletín que había guardado bajo la mesa unos informes que repartió entre los allí presentes -. Su don era el almacenamiento de información. Tenía una capacidad mental asombrosa, amplificada por su tipo de caos único. Durante los interrogatorios…

- ¿Dónde has estado? –Dimitri se inclinó junto a Veran para cuchichearle al oído mientras Flora continuaba hablando de la autopsia que ella misma había realizado -. El grupo entero estaba preocupado por ti. Con la tormenta y todo…

- ¡Qué curioso! Yo no conseguía dar contigo para avisarte de que no pasaría a veros –replicó Veran, aún herida de orgullo -. Tuve que dejarle el mensaje a Nicole… ¿Dónde te habías metido tu para no enterarte?

Dimitri se retiró de ella, volviendo a prestar atención a la explicación con expresión indescifrable. Veran torció el gesto con una media sonrisa que pasó desapercibida para el resto.

- …y alguien la despertó del trance que el jefe de prisión, Kadok, la sumió durante su sesión de hipnotismo –continuaba Flora en aquel momento.

- Ese alguien lo hizo cuando los interrogatorios ya habían terminado –agregó Heraclio –. Los miembros del cuerpo de seguridad de prisión nos han informado de que, una hora después de que Mortis –el seminmortal con pinta de guardaespaldas asintió con la cabeza cuando se refirieron a él –terminase su turno, un –Heraclio leyó literalmente de su informe –“individuo con rasgos de seminmortal entró en el recinto asegurando su pertenencia al departamento de prisiones. Se encerró con la presa 25 y, tras cinco minutos de silencio, dio la voz de alarma. A la chica le estaba dando un ataque, y con la confusión, el individuo desapareció”. Aún no le hemos encontrado, ni sabemos quién es, pero después de analizar la información que hemos recibido…

- Se trata de un mortal –se escuchó un grito ahogado en la sala, y todos se sorprendieron ante la declaración de Megara -. Esa es la información que hemos conseguido. Nuestras últimas actividades y cambios en el sistema les ha llamado la atención. Las Hermandades siguen vivas, y nos están buscando. La religión católica, el Islam, el sintoismo… todas ellas tienen una vez más sus ojos puestos en nosotros.

- ¿Qué significa eso? –preguntó Nicole levantando la mano.

- Que la Inquisición ha vuelto –respondieron los tres inmortales, Veran, Kadok y Dimitri a la vez.

domingo, 7 de febrero de 2010

Hermandad (Información) - Misión 004 (III parte)


El grupo viajo durante la noche y regresó bien temprano por la mañana, con un pasajero de más. Veran había encargado a Dimitri que se encargase de que la Orden estuviera enterada del imprevisto, y un par de seminmortales de incógnito se llevaron a la seminmortal de Iehova hasta la sede central de la organización. Durante el viaje, la chica había permanecido dormida gracias a una de las técnicas de Hyassa, y nadie sospechó nada.

En el aeropuerto, Veran dio orden al equipo para que descansara, y todos lo acataron menos Dimitri, que preocupado por ella, decidió acompañarla hasta la sede de la organización para ayudarla en lo que hiciera falta. El improvisado resultado de la misión podía acarrearle problemas, y quién mejor que él para ayudarla a enfrentarse a ellos. Así que, dejó que Brunoi se llevase el equipaje de ambos y fueron dando un paseo hasta la Orden.

El cielo, de un azul limpio y claro, y las calles despertándose daban la nota alegre al paseo, en contraste con ellos. A Dimitri se le empezaban a marcar las ojeras, y Veran, con el rictus más serio de lo habitual, se puso las gafas de sol que siempre guardaba en un bolsillo en cuanto un pequeño rayo de luz incidió sobre sus ojos cansados.

En el cuartel general de la organización ya les estaban esperando: Lord Heraclio aguardaba impaciente en la recepción, donde apenas se veía un alma. Estaba tan jovial como siempre, pero jugueteaba con un cordel atada a la empuñadura de una espada que llevaba sujeta al cinto, rodeando su redonda cintura. Les saludó al entrar con una risita nerviosa.

- ¡Os habéis dado prisa!

- ¿Dónde está? –el tono sombrío de Veran le puso la zancadilla a las buenas intenciones del Lord, que suspiró derrotado.

- Sobre eso os quería hablar… Seguidme.

