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martes, 18 de mayo de 2010

Crónicas del Caos - Capítulo Especial Cumpleaños - II parte


La tarde era apacible y veraniega, para nada propia de la época. La gente, que la había aguardado con ansiedad, escondidos en sus casas, aprovechaba cualquier resquicio de buen tiempo para poner pies en polvorosa de la ciudad o recorrer sus callejuelas bajo un sol que les acariciaba con cariño.

Las terrazas de bares y cafeterías estaban abarrotadas. Theresia tuvo suerte, y consiguió encontrar un hueco donde sentarse junto a Nicómedes. Había pasado una semana desde su desagradable encuentro con Veran. Una semana en la que Nicómedes no le había visto el pelo: metida en la biblioteca, consultando informes antiguos o solicitando entrevistas con los lores. Nico había insistido en aquel encuentro, Y Theresia vio una puerta abierta por donde colarse: una fuente que ayudaría a su investigación.

- ¿Se puede saber dónde te metes? –le preguntó Nicómedes, haciendo una pausa para pedirle al camarero un par de refrescos –Pensaba que te gustaba la experiencia de campo…

- He estado estudiando –Theresia entrecerró los ojos. Pese a su pamela, el sol le daba de lleno en los ojos.

- ¿Aún más? –Nicómedes se rió –Ya conseguiste la mejor nota de la promoción en tu iniciación. Con lo que has conseguido, puedes acceder a cualquier departamento que te propongas.

Theresia calló. El camarero había regresado, y esperó a que se marchara para seguir hablando. Nicómedes aprovechó para dejar la cuenta ya pagada, invitándola.

- En eso te equivocas. No puedo entrar en todos los departamentos. Hay uno que…

La mirada de Nicómedes se ensombreció de tal manera que a Theresia le recorrió un escalofrío.

- ¿Cuál es ese departamento? ¿Exorcismos? –Nico se dio cuenta, y empezó a beber para borrar la siniestra expresión de su rostro.

- Operaciones Especiales.

Nicómedes se atragantó, pero mantuvo el tipo.

- Ahí solo permiten a gente que ya tenga experiencia en otros departamentos… -la intensa mirada de Theresia se le clavó, expectante -. Además, su jefe es muy exigente.

- Veran fue tu aprendiza, ¿verdad?

Se sintió atrapado. Era lo que Theresia había estado buscando. Nicómedes, pensándose su respuesta, se puso a juguetear con los hielos de su vaso. La chica no había tocado el refresco.

- No quiero hablar de ello…

- ¡Pero yo si! - insistió -. Sé que eres muy profesional, y nunca das información de tus antiguos aprendices para no caer en el riesgo de que les ocurra nada malo, pero es por una buena causa.

- Theresia, todo lo relacionado con esa seminmortal nunca termina bien. Olvídala.

- ¡¿Por qué?! –Nicómedes no respondió.

A Theresia empezaron a temblarle las manos. Se sentía contrariada. Formaba parte de ella. De su personalidad. Ser la mejor, ser perfecta. Valer para todo. Sentirse útil. Y aquella chica le había hecho ver que para ella no lo era. Operaciones especiales se encargaba de mantener a salvo a toda la organización, de enfrentarse a peligros que ningún otro seminmortal era capaz de afrontar. Ella quería formar parte de eso.

Veran era el principal obstáculo de su sueño. Había investigado sobre ella. Los suyos eran los únicos informes de acceso restringido. Solo dos tipos de personas tenían acceso a ellos: los inmortales, y Nicómedes.

Por eso, después de recorrer todas las vías que se le ocurrieron para llegar hasta ellos, sin resultado, acabó recurriendo a Nicómedes.

- Me encontré con ella –admitió, mordiéndose el labio. Sentía que se lo estaba jugando todo con esa confesión -. Hace una semana.

Aquellas palabras parecieron irritar aún más a Nicómedes.

- ¿Qué tu…? ¿En qué estabas pensando?

- ¡No lo hice queriendo! –se excusó, inclinándose en la mesa adquiriendo un tono confidencial -. Fue un accidente. Iba a marcharme, cuando toda la entrada se llenó de gente. ¡La admiraban!

- Porque solo conocen lo que ella quiere que conozcan de ella. No vuelvas a acercarte a ella. Te lo ordeno como tu superior –agregó antes de que Theresia abriera la boca para rechistar.

