
La noche, fría y nublada, se cerró sobre nuestras cabezas cuando ya nos poníamos en marcha. El grupo al completo formaron una comitiva siniestra, embutidos en los pesados abrigos, y que en el más absoluto de los silencios desfiló rumbo a su destino sin despertar la atención de ningún testigo.
Tomaron una vieja carretera asfaltada de hielo, por la que ya no pasaba nadie. Pronto deslumbrarían la verja metálica y descuidada que franqueaba la entrada al complejo: un almacén perdido y en desuso, donde ni los ladrones tenían interés.
Quién iba en cabeza de la fila hizo una señal con el brazo que la noche se tragó. La última persona de la fila se separó del resto y echó a correr en dirección al almacén. El grupo se detuvo y esperó a su compañera, que se había desvanecido de pronto bajo un haz de luz de luna…
* * *
Mientras se acercaba, Hyassa mantenía sus sentidos alerta. Olvidó a sus compañeros y se centró en la misión, en el presente. Percibió su propio cuerpo como si fuera lo único que existía: cada hueso, cada músculo, cada centímetro de piel… Hizo memoria de su aspecto con total precisión y la mantuvo ahí, en su mente. Buscó una fuente de luz, se situó debajo de ella e invocó a su don único. En un abrir y cerrar de ojos, no quedó nada de ella. Al menos, nada visible.
Era un punto. Un punto minúsculo. Una miserable partícula de luz que se movía al son de sus compañeros pero con un destino fijo: el interior de la nave. Su consciencia era lo único que le quedaba de su anterior forma humana. Una consciencia dividida en fotones que mantenía cerca gracias a su caos.
La corriente de fotones se dirigió rauda hacia una de tantas ventanas rotas y se dejó guiar. Los hilillos de caos que sustentaban el resto de sus partículas se tensaron, presagiando la presencia de más caos que no era el suyo. Dejó que esa tensión la guiase. Notó que se deslizaba por una rendija del suelo, muy estrecha, lo cual hizo que los hilos de caos retemblaran y la asustasen. Alejándose un poco de la señal de caos, se desvió del trayecto e invirtió el proceso de transformación, recuperando su forma humana y escondiéndose tras una pila de cajas. Comprobó, no sin cierto miedo, que todo estaba en su sitio. Solo había sido un susto…
Quiso volver a usar su habilidad, pero un suave susurro y unos pasos acercándose la detuvieron. Se ocultó tras las cajas y escuchó atentamente, asomándose un poco para intentar discernir quién era.
Era una chica menuda, de melena pelirroja y corta que brillaba en la tenue luz. Llevaba lo que Hyassa creyó que era un libro entre las manos, y del cual la chica no apartó la vista. Sin embargo, las páginas volaban, como si solo necesitase echarles un breve vistazo para quedarse con toda la información que poseían sus letras.
La joven seminmortal pasó por delante de las cajas sin darse cuenta de la presencia de Hyassa, que esperó a que se alejase un poco para seguir espiándola. Se llevó un buen susto cuando la chica se detuvo en seco de pronto, cerró el libro de golpe y regresó corriendo en la dirección por la que se había acercado. Hyassa la siguió con la mirada, pero la chica desapareció tras una puerta que dejó entreabierta.
Esperó un rato antes de acercarse. La pelirroja no volvió a salir, pero se la escuchaba intercambiar murmullos ahogados con otro individuo. Hyassa, en total silencio, se acercó a la puerta, pegándose a la pared. Al mirar a través del resquicio, descubrió al acompañante de la pelirroja: un niño de cabello revuelto que la escuchaba atentamente mientras se calentaba las manos en una pequeña hoguera. Ante el asombro de la intrusa, la chica arrojó el libro que había estado ojeando a las llamas, que se alimentaron de él sin contemplaciones. ¿Se habían enterado de las intenciones de
Rauda, Hyassa volvió a hacer uso de su habilidad para convertirse en fotón y salir de allí igual que había entrado para avisar a los suyos…
* * *
El grupo, ya disperso y preparado, aguardaba el regreso de su compañera con el corazón en un puño. Dimitri y Ashley habían descubierto la entrada trasera cuya existencia ya había sido expuesta en el informe inicial de la misión, y estaban apostados a la espera de una señal. Nicole montaba guardia haciendo uso de su habilidad y corriendo en circulo a una distancia prudencial, asegurándose de que nada ni nadie traspasaba el perímetro ni había seguridad alrededor del recinto. Veran y Brunoi esperaban cerca de la puerta principal, sin cruzar siquiera las miradas.