Ambos obedecieron. Bajaron por unas escaleras cerradas para el resto de personal y ocultas tras la recepción. Dimitri supo que aquel gesto era una concesión a Veran. A sus oídos había llegado el rumor de que tenía cierto reparo a la hora de montarse en un ascensor, pero no pensaba comprobarlo. Bajaron varias plantas, tantas que Dimitri perdió la cuenta. No recordaba haber estado nunca allí, pero Veran parecía moverse como pez en el agua. Cuando llegaron a un rellano, Heraclio dejó de bajar y tomó un pasillo opresivo, de moqueta violeta y paredes azules que torcía en varias direcciones. A lo largo de la pared se veían varias puertas numeradas, a las que les precedía un cristal oscuro. Las cárceles temporales de la Orden de Corver…

Las cárceles temporales de la organización eran pequeñas habitaciones acolchadas, cuya puerta se fusionaba con la pared y hacía imposible la huida. El cristal, era un espejo especial, que vigilaba y absorbía el caos de aquel que allí estuviera encerrado si llegaba a usarlo. Todas estaban insonorizadas, y la comida se materializaba gracias a un complejo sistema creado por el departamento de I+D de la propia organización, perfeccionado a lo largo de los años. No solía usarse con miembros de otras organizaciones, pero la cárcel temporal número 25 era otra cosa.

Heraclio se detuvo frente al cristal, pegándose a él y les indicó que hicieran lo mismo. Dentro, pudieron ver a la chica pelirroja que encontraron en Rusia, sentada en un rincón y mirando al techo ensimismada. Pero no estaba sola. Había un chico con ella, con la cabeza afeitada y vestido con un traje de chaqueta negro que le hacía parecer una graciosa parodia a los típicos guardaespaldas de las películas, solo que mucho más bajo. Dimitri, al verle, habría jurado que a Veran se le había escapado media sonrisa, pero fue tan fugaz que prefirió no darle vueltas al asunto.

Heraclio dio un golpecito al cristal que llamó la atención del muchacho del interior, y que salió en seguida negando con la cabeza y pidiendo permiso para marcharse. Heraclio se lo concedió.

- Teníais razón cuando dijisteis que lo que estábamos buscando era ella. Su don único es el almacenamiento de información. No ha sido entrenada para el combate, por lo que apenas sabe controlar su caos. ¿Cómo lo supisteis?

- No le quedó otro remedio que contármelo cuando la encontramos. Después de admitirlo, se desmayó –admitió Veran sin dejar de mirarla a través del cristal.

- Pues desde entonces os puedo asegurar que no ha dicho ni una palabra. Ese es el problema –Heraclio suspiró apesadumbrado -. Tenemos la información que necesitamos ante nuestras narices, pero no hay forma de que hable.

- Quizás con un interrogatorio a fondo…

- ¡Ya lo hemos intentado! Tenemos aquí abajo a lo mejor de lo mejor, y ninguno ha conseguido nada. Su mente también está cerrada a cal y canto. Eso si sabe controlarlo. Y necesitamos esa información con urgencia…

- Con Veran habló la primera vez –intervino Dimitri por fin -. Quizás si alguien del equipo pudiera…

- Alas Negras no es un grupo de interrogadores, Dimitri –le reprochó Veran.

- Pero Alas Negras estuvo allí, y podemos sonsacarle algo aprovechándonos de eso –dudó si decirlo o no, pero optó por mencionarlo -.Además, quizás si le decimos lo que pasó con su amigo, el tal Thanatos…

- ¿Thanatos? –Heraclio dio un respingo de la sorpresa y Veran le dirigió una mirada asesina a Dimitri -. Veran, ¿era el mismo Thanatos que…?

- Puedo sacarle la información que sea sin necesidad de tocar ese tema –se ofreció ella. Luego se volvió a Heraclio, que aún la mirada incrédulo ante lo que acababa de oír -. Deja que entre ahí con Ashley. Ya verás que rápido canta.

- ¿Cuánto tardaría en llegar el equipo?

- Cinco minutos –respondieron Dimitri y Veran al unísono.

* * *

El grupo entero se personalizó en la zona en el tiempo que ambos superiores predijeron. Al enterarse de su nueva tarea, Ashley se frotó las manos con regocijo y una macabra sonrisa adornó el rostro de Veran, que incluso se quitó las gafas de sol para dejar al descubierto sus ojos de iris rojo sangre.