Theresia se dejó caer en su asiento y tomó de dos sorbos su bebida. Quedaron los dos sumidos en un tenso silencio que ponía nervioso a Nicómedes. Se sentía mal por tener que ser tan brusco, y más con ella.

- ¿Por qué la temes tanto? –Dijo casi en un susurro, mirando hacia otro lado con la mirada perdida -. ¿Por qué sus informes son secretos? Es como si la estuvieran protegiendo, o…

Nicómedes suspiró, contemplándola. Sabía que el rechazo la destrozaba. Compartir con ella algunos detalles no haría daño a nadie…

- Su don es único de verdad –Theresia salió de su ensimismamiento y le escuchó con atención, con la boca medio abierta -. Es una de las agentes más poderosas de la organización… y está amargada.

- ¿Amargada? No creía que juzgaras a la gente…

- Y no la juzgo. Conozco su situación. Sé cómo llegó a la Orden, lo que hizo antes y lo que hizo después. Si a mi me hubiera pasado… supongo que estaría igual que ella.

- Pero, ¿qué fue lo que pasó? –Theresia se volvió a inclinar hacia él, carcomida por la curiosidad.

- No estoy autorizado a decirlo –la chica hizo un mohín que le arrancó una sonrisa a Nicómedes que se apresuró a guardar -… La Organización se ha encargado de arrebatarle a odas las personas importantes de su vida.

- ¿Te refieres a pareja?

Nicómedes dejó entrever una media sonrisa.

- Ojala fuera tan simple. La única pareja que ha tenido Veran y de la que yo tengo constancia trabaja en la Orden –se tomó el último trago de su refresco -. Lo que te estoy contando no puede salir de aquí.

- ¡Jamás! –la chica meneó la cabeza y las manos con ahínco.

Nicómedes se levantó. Rodeó la mesa hasta ponerse detrás de ella y le susurró al oído:

- Sois como la noche y el día. No os habéis cruzado, vuestros puntos de vista son distintos, pero os presentáis ante la misma gente – Theresia se sentía enrojecer. Las manos le temblaban al mismo ritmo que su corazón. Se sentía apocada a la vez que escuchaba sin perderse detalle las palabras de su maestro -. Lo que te estoy contando es alto secreto, pero la persona que ha convertido a Veran en lo que hoy es, sigue con vida pese a los intentos de la organización de lo contrario, y se ha cruzado contigo más de una vez. Nos vemos la semana que viene…

Theresia se volvió cuando dejó de sentir el aliento de Nicómedes en su oído, pero el chico ya no estaba. Se había perdido entre la gente. En su interior, su cabeza funcionaba al máximo rendimiento. La declaración de Nicómedes le había sentado como un jarro de agua fría.

Salió corriendo. Buscó un lugar donde escabullirse del gentío, y encontró una callejuela vacía. Sacó el móvil de su diminuto bolso, y buscó el teléfono de contacto con la organización. Una seminmortal de voz fría y repetitiva le respondió:

- Quiero hablar con la comandante de las fuerzas de Operaciones Especiales. Es urgente.

Un minuto después…

- ¿Si?

- Sé algo sobre Alex que quizás te interese… ¿Dónde y cuándo te apetece que nos veamos…?

martes, 11 de mayo de 2010

Crónicas del Caos - Capitulo especial "cumpleaños" - I parte


El vestido, tan etéreo y frágil como su apariencia, era igual de blanco que sus ojos. Sus cabellos rubios volaban al son de su falda, mecidos por el viento creado de la destrucción. El techo se caía a pedazos y el suelo temblaba bajo sus pies descalzos. Ella no se movió. Aguardaba su momento.

Un ser antropomorfo, un fantasma, lo iba destruyendo todo a su paso por el corredor. Iba en su busca. La chica miraba sin ver, esperando el irrefrenable choque. Otra figura adelantó a la criatura, esquivando los restos. La cogió de la cintura y continuó su carrera, salvándola de un pedazo de roca que cayó justo en el sitio en el que había estado parada. El chico se encogió y protegió su cabeza con la mano cuando atravesaron la ventana. Sobrevolaron el vacío entre los dos edificios y cayeron rodando en la azotea. El golpe había sido brutal, y el seminmortal tardó unos pocos segundos en recuperarse. Para cuando lo hizo, la chica ya no estaba entre sus brazos.

- ¡Eh! –la buscó en derredor. Estaba de pie, con los brazos extendidos en cruz y contemplando el piso que se caía - ¡Déjalo! ¡Llamaremos a los refuerzos!