Cuando Hyassa salió al exterior tras media hora de espera, ninguno de ellos se dio cuenta hasta que ella misma no apareció de repente detrás de Veran y procedió a informar con voz queda:
- En el subsuelo. Hay una entrada secreta en el ala este de la nave. Son dos: un chico con pinta de niño y una chica pelirroja. Los he visto quemar libros que bien podrían ser los documentos que buscamos.
- Entonces debemos darnos prisa. ¡Nicole! –llamó Veran en voz baja cuando una centella pasó por detrás de ellos -. ¡Avisa a Dimitri! ¡La operación comienza ya! Hyassa, sígueme y en caso de que necesitemos apoyo te encargarás de buscar a Brunoi y Ashley.
Y sin más, Veran se puso en movimiento con Hyassa detrás.
* * *
Dimitri ya había perdido la cuenta de las veces que había visto pasar, por el rabillo del ojo y casi como una centella, a Nicole por detrás de él y de Ashley, situados al lado norte del recinto. En una de esas pasadas, le llegó el susurro de la chica transportado por el gélido aliento de la noche:
- ¡La operación comienza ya!
Dimitri no esperó a oír más. Con un gesto mandó a Ashley guardar su posición y recorrió la distancia que le separaba de la entrada trasera de la nave en carrera. Sentía su propio aliento mezclándose con el viento congelado y chocando con su rostro, colándose por su nariz. Le hacía sentir vivo, y quería que siguiera estando así.
Se pegó a la pared y comprobó cada flanco antes de romper el candado que sellaba la entrada y penetrar en el almacén.
El interior olía a cerrado y a años. Encima de ambos, Dimitri también percibió el olor a quemado, pero muy ligero, formando una fina manta que cubría a cualquier otro. Estaba muy oscuro, pero su visión en seguida se adaptó al contorno de las cajas y otros enseres allí apilados y cubiertos de polvo.
- Veran está al otro lado –escuchó un susurro detrás de él que le hizo volverse y toparse con Hyassa, que acababa de aparecerse semiagachada -. Son dos, están en el subsuelo y están quemando libros. La entrada esta en la parte este, en el suelo.
Dimitri asintió con gesto casi imperceptible, y Hyassa volvió a desaparecer ante sus ojos. Discernió un par de siluetas moviéndose al otro lado de la nave, sin hacer ruido. Dimitri las imitó, acercándose a la zona que Hyassa le había indicado.
Aquí, las cajas eran más grandes, de su mismo tamaño. Se apilaban en filas, ninguna se situaba sobre otra. Se pegó a la pared y continuó caminando al mismo ritmo al que se acercaban las siluetas a él. Percibía la mirada penetrante de Hyassa clavada en él, y pronto se la encontró frente a frente, junto a Veran, cuya atención estaba centrada en la hilera de cajones.
- ¿Es aquí? –preguntó la comandante en voz baja.
- Si –fue la respuesta lacónica de Hyassa.
Veran intercambió una rápida mirada con Dimitri, y entre ambos removieron las cajas intentando no hacer ruido. Cada una de ellas pesaba lo mismo que un cadáver, pero el caos facilitaba las cosas. Fue Veran quien se topó con la única caja que no pesaba nada, y bajo la cual, un minúsculo haz de luz rompió el manto oscuro que los envolvía. Era una oquedad lo suficientemente grande como para meter los dedos y levantar la placa de chapa que cubría aquella entrada secreta, proceso que llevó a cabo Dimitri, dejando al descubierto una escalera de hierro que descendía hasta un pasaje de roca.
Dimitri bajó después de asegurarse de que no había moros en la costa: el pasillo era angosto, y solo podía recorrerse en una dirección. La luz juguetona de unas antorchas defendían el lugar de las danzarinas sombras, y a lo lejos, se escuchaba cierto crepitar. Había unas cajas delante de la escalinata, que el grupo usó para asegurarse de que el camino estaba despejado. Veran le susurró unas instrucciones a Hyassa que Dimitri no llegó a entender, pero la chica misteriosa de morena piel volvió a desvanecerse como si jamás hubiera existido.
Dimitri echó a andar, pero Veran le detuvo cogiéndole del brazo y lanzándole una mirada significativa. Obediente, Dimitri retrocedió y dejó trabajar a la comandante, que se aclaró la garganta y su brusca voz surgió como un torrente:
- Hemos venido a por la información que guardáis, agentes de Iehova. Vosotros decidís si hemos venido por las buenas, o por las malas. ¡Salid!