A Dimitri le entró miedo. Tanto o más que el de la pobre chica que, al verlas entrar, se encogió en el sitio y empezó a temblar de forma más que notable. Incluso soltó un grito cuando Ashley le dio un puñetazo a la pared que hizo un enorme boquete. El boquete se cerró solo, pero el susto y los planes de ambas chicas se mantuvieron ahí. Veran se puso en cuclillas a escasos centímetros de la joven, arrinconándola, y empezó la ronda de preguntas con Ashley muy cerca, golpeando la pared rozando a la pelirroja a cada pregunta sin respuesta, que fueron todas. Lo único que hacía la chica, era llorar y chillar a cada puñetazo, cubriéndose la cabeza con las manos. Fue Dimitri quién no puedo más y sacó a ambas a rastras, incapaz de seguir viendo como continuaban aquella tortura.

El siguiente en intentarlo fue Brunoi. La situación no fue tan tensa como la anterior, pero tampoco cosechó muy buenos resultados…

- Oí decir que tu nombre es Rawlings –comenzó después de un rato de silencio, indeciso sobre cómo empezar. La chica le miraba con lágrimas en los ojos, acobardada ante su tremendo tamaño y su acento ruso -. Quizás te asustaste por las chicas de antes. Eran mi compañera y mi comandante. Lo siento. Son duras, pero buena gente. Se pasaron, lo siento.

La chica empezó a hacer pucheros y Brunoi se apresuró a sentar su enorme corpachón para intentar empequeñecerse un poco.

- ¡No! Verás, me han mandado a interrogarte, pero tengo que darte las gracias antes de nada. Soy un renegado en mi tierra natal, Rusia. Es bonita, ¿verdad? Y gracias a ti he vuelto. Gracias. De verdad. De corazón…

Los espectadores al otro lado del cristal pugnaban no sabían si reír o llorar ante la escena. Heraclio estaba patidifuso. Ashley se mordía el puño para ahogar las carcajadas que le sobrevenían. Hyassa se había tenido que apartar del cristal y miraba a la pared de enfrente. Nicole soltó un bufido y tuvo que alejarse porque no aguantó la risa. Veran miró con picardía a Dimitri, que se golpeó la frente:

- Tu también eres ruso, ¿no? Deberías ir a acompañar a Brunoi…

Dimitri la ignoró y sacó a Brunoi de la celda. La siguiente fue Nicole.

- ¡Hola! –empezó, acercándose con paso reticente y las manos entrelazadas a la espalda, sin saber muy bien qué hacer -. Esto… ¿puedo acercarme?

Rawlings se limpió los ojos con el dorso de las manos y se la quedó mirando con expresión desvalida. Nicole se quedó paralizada en el sitio, pugnando contra un creciente sentimiento de piedad que casi le hacía llorar. Dimitri no tuvo que ir a buscarla: ella sola salió corriendo con lágrimas en los ojos gritando mientras buscaba la salida: “¡Es demasiado adorable! ¡No puedo hacerlo!”.

- Ya solo queda Hyassa… -todos se volvieron hacia ella, que había permanecido aparte. Sus ojos oscuros y penetrantes se quedaron clavados en sus compañeros, sin decir ni una palabra -. Aunque un duelo de miradas y silencio entre ambas no nos va a servir de mucho…

Hyassa, al ver que allí no pintaba nada, se marchó en completo silencio.

- Te dije que no iba a funcionar… -le restregó Veran a Dimitri con cierta sorna y una sonrisa de suficiencia -. Pero ahora que lo pienso… ¡aún quedas tu! ¿No quieres intentarlo, Dimitri?

Como respuesta, el joven mostró su hombro derecho bajándose un poco la camisa con toda naturalidad. Las profundas huellas de unas terribles heridas hablaron por si solas y el ambiente se tensó.

- Sé mucho de interrogatorios, pero no soy capaz de reproducirlos. Aún así, ¿queréis que lo intente?

- Mejor que no, Dimitri. No te preocupes… -respondió Heraclio.

- ¿Qué vamos a hacer entonces? –preguntó Ashley.

Todos se volvieron hacia Veran, que se había quedado pensativa mirando al techo. Le habló a Heraclio sin inmutarse:

- ¿El jefe de prisión está aquí?

- Si, pero anda un poco ocupado…

Veran le mostró la palma de la mano para que no dijera más. Se dirigió a sus compañeros de equipo:

- Yo me encargaré del resto. Podéis descansar –Dimitri dio un paso hacia ella en silencioso ofrecimiento a acompañarla -.Vete tu también, Dimitri. Solo voy a hablar con ese seminmortal. Puedo hacerlo sola.

Dimitri acató la orden y acompañó al grupo hasta la salida. Heraclio se quedó a solas con Veran, cuya expresión había cambiado totalmente: parecía absorta.