- ¡No, Nicómedes! –rechazó la chica -¡Puedo hacerlo!

Bajo un espantoso estruendo, la vivienda quedó sepultada entre escombros. Varias grietas se abrieron en el piso inferior, pero resistió.

El fantasma volvió a hacer acto de presencia. De pie sobre los restos, dejó entrever dos colmillos ensangrentados, más que su propia piel, y que al distinguirlos corrió en su dirección. La chica se concentró.

- ¡Theresia, déjalo! ¡Es más fuerte que lo que has visto en tus entrenamientos!

Theresia no contestó. Sin emitir sonido alguno, movió los labios invitando al fantasma a acudir a ella. El ente agotó hasta el último centímetro de superficie antes de saltar a su encuentro. Recorrió volando, en pesada caída, la distancia que les separaba.

La pálida luz nocturna acrecentó aún más la blancura de la piel y el vestido de Theresia, y contagió al espíritu durante su descenso. La fingida sangre emblanqueció, y su expresión, despiadada y tosca, se convirtió en un fiel espejo de la de Theresia. En un abrir y cerrar de ojos, los cuerpos de una y de otro pasaron a ser uno solo. La chica retrocedió por la fuerza de la inercia, hasta caer al suelo. Nicómedes corrió a su encuentro.

- ¡Theresia! ¿Estás bien? –la ayudó a levantarse.

La chica tenía la mirada perdida. Su cuerpo se dejaba guiar dulcemente por él. Nicómedes supo que en su interior se estaba desarrollando la auténtica lucha; el exorcismo.

Ese era su don: absorber con su cuerpo el plano espectral. Su cuerpo, flácido, no se sostuvo en pie y Nicómedes se vio obligado a cogerla en brazos. Su temperatura corporal había aumentado: su alma, su caos interno, era lo más parecido a un horno crematorio para los fantasmas. Tardó pocos segundos en regresar a la realidad y a la normalidad. Rodeó el cuello de Nicómedes con sus bracitos escuálidos.

- Deberías confiar más en mi, Nico –le dijo con una sonrisa satisfecha -. Esa es la clave de toda relación.

* * *

Superó su iniciación con una nota media de cinco. Sabía defenderse en cualquier campo, pero no sobresalía en ninguno. Y eso la hacía sentir fatal. Su maestro, Nicómedes, había estado ahí, apoyándola desde el principio hasta el final. Ante los resultados, el consejo de inmortales de la Orden se tomó su tiempo para pensar donde asignarla. La respuesta todavía se hacía esperar. Mientras tanto, Theresia seguía a Nico a todas partes, realizando misiones a escondidas como entrenamiento. Aprovechaba sus ratos libres para estudiarse voluminosos volúmenes sobre todo tipo de materias. Todas le gustaban, pero no se veía trabajando en ninguna de ellas.

Sus paseos por la sede eran constantes. Casi podía decirse que vivía allí. Llegaba bien temprano por la mañana y salía bien tarde por la noche, cuando quedaba con Nicómedes a escondidas. Se pasaba los días en la biblioteca. Una de las veces que decidió tomarse un breve descanso para tomar algo entre lectura y lectura, se encontró en medio de una increíble algarabía. Los seminmortales se agolpaban y corrían hacia la entrada. Intrigada por el revuelo, Theresia escuchó a un par de agentes que hablaban entre ellos:

- ¡Yo he conocido a la gran Veran en persona!

- ¡Solo te dio un empujón en un pasillo!

- ¿Y qué? ¡Uso su famosa fuerza para apartarme de su camino! ¡¿No es genial?!

No era la primera vez que había oído hablar de ella. Una vez se le escapó su nombre a Nicómedes, antes de sumirse en un profundo silencio con la mirada pérdida. No había vuelto a nombrarla, y tampoco quiso investigar más. Ahora, viendo como se dirigían hacia ella y la cantidad de atenciones que acaparaba, sentía curiosidad. Se escurrió entre el gentío pidiendo disculpas y con dificultad, con miedo de hacerle daño a alguien.

Entonces estallaron los gritos. La multitud enloqueció. Los murmullos de admiración crecieron cuando una seminmortal, esbozada en un abrigo oscuro y con gafas de sol entró en la recepción. Theresia consiguió abrirse paso hasta segunda fila. Se aupó para poder verla mejor.