Los cuchicheos cesaron, y Dimitri se sintió objetivo de miradas temblorosas. Miradas que asomaban a través de la puerta entreabierta del final del pasillo, y que con un quejido, se abrió de par en par, muy despacio, ante una chiquilla. Era bajita, y tenía una melena corta de un fuerte color rojo fuego. Sus ojillos azules volaban de uno a otro, reflejando su miedo en ellos. Sus temblores eran perceptibles a través del pesado abrigo con la capucha bajada que la cubría. Dimitri estudió su aura, de un azul inmaculado, claro y limpio, no activo. No había nada que temer de ella, y así se lo expresó a su jefa con un gesto. Veran lo captó de reojo y se acercó a la chica.
- Si nos das lo que buscamos, nos iremos y aquí no habrá pasado nada.
- No puedo hacerlo… -susurró retrocediendo. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos -. No existen…
- ¿Los habeis quemado, verdad? –Veran recorrió lo poco que la distanciaba de ella y la agarró bruscamente del brazo, obligándola a mirarla a los ojos.
- ¡¡No!! Esos documentos no existen…¡No sé de que me hablas! –lloraba la pelirroja a lágrima viva.
- Dimitri, entra ahí y búscalos, por favor –Veran empujó a la chica contra la pared y la sujetó para dejarle paso a su acompañante.
Dimitri, que prefería no mirar, obedeció sin rechistar. Penetró en la sala, una estancia pequeña con una hoguera encendida en el centro, alrededor de la cual se disponían dos sacos de dormir deshechos. En las paredes se repartían algunas estanterías de hierro sobre las cuales reposaban una multitud de libros. Dimitri hizo oídos sordos al brusco interrogatorio que Veran estaba llevando a cabo con la seminmortal de Iehova y pasó el dedo por los lomos de aquellos deslustrados ejemplares: cuentos, cuentos y más cuentos. Abrió algunos y rebuscó en su interior, pero allí no había nada relacionado con la organización. ¿Se habrían equivocado?
- Comandante, aquí no hay… -se cortó cuando su vista volvió a los sacos de dormir. Había dos. Y allí, en aquella habitación cerrada, solo encontraron a la chica. Hyassa también les había advertido de que había dos individuos allí. ¿Dónde estaba el otro? –Comandante, falta uno.
Al salir al pasillo, se topó frente a frente con Veran, cuyos ojos, de un rojo encendido, destellaban ira. Tragó saliva y bajó la vista hasta la muchacha que habían encontrado, que ahora estaba inconsciente y Veran la sujetaba por el cuello del abrigo como si fuera un fardo.
- Ya tenemos lo que hemos venido a buscar. Vámonos.
Dimitri, que en ningún momento había cuestionado a su comandante, se sentía decepcionado. Nunca la imaginó capaz de hacer algo así…
- ¿Cómo dice?
- Su don único. Ésta –señaló Veran moviendo un poco a la chica –es la fuente de información que hemos venido a buscar.
Su tono no admitía replica. Si ella decía que habían ido a buscar a aquella muchacha, es que habían ido a buscarla.
- ¿Y qué hay del otro?
- Ya tenemos lo que queremos. Así que podemos irnos. ¿La llevas tu?
Dimitri suspiró con cierto alivio. Ver a Veran cargar con aquella chica indefensa de forma tan insensible le partía el alma en cierto modo. Se acercó y cogió a la pelirroja en brazos. Pesaba muy poco, pero para subir las escalerillas, Veran tuvo que ayudarle elevando a la seminmortal de forma fantasmal y usando su caos. Una vez arriba, en la nave, volvieron a cerrar la entrada y emprendieron el camino de regreso. Sin embargo, la puerta delantera estaba cerrada. Y la puerta trasera también. Veran, extrañada, golpeó con el puño un par de veces la pared, intentando llamar la atención de los compañeros que quedaron fuera, pero no hubo respuesta del exterior.
No así del interior…
Unas pisadas surgieron de la nada y empezaron a acercarse a la pareja desde atrás. Dimitri se giró y escudriñó en la oscuridad. Otro tanto hizo Veran, y ambos encontraron al agente de Iehova que faltaba.
Medía la mitad que Dimitri. Su crecimiento se había detenido a los trece años. Su cabello, de un blanco inmaculado, relucía en mitad de la oscuridad como un faro en una noche de tormenta, despeinado. Llevaba un sencillo poncho como protección ante el frío invernal, y su aura, según notó Dimitri, era mucho más fuerte que la de la rehén. Su sonrisa de niño dejaba traslucir una dentadura perfecta y perlada, dirigida sobre todo a Veran, que había empalidecido más de lo normal.
- ¿Así es como te acuerdas de los viejos amigos, Veran? ¿Dónde quedaron esos tiempos en la casa de los Black?