- ¿Estás segura de que quieres hablar con él?

- ¿Estas seguro de que el puesto en el que estas realmente te necesita? –escuchar uno de los agrios comentarios de Veran le calmó, pero seguía sintiéndose inquieto.

- Quédate aquí. En seguida te lo mando.

Veran desapareció por un recodo antes de que Heraclio pudiera decir nada.

* * *

Ya no era nuevo en el puesto, pero aún así, le seguía costando horrores acostumbrarse a él. El jefe de prisión de la Orden, Kadok, andaba de un lado a otro de su despacho, un lugar que no le gustaba pisar. Sobre su mesa tenía un único monitor con la imagen en directo de la chica pelirroja que acababan de traer desde Rusia. Había visto como habían ido los interrogatorios, los intentos fallidos de varios individuos ajenos a su departamento, y se temía que tuviera que tomar cartas en el asunto personalmente. Hacía mucho tiempo que había perdido el gusto por aquella actividad, el gusto por trabajar allí.

Se dejó caer sobre la silla revolviéndose su maraña de pelo castaño, y se frotó los ojos. Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta con un golpe seco y una sola vez.

En lugar de dar paso, Kadok se levantó y abrió el mismo la puerta. Pensaba que se trataría de alguno de los agentes que tenía bajo su mando, pero nunca se imaginó que la vería a ella.

- Hablar desde el pasillo es dejar que toda la planta se entere. ¿No te parece? –Veran, de brazos cruzados, esperó a que se recuperase de la impresión y la dejara pasar. Kadok cerró la puerta tras de ella -. ¿Cómo estás?

Kadok no respondió. Sin mirarla, bordeó el escritorio y tomó asiento. Veran arqueó una ceja.

- ¿Estás bien?

- ¿Has venido por lo de la reclusa? –Kadok fue directo al grano, evitando en todo momento cruzar su mirada con la de ella.

- Si quieres verlo así… -Veran perdió la escasa simpatía que había derrochado con él -. No hay forma de que hable. Incluso mi grupo lo ha intentado. Nos preguntábamos si tu…

- ¿Es un favor a los Alas Negras?

- No; es tu trabajo. Igual que liderar y guiar a los Alas Negras es el mío.

- ¡Pues es curioso! –Kadok se levantó y se atrevió a enfrentarse a ella -. Porque aunque nuestros trabajos son muy parecidos, yo si tengo tiempo para regresar a casa, y no como otras…

- Tu al menos trabajas aquí. A mi me mandan de una punto del mundo a otra sin parar. ¡Estoy siendo continuamente evaluada por los miembros del comando…!

- Eso no significa que tengas que quedarte a vivir con ellos –Kadok rebuscó entre una montaña de carpetas en una esquina de la mesa, alzando la vista hacia Veran para hablar con crudeza -. Sobre esa chica, descuida. Tendrás mi atención y mi don único a tu disposición.

Desvió la mirada, sabiéndose incapaz de seguir así por mucho tiempo en su presencia. Le seguía costando adaptarse a la situación, y su actitud no ayudaba en absoluto. Se hizo con un bolígrafo, un cuaderno y la carpeta que había estado buscando y salió de allí. Enseguida escuchó los pasos de Veran persiguiéndole por el pasillo y su mano aferrándose a su brazo para detenerle y obligarle a mirarla. Se armó con toda la dureza que pudo.

- ¿Por qué no quieres entenderlo ahora? ¡No puedo dar más de mi!

- Durante las misiones no; eso lo entiendo. Pero acabas de volver de Rusia, ¿no? –Veran asintió, dubitativa. Kadok bajó la voz para que solo le escuchara ella, a pesar de que no había nadie más en el pasillo de aquella segunda planta -. Sabes donde guardo mis llaves. Estoy despierto hasta las doce…

- Pero Kadok, esta noche había pensado ver cómo estaba mi equipo, y…

Kadok se deshizo de su presa fácilmente y volvió a fijar su atención en otra parte.

- Kadok…

- Quiero una respuesta definitiva esta noche, Veran. Ahora, si me disculpas, voy a hacer mi trabajo. Vuelve con tu equipo.

Se marchó sin mirar atrás ni una sola vez, aunque en su interior sentía un profundo desgarro. Tras él quedó Veran, una Veran totalmente distinta, desorientada, pero que en seguida volvió a tomar el genio de antaño, devorándola, antes de marcharse.