No vio el motivo de tanto jaleo. Solo era una seminmortal con ropa formal y expresión agria. Le seguía un joven pálido, también con gafas de sol y bastante atractivo que sonreía a los presentes como si toda aquella atención fuera para él. Veran le miró una sola vez, bufó irritada y se quitó las gafas de sol para reprenderle con la mirada. El chico se encogió de hombros y siguieron su marcha hasta las escaleras. A Theresia le resultaba imposible no escuchar a la gente que tenía a su alrededor:

- ¡¿Has visto eso?! Acababan de volver de una misión. ¿Le habrán dado una paliza a los de Iehova?

- ¡Es la primera seminmortal que se hace con el control de un departamento! Dicen que lo crearon solo para ella…

- ¡El grupo de fuerzas especiales es de lo mejor que tenemos! Normal que sean tan escrupulosos a la hora de coger gente. Desde luego, ese chico, Dimitry, se lo merecía…

Theresia se mordió el labio. Sentía un desagradable cosquilleo en el estómago. La desesperada necesidad de hacer algo. Se alejó de la gente y, después de meditarlo mucho, se coló por las escaleras de emergencia.

A las iniciaciones acudían siempre las cabezas de todos los departamentos de la organización. A la suya, se habían presentado todos menos ella. Nicómedes no quería ni mencionarla, la gente la admiraba… Y todo eso la escamaba y a la vez la atraía. ¿Y si era ese el departamento al que debía pertenecer? ¿Era aquello una señal?

Casi se tropezó con el último escalón cuando, justo al llegar a la planta de los despachos, escuchó unos pasos acercándose. Se escondió detrás de la pared, aguzando el oído. La voz brusca de Veran se dirigía al chico que le acompañaba:

- Daría lo que fuera por que los quemasen a todos…

- No deberías hablar así con todo el jaleo que se está montando con las hermandades. Podrían tomarte por…

- ¿Por alguien a quién le molesta tanto idiota junto? –su acompañante se rió -. ¡A mi no me hace gracia! ¡Hablo en serio!

Theresia decidió salir en ese momento, después de reunir todo el valor y la seguridad que pudo. Veran calló, y los dos la miraron. Todo el aplomo de Theresia se escondió ante la penetrante mirada de la chica, cuyos párpados medio caídos dejaban entrever que estaba más que cansada y sin humor para ver a nadie.

- ¿Te molo? –le dijo con tono desagradable -. ¿Quieres un autógrafo, vas a ponerte a chillar y a levantarte la camisa? ¿Qué quieres?

Theresia boqueó sin que ninguna palabra concreta acudiera a su garganta. De pronto, tenía la mente en blanco. ¿Qué quería decirle? ¿Por qué se había puesto tan nerviosa y había salido corriendo en su busca? Veran bufó elevando los ojos al cielo.

- ¡Encima una mudita! Encárgate de ella, ¿quieres, Dimitry? –Veran se encerró en su despacho.

- ¡Espera! –demasiado tarde. Theresia suspiró y agachó la cabeza.

- Discúlpala. No le gusta llamar la atención –la excusó Dimitry -. ¿Te puedo ayudar en algo?

Theresia negó con la cabeza con otro suspiro de profundo pesar. Dio media vuelta para marcharse. La mano de Dimitry se posó en su hombro, deteniéndola.

- Si quieres hablar con ella, tendrás que ser en otro momento. Pero puedo dejarle el recado, y acelerar un poco las cosas.

Se quitó las gafas como prueba de su sinceridad. Seguía sin saber qué podía decirle. Así que le dijo lo primero que se le ocurrió:

- ¿Puede decirle que aguarde a que me prepare un poco? No tardaré mucho.

Se dio media vuelta y se fue corriendo escaleras abajo. Con los puños apretados y llena de determinación. Se sentía ofendida, e incluso humillada, por la forma en la que se había dirigido a ella. O más bien, como la había evitado. Para empezar, Veran tendría que haber estado en su iniciación, haberla evaluado y estudiado la posibilidad de dejarla entrar bajo su mando. Ahora que la conocía mejor, no quería formar parte de su departamento. ¡Pero no era así como se hacían las cosas!


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Bueno, pues aunque llegue con retraso, os dejamos con un capitulo especial por motivo del cumpleaños de uno de los miembros del Yayteam. Está subido también a Historiasdelcaos.blogspot.com.


Estos 3 capítulos, como su nombre indica, son especiales. No tienen nada que ver con la trama principal, que continuará en breve en cuanto Kraric recupere un poco de su tiempo.