
La chica seguía en estado de shock incluso después de atravesar la puerta de la casa de Dimitri y los suyos. Pensando en el bien de la comandante, Dimitri la alejó lo máximo posible de aquella residencia. Tomaron un autobús para llegar a una solitaria urbanización a las afueras, donde la mayor parte de los edificios estaban aún en construcción. Solo uno estaba en pie, terminado y habiendo sufrido algunas reformas. Era un chalé bien cuidado, y cubierto de forma invisible por un aura caótica que lo hacía pasar desapercibido a ojos mortales.
Dimitri tuvo que guiar a Veran como quién guía a una persona ciega y con cierto retraso mental: tenía los ojos muy abiertos, y murmuraba cosas en voz tan baja que eran imperceptibles incluso a oídos del seminmortal. Verla así le hacia algo de gracia, pero lo disimuló bien. Él conocía de antes a Brunoi, sabía que tenía un gran corazón y que, en su tiempo libre, daba buen uso de él. Veran, en cambio, había recibido un mazazo. Como todos, se había formulado las expectativas equivocadas. Era una recién llegada a un grupo que antes estaba unido y cerrado al resto del mundo. Quizás se había acostumbrado pronto a la personalidad neutra y disciplinada que mostraban las pocas veces que se reunían en torno a ella, siempre a la hora de cumplir una misión.
Dimitri condujo a Veran al interior. Al escuchar el suave portazo a sus espaldas recuperó un poco la cordura:
- ¿Dónde…?
- Es nuestra casa. ¿Quieres tomar algo? –se ofreció el chico.
Veran se masajeó las sienes, encajándose en la realidad poco a poco y con esfuerzo. Intentaba borrar, con ese movimiento la imagen que se le había quedado grabada a fuego en la mente: un Brunoi disfrazado de… y rodeado de…
- Un vaso de agua estará bien. Tengo el estómago revuelto.
- Te lo subo enseguida. ¿Por qué no vas a explorar esto mientras? Es la primera vez que entras aquí –Dimitri le dio un par de palmaditas en la espalda y se dirigió a la cocina haciendo oídos sordos a las vagas quejas de su compañera.
Veran suspiró y obedeció. Cualquier cosa para olvidar aquellas malditas imágenes. Evitó seguir a Dimitri, y se dirigió a la salida contraria del pasillo, hacia las escaleras. Pasó por delante de un amplio salón comedor, pulcro, ordenado y decorado con cuadros de bodegones que despertaron su apetito. Subió al primer piso.
Un corredor en forma de U separaba los dormitorios unos de otros. Quiso entrar en alguno de ellos, pero detuvo su mano a centímetros del picaporte. Era una extraña allí. No debería mirar en las habitaciones de los demás.
Aunque lo que realmente pensaba y temía era que la primera puerta que abriera fuera la habitación de Brunoi o Ashley, llenas de instrumentos, disfraces o, en su defecto, peluches y muebles de color de rosa. Algo totalmente contrario a la imagen que antes tenía de ellos.
- ¡¡Mierda!! ¡Si estoy a nivel 5! –se escuchó gritar a Hyassa no muy lejos de donde ella se encontraba.
Movida por la curiosidad, buscó el origen del grito. Encontró una puerta entreabierta por la que echó un ojo y vio a Hyassa, de espaldas, enfrascada en algo que la ponía nerviosa y la hacía dar golpecitos en el suelo con el pie. Veran llamó a la puerta antes de entrar.
- ¿A qué vienen esos gritos?
Las palabras se quedaron congeladas en su garganta. Hyassa, al escuchar la llamada, se había dado la vuelta sin pensar que pudiera ser ella. Las dos se miraron con los ojos muy abiertos, estudiándose la una a la otra. La mirada de Veran se dirigió irremediablemente hacia la consola portátil que Hyassa tenía en las manos: la misma que la que tenía ella en casa. Volvió a comprobar que se trataba de Hyassa: la chica de piel morena, misteriosa, parca en palabras y que era capaz de desaparecer y viajar a la velocidad de la luz estaba jugando a una videoconsola. A Hyassa le impactó su presencia allí. Nadie ajeno al grupo había entrado en su escondite… La tensión cargaba el ambiente. Veran tragó saliva, y el ruido provocó ecos por toda la estancia. Dio un par de pasos, acercándose a Hyassa. La rodeó y se puso detrás de ella. Hyassa podía sentir su respiración acercándose a su cuello, su cabeza asomó por encima de su hombro. Se quedó mirando fijamente la pantalla. Y entonces dijo:
- ¿Cómo te has conseguido ese equipamiento? Yo también tengo ese Dragon Quest y no he conseguido una armadura en condiciones todavía…
Hyassa expulsó del tirón todo el aire que había estado conteniendo. Se esperaba una bronca. Incluso alguna burla. Después de todo, iba con ropa de andar por casa: unos pantalones cortos y una camisa de manga corta atada justo por encima del ombligo, con algo de escote. Que Veran, al verla así y jugando a una videoconsola no le hubiera dicho nada hiriente, se le antojaba o un milagro o una ida de olla. Algo de la incomodidad que sintió cuando la vio entrar se esfumó. Incluso llegó a esbozar una tímida sonrisa.