Ninguno de los dos se percató de que, oculto tras una esquina, Dimitri había sido testigo de todo…

viernes, 5 de febrero de 2010

Hermandad (Información) - Misión 004 (II parte)

-Dedicado a Ky (Luis) ^^ -


La noche, fría y nublada, se cerró sobre nuestras cabezas cuando ya nos poníamos en marcha. El grupo al completo formaron una comitiva siniestra, embutidos en los pesados abrigos, y que en el más absoluto de los silencios desfiló rumbo a su destino sin despertar la atención de ningún testigo.

Tomaron una vieja carretera asfaltada de hielo, por la que ya no pasaba nadie. Pronto deslumbrarían la verja metálica y descuidada que franqueaba la entrada al complejo: un almacén perdido y en desuso, donde ni los ladrones tenían interés.

Quién iba en cabeza de la fila hizo una señal con el brazo que la noche se tragó. La última persona de la fila se separó del resto y echó a correr en dirección al almacén. El grupo se detuvo y esperó a su compañera, que se había desvanecido de pronto bajo un haz de luz de luna…

* * *

Mientras se acercaba, Hyassa mantenía sus sentidos alerta. Olvidó a sus compañeros y se centró en la misión, en el presente. Percibió su propio cuerpo como si fuera lo único que existía: cada hueso, cada músculo, cada centímetro de piel… Hizo memoria de su aspecto con total precisión y la mantuvo ahí, en su mente. Buscó una fuente de luz, se situó debajo de ella e invocó a su don único. En un abrir y cerrar de ojos, no quedó nada de ella. Al menos, nada visible.

Era un punto. Un punto minúsculo. Una miserable partícula de luz que se movía al son de sus compañeros pero con un destino fijo: el interior de la nave. Su consciencia era lo único que le quedaba de su anterior forma humana. Una consciencia dividida en fotones que mantenía cerca gracias a su caos.

La corriente de fotones se dirigió rauda hacia una de tantas ventanas rotas y se dejó guiar. Los hilillos de caos que sustentaban el resto de sus partículas se tensaron, presagiando la presencia de más caos que no era el suyo. Dejó que esa tensión la guiase. Notó que se deslizaba por una rendija del suelo, muy estrecha, lo cual hizo que los hilos de caos retemblaran y la asustasen. Alejándose un poco de la señal de caos, se desvió del trayecto e invirtió el proceso de transformación, recuperando su forma humana y escondiéndose tras una pila de cajas. Comprobó, no sin cierto miedo, que todo estaba en su sitio. Solo había sido un susto…

Quiso volver a usar su habilidad, pero un suave susurro y unos pasos acercándose la detuvieron. Se ocultó tras las cajas y escuchó atentamente, asomándose un poco para intentar discernir quién era.

Era una chica menuda, de melena pelirroja y corta que brillaba en la tenue luz. Llevaba lo que Hyassa creyó que era un libro entre las manos, y del cual la chica no apartó la vista. Sin embargo, las páginas volaban, como si solo necesitase echarles un breve vistazo para quedarse con toda la información que poseían sus letras.

La joven seminmortal pasó por delante de las cajas sin darse cuenta de la presencia de Hyassa, que esperó a que se alejase un poco para seguir espiándola. Se llevó un buen susto cuando la chica se detuvo en seco de pronto, cerró el libro de golpe y regresó corriendo en la dirección por la que se había acercado. Hyassa la siguió con la mirada, pero la chica desapareció tras una puerta que dejó entreabierta.

Esperó un rato antes de acercarse. La pelirroja no volvió a salir, pero se la escuchaba intercambiar murmullos ahogados con otro individuo. Hyassa, en total silencio, se acercó a la puerta, pegándose a la pared. Al mirar a través del resquicio, descubrió al acompañante de la pelirroja: un niño de cabello revuelto que la escuchaba atentamente mientras se calentaba las manos en una pequeña hoguera. Ante el asombro de la intrusa, la chica arrojó el libro que había estado ojeando a las llamas, que se alimentaron de él sin contemplaciones. ¿Se habían enterado de las intenciones de la Orden y pretendían eliminar los documentos que guardaban antes que dárselos? Tenían que actuar ya.

Rauda, Hyassa volvió a hacer uso de su habilidad para convertirse en fotón y salir de allí igual que había entrado para avisar a los suyos…

* * *

El grupo, ya disperso y preparado, aguardaba el regreso de su compañera con el corazón en un puño. Dimitri y Ashley habían descubierto la entrada trasera cuya existencia ya había sido expuesta en el informe inicial de la misión, y estaban apostados a la espera de una señal. Nicole montaba guardia haciendo uso de su habilidad y corriendo en circulo a una distancia prudencial, asegurándose de que nada ni nadie traspasaba el perímetro ni había seguridad alrededor del recinto. Veran y Brunoi esperaban cerca de la puerta principal, sin cruzar siquiera las miradas.