Las enigmáticas palabras del chico hicieron que el gesto de la comandante se ensombreciera. Había recuperado el aplomo perdido por la impresión de un plumazo, y con creces. Dimitri esperó las palabras mágicas.
- Dimitri –y llegaron –Tu busca una salida. Yo me encargo de él –pero no eran lo que él esperaba.
- Comandante… -empezó a quejarse, pero la mirada de Veran no dejó lugar a réplicas.
Dimitri obedeció y pasó con total naturalidad al lado de ambos, en dirección a la puerta trasera que empezaba a abrirse dejando entrar el frío. Al llegar, Dimitri se encontró con Hyassa y Ashley. Dimitri le tendió a esta última a la muchacha pelirroja que llevaba en brazos:
- Nos la llevamos –Ashley se quedó boquiabierta -. No quiero preguntas. Volved las dos al refugio. Que Nicole y Brunoi se preparen para intervenir aquí a mi señal.
- No puedo dejar que te lleves a Rawlings, Veran –escuchó Dimitri a sus espaldas -. Permíteme que te enseñe lo que he aprendido después de tu marcha…
- Thanatos, no he venido a por ti. Sal de aquí ahora que puedes.
- No quisiste enseñarme nada cuando nos conocimos. Ahora te enseñaré lo que he aprendido en tu ausencia. ¡Al seminmortal tan poderoso que dejaste atrás!
Dimitri se volvió justo a tiempo de ver como el chico se abalanzaba sobre la comandante. Sus manos se habían convertido en unas zarpas de afiladas uñas que buscaron desesperadamente la piel de Veran. Ella se había apartado a tiempo de un brinco hacia atrás, cogiendo impulso mientras aguardaba a que su atacante volviera a tocar el suelo. Y cuando lo hizo, Veran llegó hasta él a una velocidad vertiginosa y, con el característico brillo que la oscuridad daba a sus cuchillas, cortó con ellas el brazo del tal Thanatos. El muchacho se apartó de un salto y quedó a cuatro patas. Dimitri se percató de que hacía unas muecas muy extrañas, como si fuera un ratón. Los ojos de Veran habían perdido todo el brillo y bloqueaban el rastro de cualquier emoción. Balanceaba sus brazos en un vaivén laxo, otorgándole una apariencia inquietante.
- No puedo dejar que os llevéis a Rawlings…
Veran ladeó la cabeza sin variar la expresión.
- ¿Ya es un poco tarde, ¿no? –no había ningún tipo de emoción en su voz, ni siquiera sorna.
Thanatos se detuvo en eco y miró a todos lados. Vio a Dimitri, que observaba el combate desde la puerta trasera, abierta, y no había ni rastro de la chica pelirroja. Aquello le enfureció. Daba la impresión de que se sentía traicionado. Volvió a saltar sobre Veran, que no se apartó y esperó a su encuentro con las cuchillas preparadas. Volvió a cortar sus extremidades y le hizo apartarse de nuevo. Susurró algo:
- Dile a Brunoi que se encargue de esta mosca pesada… -entendió Dimitri.
Raudo, Dimitri salió al exterior. Nicole le estaba esperando, mordiéndose las uñas con nerviosismo, junto a Brunoi. Al verle salir, a Nicole se le iluminó el rostro, pero volvió a la normalidad al escuchar el tono serio y disciplinario de Dimitri comunicándoles las nuevas ordenes de la comandante. Brunoi asintió y respiró profundamente antes de decidirse a entrar. Pasaron unos pocos segundos hasta que se escuchó la tremenda explosión, que hizo que varios trozos de madera e incluso cajas enteras salieran despedidas por los aires rompiendo ventanas y traspasándolas. Veran salió instantes después acompañada de Brunoi, que cojeaba un poco este último y tenía varias quemaduras en sus ropas. Del interior de la nave salía un humillo que arrastraba consigo el olor a quemado, y nada más. Dimitri no quiso preguntar cómo estaba el seminmortal que les atacó. Veran solo emitió una orden más que nadie revocó:
- Volvamos a casa.
Muy bien descrita la habilidad de Hyassa.Thanatos ha vuelto, ya se le echaba de menos.^Pero, ¿ha muerto? ¿Y la transformación en pseudo-rata? El combate ha sido corto, espero que no sea definitivo para él (o sí: al fin y al cabo la escritora es la que decide ^^). Interesante la chica-libro, a ver cómo sigue la cosa. (Por cierto, gracias por uno de tus comentarios, me animó a dibujar vampiros para mi próxima entrada ^____^).
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