- Me he enganchado un poco…
- Yo también voy por esa mazmorra. Sin embargo, con el poco tiempo que tengo no he conseguido encontrar ni la mitad de los tesoros.
Las dos se sentaron en la cama, discutiendo sobre el tema. A las dos se les olvidó totalmente sus propias identidades y la relación existente entre ellas, totalmente absortas. Ni siquiera Dimitri pudo despertarlas cuando se asomó para llevarle el vaso de agua a Veran y algo para picar. En un principio se asustó: ya creía que Veran estaría otra vez aturdida. Se marchó sin decir nada, para evitar romper el afable ambiente que reinaba de pronto entre ambas. Y todo por un videojuego…
Veran se quedó a comer. El mismo Dimitri se encargó de cocinar, y, con la excusa de no molestarlas, les subió la comida a cada una. Todo transcurrió con una relativa y asombrosa tranquilidad hasta que, a media tarde, empezaron a oírse golpes consecutivos y muy rápidos procedentes de la habitación de al lado.
Al principio no le dieron importancia. Las dos chicas continuaron jugando. Los golpes cesaron y volvieron a repetirse. Hacían lo mismo una y otra vez. Llegó un momento en el que ni Hyassa ni Veran pudieron más. Se levantaron y fueron a ver que estaba pasando. Hyassa le explicó que se trataba del dormitorio de Nicole, y que no sabía si se había marchado como los otros o seguía por casa. Veran tragó saliva y se preparó para otra sorpresa más. Por su mente pasaron disfraces, enrevesadas situaciones en las que Nicole podía estar metida. De Nicole, sin embargo, se esperaba cualquier cosa: era la fémina del grupo más simpática y abierta. Cuando Veran se irguió como comandante, Nicole fue la primera en felicitarla y siempre se ofrecía a lo que hiciera falta. También sabía cuando quitarse de en medio, por eso, era la que más le agradaba a Veran, después de Dimitri.
Aquella vez, la puerta estaba cerrada, pero se oía la vocecilla de la chica dentro. Los golpes también habían parado. Hyassa se llevó un dedo a los labios, y sin hacer ruido, entreabierto la puerta muy lentamente, dejando un resquicio por el que ambas seminmortales pudieran discernir el interior.
Era un dormitorio bastante recatado. Junto a la cama con dosel, en lugar de mesilla de noche, Nicole tenía un tocador con espejo. Ella iba vestida de forma amenazadora: con un gabán abierto, las manos en los bolsillos de los vaqueros y una camiseta con un violento mensaje escrito en letras ensangrentadas. Pudieron llegar a distinguirle la expresión: agria, con los ojos entrecerrados y los labios formando una delgada línea. Todo a juego, también, con su pose. No auguraba nada bueno…
- ¡¿Qué me estás mirando?! –dijo con la voz totalmente cambiada, haciéndola ronca y profunda -¿Quieres que te meta? ¿Ah? ¡Te voy a dar una paliza que…!
Se detuvo a mitad de frase, cuando ya tenía la mano alzada sobre su cabeza, dispuesta a destrozar el espejo. Se quedó ahí parada, con un tic en los labios. La expresión amenazadora se deshizo y se convirtió en una mueca acercándose al llanto. Empezó a dar vueltas por la habitación, haciendo uso de su don y aumentando la velocidad a cada revolución. Su chillido, desesperado, se ahogó, pero las dos chicas forzaron sus oídos para entenderlo antes de que se apagara:
- ¡¡No puedo hacerlo!! ¡¡No puedo hacerlo!! ¡¡Yo no soy así!!