Cuando Hyassa salió al exterior tras media hora de espera, ninguno de ellos se dio cuenta hasta que ella misma no apareció de repente detrás de Veran y procedió a informar con voz queda:

- En el subsuelo. Hay una entrada secreta en el ala este de la nave. Son dos: un chico con pinta de niño y una chica pelirroja. Los he visto quemar libros que bien podrían ser los documentos que buscamos.

- Entonces debemos darnos prisa. ¡Nicole! –llamó Veran en voz baja cuando una centella pasó por detrás de ellos -. ¡Avisa a Dimitri! ¡La operación comienza ya! Hyassa, sígueme y en caso de que necesitemos apoyo te encargarás de buscar a Brunoi y Ashley.

Y sin más, Veran se puso en movimiento con Hyassa detrás.

* * *

Dimitri ya había perdido la cuenta de las veces que había visto pasar, por el rabillo del ojo y casi como una centella, a Nicole por detrás de él y de Ashley, situados al lado norte del recinto. En una de esas pasadas, le llegó el susurro de la chica transportado por el gélido aliento de la noche:

- ¡La operación comienza ya!

Dimitri no esperó a oír más. Con un gesto mandó a Ashley guardar su posición y recorrió la distancia que le separaba de la entrada trasera de la nave en carrera. Sentía su propio aliento mezclándose con el viento congelado y chocando con su rostro, colándose por su nariz. Le hacía sentir vivo, y quería que siguiera estando así.

Se pegó a la pared y comprobó cada flanco antes de romper el candado que sellaba la entrada y penetrar en el almacén.

El interior olía a cerrado y a años. Encima de ambos, Dimitri también percibió el olor a quemado, pero muy ligero, formando una fina manta que cubría a cualquier otro. Estaba muy oscuro, pero su visión en seguida se adaptó al contorno de las cajas y otros enseres allí apilados y cubiertos de polvo.

- Veran está al otro lado –escuchó un susurro detrás de él que le hizo volverse y toparse con Hyassa, que acababa de aparecerse semiagachada -. Son dos, están en el subsuelo y están quemando libros. La entrada esta en la parte este, en el suelo.

Dimitri asintió con gesto casi imperceptible, y Hyassa volvió a desaparecer ante sus ojos. Discernió un par de siluetas moviéndose al otro lado de la nave, sin hacer ruido. Dimitri las imitó, acercándose a la zona que Hyassa le había indicado.

Aquí, las cajas eran más grandes, de su mismo tamaño. Se apilaban en filas, ninguna se situaba sobre otra. Se pegó a la pared y continuó caminando al mismo ritmo al que se acercaban las siluetas a él. Percibía la mirada penetrante de Hyassa clavada en él, y pronto se la encontró frente a frente, junto a Veran, cuya atención estaba centrada en la hilera de cajones.

- ¿Es aquí? –preguntó la comandante en voz baja.

- Si –fue la respuesta lacónica de Hyassa.

Veran intercambió una rápida mirada con Dimitri, y entre ambos removieron las cajas intentando no hacer ruido. Cada una de ellas pesaba lo mismo que un cadáver, pero el caos facilitaba las cosas. Fue Veran quien se topó con la única caja que no pesaba nada, y bajo la cual, un minúsculo haz de luz rompió el manto oscuro que los envolvía. Era una oquedad lo suficientemente grande como para meter los dedos y levantar la placa de chapa que cubría aquella entrada secreta, proceso que llevó a cabo Dimitri, dejando al descubierto una escalera de hierro que descendía hasta un pasaje de roca.

Dimitri bajó después de asegurarse de que no había moros en la costa: el pasillo era angosto, y solo podía recorrerse en una dirección. La luz juguetona de unas antorchas defendían el lugar de las danzarinas sombras, y a lo lejos, se escuchaba cierto crepitar. Había unas cajas delante de la escalinata, que el grupo usó para asegurarse de que el camino estaba despejado. Veran le susurró unas instrucciones a Hyassa que Dimitri no llegó a entender, pero la chica misteriosa de morena piel volvió a desvanecerse como si jamás hubiera existido.

Dimitri echó a andar, pero Veran le detuvo cogiéndole del brazo y lanzándole una mirada significativa. Obediente, Dimitri retrocedió y dejó trabajar a la comandante, que se aclaró la garganta y su brusca voz surgió como un torrente:

- Hemos venido a por la información que guardáis, agentes de Iehova. Vosotros decidís si hemos venido por las buenas, o por las malas. ¡Salid!

Los cuchicheos cesaron, y Dimitri se sintió objetivo de miradas temblorosas. Miradas que asomaban a través de la puerta entreabierta del final del pasillo, y que con un quejido, se abrió de par en par, muy despacio, ante una chiquilla. Era bajita, y tenía una melena corta de un fuerte color rojo fuego. Sus ojillos azules volaban de uno a otro, reflejando su miedo en ellos. Sus temblores eran perceptibles a través del pesado abrigo con la capucha bajada que la cubría. Dimitri estudió su aura, de un azul inmaculado, claro y limpio, no activo. No había nada que temer de ella, y así se lo expresó a su jefa con un gesto. Veran lo captó de reojo y se acercó a la chica.

- Si nos das lo que buscamos, nos iremos y aquí no habrá pasado nada.

- No puedo hacerlo… -susurró retrocediendo. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos -. No existen…

- ¿Los habeis quemado, verdad? –Veran recorrió lo poco que la distanciaba de ella y la agarró bruscamente del brazo, obligándola a mirarla a los ojos.

- ¡¡No!! Esos documentos no existen…¡No sé de que me hablas! –lloraba la pelirroja a lágrima viva.

- Dimitri, entra ahí y búscalos, por favor –Veran empujó a la chica contra la pared y la sujetó para dejarle paso a su acompañante.

Dimitri, que prefería no mirar, obedeció sin rechistar. Penetró en la sala, una estancia pequeña con una hoguera encendida en el centro, alrededor de la cual se disponían dos sacos de dormir deshechos. En las paredes se repartían algunas estanterías de hierro sobre las cuales reposaban una multitud de libros. Dimitri hizo oídos sordos al brusco interrogatorio que Veran estaba llevando a cabo con la seminmortal de Iehova y pasó el dedo por los lomos de aquellos deslustrados ejemplares: cuentos, cuentos y más cuentos. Abrió algunos y rebuscó en su interior, pero allí no había nada relacionado con la organización. ¿Se habrían equivocado?

- Comandante, aquí no hay… -se cortó cuando su vista volvió a los sacos de dormir. Había dos. Y allí, en aquella habitación cerrada, solo encontraron a la chica. Hyassa también les había advertido de que había dos individuos allí. ¿Dónde estaba el otro? –Comandante, falta uno.

Al salir al pasillo, se topó frente a frente con Veran, cuyos ojos, de un rojo encendido, destellaban ira. Tragó saliva y bajó la vista hasta la muchacha que habían encontrado, que ahora estaba inconsciente y Veran la sujetaba por el cuello del abrigo como si fuera un fardo.

- Ya tenemos lo que hemos venido a buscar. Vámonos.

Dimitri, que en ningún momento había cuestionado a su comandante, se sentía decepcionado. Nunca la imaginó capaz de hacer algo así…

- ¿Cómo dice?

- Su don único. Ésta –señaló Veran moviendo un poco a la chica –es la fuente de información que hemos venido a buscar.

Su tono no admitía replica. Si ella decía que habían ido a buscar a aquella muchacha, es que habían ido a buscarla.

- ¿Y qué hay del otro?

- Ya tenemos lo que queremos. Así que podemos irnos. ¿La llevas tu?

Dimitri suspiró con cierto alivio. Ver a Veran cargar con aquella chica indefensa de forma tan insensible le partía el alma en cierto modo. Se acercó y cogió a la pelirroja en brazos. Pesaba muy poco, pero para subir las escalerillas, Veran tuvo que ayudarle elevando a la seminmortal de forma fantasmal y usando su caos. Una vez arriba, en la nave, volvieron a cerrar la entrada y emprendieron el camino de regreso. Sin embargo, la puerta delantera estaba cerrada. Y la puerta trasera también. Veran, extrañada, golpeó con el puño un par de veces la pared, intentando llamar la atención de los compañeros que quedaron fuera, pero no hubo respuesta del exterior.

No así del interior…

Unas pisadas surgieron de la nada y empezaron a acercarse a la pareja desde atrás. Dimitri se giró y escudriñó en la oscuridad. Otro tanto hizo Veran, y ambos encontraron al agente de Iehova que faltaba.