Hyassa miró a Veran. Ésta ya le había contado lo que le había ocurrido con Brunoi y Ashley, y temió que lo de Nicole fuera la gota que colmó el vaso. Sin embargo, la encontró luchando por no reírse, aunque apenas lo conseguía. A Hyassa se le contagió.
Nicole se detuvo en seco cuando a sus oídos llegó el sonido de las carcajadas. Medio llorando, salió al pasillo y se encontró a Veran y Hyassa riéndose a mandíbula batiente. Se sonrojó, sabiéndose descubierta. Medio enfadada, medio contagiada por la risa, no supo que decir. Veran fue la que, haciendo acopio de fuerzas y apoyada contra la pared, se acercó a ella y le puso la mano en el hombro.
- Nicole, si quieres dar miedo, solo tienes que disfrazarte de tuno y abrazar a un peluche gigante mientras juegas a la consola… -volvió a echarse a reír. La situación era bastante absurda.
Hyassa, que consiguió recuperar el aplomo, le explicó a Nicole lo que le había sucedido a Veran y lo que había descubierto. Recuperadas todas, Dimitri hizo acto de presencia para comunicarles que Brunoi y Ashley ya habían vuelto, y que la cena estaba lista. Veran hizo el ademán de marcharse, pero Dimitri y Nicole la cogieron por ambos brazos y la obligaron a quedarse. Ella no se resistió. Se había olvidado, de pronto, de todas las penurias que pudieran pasársele por la cabeza y en su lugar se dio cuenta de que se estaba divirtiendo, y no lo estaba haciendo sola. Algo así no le había ocurrida antes… y sintió la necesidad de seguir allí con ellos.
La cena también fue bastante movida. Dimitri le cuchicheó a Veran que fingiera que seguía sin saber nada de las intimidades de los miembros de Alas Negras, pero aún así, su presencia fue motivo de sospecha. Al menos, por parte de Ashley, que era reticente a tratar con ella y le lanzó un par de pullas a lo largo de la comida. El resto de miembros estaban muy animados al ser la primera vez que tenían una invitada. Hubo chistes, bromas y charlas en un ambiente tan distendido que incluso Veran se atrevió a participar.
Al terminar el postre, Dimitri sacó las bebidas. El chico se levantó para anunciar algo antes de que empezaran a beber:
- Señores y señoritas, tengo algo que anunciaros –se inclinó en dirección a Veran, provocando así que las atenciones de los presentes cayeras sobre ella -. Esta tarde he recibido una llamada de Lady Mégara. He de admitirlo y disculparme por habéroslo ocultado tanto tiempo –Dimitri hizo un gesto dramático -: en cuanto Alas Negras se completó, he estado mandando solicitudes a la organización y por fin las han aceptado: ¡a partir de la semana que viene, nuestra comandante Veran vivirá con nosotros!
Todos aplaudieron excepto Veran, que casi se atragantó. Tiró de Dimitri hacía ella:
- ¡¿Se puede saber qué estás diciendo?! –le susurró ella con tono amenazante, aprovechando que el resto del grupo estaban distraídos discutiendo entre ellos la noticia -. Yo ya había pedido la reubicación antes, pero no era para venirme aquí con vosotros. ¡Sigo siendo una…!
- ¿Una extraña, ibas a decir? –completó Dimitri con una sonrisa de oreja a oreja -. ¿Sigues opinando lo mismo después del día de hoy?
Veran guardó silencio, desarmada. Dimitri le guiñó un ojo con picardía y ofició el brindis, en el que Veran participó guardándose para sus adentros su verdadera opinión al respecto. Sus ojos se pasearon por las cabezas de todos los presentes. No era que la idea de vivir con ellos no el gustase, pero su petición de reubicación iba por otros derroteros. Anotoó en su mente que, al día siguiente, tenía que ver a Kadok para comentarle las nuevas. No le iba a hacer mucha gracia, pero ya encontrarían alguna solución.
En aquellos momentos se le pasó un solo pensamiento por su cabeza: fugaz y a la vez permanente, que nunca antes había tenido con tanta fuerza: quería estar con los suyos.
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Dedicado a: Jose (que ya te vale. ¡Quiero un aumento de salario! ¡Un 50% más de besos, amor y cariño! ^^) y a Andreu Romero (http://inenarrables.blogspot.com), ilustrador oficial en particular y grande en general ;)