Medía la mitad que Dimitri. Su crecimiento se había detenido a los trece años. Su cabello, de un blanco inmaculado, relucía en mitad de la oscuridad como un faro en una noche de tormenta, despeinado. Llevaba un sencillo poncho como protección ante el frío invernal, y su aura, según notó Dimitri, era mucho más fuerte que la de la rehén. Su sonrisa de niño dejaba traslucir una dentadura perfecta y perlada, dirigida sobre todo a Veran, que había empalidecido más de lo normal.

- ¿Así es como te acuerdas de los viejos amigos, Veran? ¿Dónde quedaron esos tiempos en la casa de los Black?

Las enigmáticas palabras del chico hicieron que el gesto de la comandante se ensombreciera. Había recuperado el aplomo perdido por la impresión de un plumazo, y con creces. Dimitri esperó las palabras mágicas.

- Dimitri –y llegaron –Tu busca una salida. Yo me encargo de él –pero no eran lo que él esperaba.

- Comandante… -empezó a quejarse, pero la mirada de Veran no dejó lugar a réplicas.

Dimitri obedeció y pasó con total naturalidad al lado de ambos, en dirección a la puerta trasera que empezaba a abrirse dejando entrar el frío. Al llegar, Dimitri se encontró con Hyassa y Ashley. Dimitri le tendió a esta última a la muchacha pelirroja que llevaba en brazos:

- Nos la llevamos –Ashley se quedó boquiabierta -. No quiero preguntas. Volved las dos al refugio. Que Nicole y Brunoi se preparen para intervenir aquí a mi señal.

- No puedo dejar que te lleves a Rawlings, Veran –escuchó Dimitri a sus espaldas -. Permíteme que te enseñe lo que he aprendido después de tu marcha…

- Thanatos, no he venido a por ti. Sal de aquí ahora que puedes.

- No quisiste enseñarme nada cuando nos conocimos. Ahora te enseñaré lo que he aprendido en tu ausencia. ¡Al seminmortal tan poderoso que dejaste atrás!

Dimitri se volvió justo a tiempo de ver como el chico se abalanzaba sobre la comandante. Sus manos se habían convertido en unas zarpas de afiladas uñas que buscaron desesperadamente la piel de Veran. Ella se había apartado a tiempo de un brinco hacia atrás, cogiendo impulso mientras aguardaba a que su atacante volviera a tocar el suelo. Y cuando lo hizo, Veran llegó hasta él a una velocidad vertiginosa y, con el característico brillo que la oscuridad daba a sus cuchillas, cortó con ellas el brazo del tal Thanatos. El muchacho se apartó de un salto y quedó a cuatro patas. Dimitri se percató de que hacía unas muecas muy extrañas, como si fuera un ratón. Los ojos de Veran habían perdido todo el brillo y bloqueaban el rastro de cualquier emoción. Balanceaba sus brazos en un vaivén laxo, otorgándole una apariencia inquietante.

- No puedo dejar que os llevéis a Rawlings…

Veran ladeó la cabeza sin variar la expresión.

- ¿Ya es un poco tarde, ¿no? –no había ningún tipo de emoción en su voz, ni siquiera sorna.

Thanatos se detuvo en eco y miró a todos lados. Vio a Dimitri, que observaba el combate desde la puerta trasera, abierta, y no había ni rastro de la chica pelirroja. Aquello le enfureció. Daba la impresión de que se sentía traicionado. Volvió a saltar sobre Veran, que no se apartó y esperó a su encuentro con las cuchillas preparadas. Volvió a cortar sus extremidades y le hizo apartarse de nuevo. Susurró algo:

- Dile a Brunoi que se encargue de esta mosca pesada… -entendió Dimitri.

Raudo, Dimitri salió al exterior. Nicole le estaba esperando, mordiéndose las uñas con nerviosismo, junto a Brunoi. Al verle salir, a Nicole se le iluminó el rostro, pero volvió a la normalidad al escuchar el tono serio y disciplinario de Dimitri comunicándoles las nuevas ordenes de la comandante. Brunoi asintió y respiró profundamente antes de decidirse a entrar. Pasaron unos pocos segundos hasta que se escuchó la tremenda explosión, que hizo que varios trozos de madera e incluso cajas enteras salieran despedidas por los aires rompiendo ventanas y traspasándolas. Veran salió instantes después acompañada de Brunoi, que cojeaba un poco este último y tenía varias quemaduras en sus ropas. Del interior de la nave salía un humillo que arrastraba consigo el olor a quemado, y nada más. Dimitri no quiso preguntar cómo estaba el seminmortal que les atacó. Veran solo emitió una orden más que nadie revocó:

- Volvamos a casa.