
El grupo viajo durante la noche y regresó bien temprano por la mañana, con un pasajero de más. Veran había encargado a Dimitri que se encargase de que
En el aeropuerto, Veran dio orden al equipo para que descansara, y todos lo acataron menos Dimitri, que preocupado por ella, decidió acompañarla hasta la sede de la organización para ayudarla en lo que hiciera falta. El improvisado resultado de la misión podía acarrearle problemas, y quién mejor que él para ayudarla a enfrentarse a ellos. Así que, dejó que Brunoi se llevase el equipaje de ambos y fueron dando un paseo hasta
El cielo, de un azul limpio y claro, y las calles despertándose daban la nota alegre al paseo, en contraste con ellos. A Dimitri se le empezaban a marcar las ojeras, y Veran, con el rictus más serio de lo habitual, se puso las gafas de sol que siempre guardaba en un bolsillo en cuanto un pequeño rayo de luz incidió sobre sus ojos cansados.
En el cuartel general de la organización ya les estaban esperando: Lord Heraclio aguardaba impaciente en la recepción, donde apenas se veía un alma. Estaba tan jovial como siempre, pero jugueteaba con un cordel atada a la empuñadura de una espada que llevaba sujeta al cinto, rodeando su redonda cintura. Les saludó al entrar con una risita nerviosa.
- ¡Os habéis dado prisa!
- ¿Dónde está? –el tono sombrío de Veran le puso la zancadilla a las buenas intenciones del Lord, que suspiró derrotado.
- Sobre eso os quería hablar… Seguidme.
Ambos obedecieron. Bajaron por unas escaleras cerradas para el resto de personal y ocultas tras la recepción. Dimitri supo que aquel gesto era una concesión a Veran. A sus oídos había llegado el rumor de que tenía cierto reparo a la hora de montarse en un ascensor, pero no pensaba comprobarlo. Bajaron varias plantas, tantas que Dimitri perdió la cuenta. No recordaba haber estado nunca allí, pero Veran parecía moverse como pez en el agua. Cuando llegaron a un rellano, Heraclio dejó de bajar y tomó un pasillo opresivo, de moqueta violeta y paredes azules que torcía en varias direcciones. A lo largo de la pared se veían varias puertas numeradas, a las que les precedía un cristal oscuro. Las cárceles temporales de
Las cárceles temporales de la organización eran pequeñas habitaciones acolchadas, cuya puerta se fusionaba con la pared y hacía imposible la huida. El cristal, era un espejo especial, que vigilaba y absorbía el caos de aquel que allí estuviera encerrado si llegaba a usarlo. Todas estaban insonorizadas, y la comida se materializaba gracias a un complejo sistema creado por el departamento de I+D de la propia organización, perfeccionado a lo largo de los años. No solía usarse con miembros de otras organizaciones, pero la cárcel temporal número 25 era otra cosa.
Heraclio se detuvo frente al cristal, pegándose a él y les indicó que hicieran lo mismo. Dentro, pudieron ver a la chica pelirroja que encontraron en Rusia, sentada en un rincón y mirando al techo ensimismada. Pero no estaba sola. Había un chico con ella, con la cabeza afeitada y vestido con un traje de chaqueta negro que le hacía parecer una graciosa parodia a los típicos guardaespaldas de las películas, solo que mucho más bajo. Dimitri, al verle, habría jurado que a Veran se le había escapado media sonrisa, pero fue tan fugaz que prefirió no darle vueltas al asunto.
Heraclio dio un golpecito al cristal que llamó la atención del muchacho del interior, y que salió en seguida negando con la cabeza y pidiendo permiso para marcharse. Heraclio se lo concedió.
- Teníais razón cuando dijisteis que lo que estábamos buscando era ella. Su don único es el almacenamiento de información. No ha sido entrenada para el combate, por lo que apenas sabe controlar su caos. ¿Cómo lo supisteis?
- No le quedó otro remedio que contármelo cuando la encontramos. Después de admitirlo, se desmayó –admitió Veran sin dejar de mirarla a través del cristal.
- Pues desde entonces os puedo asegurar que no ha dicho ni una palabra. Ese es el problema –Heraclio suspiró apesadumbrado -. Tenemos la información que necesitamos ante nuestras narices, pero no hay forma de que hable.
- Quizás con un interrogatorio a fondo…
- ¡Ya lo hemos intentado! Tenemos aquí abajo a lo mejor de lo mejor, y ninguno ha conseguido nada. Su mente también está cerrada a cal y canto. Eso si sabe controlarlo. Y necesitamos esa información con urgencia…
- Con Veran habló la primera vez –intervino Dimitri por fin -. Quizás si alguien del equipo pudiera…
- Alas Negras no es un grupo de interrogadores, Dimitri –le reprochó Veran.
- Pero Alas Negras estuvo allí, y podemos sonsacarle algo aprovechándonos de eso –dudó si decirlo o no, pero optó por mencionarlo -.Además, quizás si le decimos lo que pasó con su amigo, el tal Thanatos…
- ¿Thanatos? –Heraclio dio un respingo de la sorpresa y Veran le dirigió una mirada asesina a Dimitri -. Veran, ¿era el mismo Thanatos que…?
- Puedo sacarle la información que sea sin necesidad de tocar ese tema –se ofreció ella. Luego se volvió a Heraclio, que aún la mirada incrédulo ante lo que acababa de oír -. Deja que entre ahí con Ashley. Ya verás que rápido canta.
- ¿Cuánto tardaría en llegar el equipo?
- Cinco minutos –respondieron Dimitri y Veran al unísono.
* * *
El grupo entero se personalizó en la zona en el tiempo que ambos superiores predijeron. Al enterarse de su nueva tarea, Ashley se frotó las manos con regocijo y una macabra sonrisa adornó el rostro de Veran, que incluso se quitó las gafas de sol para dejar al descubierto sus ojos de iris rojo sangre.
A Dimitri le entró miedo. Tanto o más que el de la pobre chica que, al verlas entrar, se encogió en el sitio y empezó a temblar de forma más que notable. Incluso soltó un grito cuando Ashley le dio un puñetazo a la pared que hizo un enorme boquete. El boquete se cerró solo, pero el susto y los planes de ambas chicas se mantuvieron ahí. Veran se puso en cuclillas a escasos centímetros de la joven, arrinconándola, y empezó la ronda de preguntas con Ashley muy cerca, golpeando la pared rozando a la pelirroja a cada pregunta sin respuesta, que fueron todas. Lo único que hacía la chica, era llorar y chillar a cada puñetazo, cubriéndose la cabeza con las manos. Fue Dimitri quién no puedo más y sacó a ambas a rastras, incapaz de seguir viendo como continuaban aquella tortura.
El siguiente en intentarlo fue Brunoi. La situación no fue tan tensa como la anterior, pero tampoco cosechó muy buenos resultados…
- Oí decir que tu nombre es Rawlings –comenzó después de un rato de silencio, indeciso sobre cómo empezar. La chica le miraba con lágrimas en los ojos, acobardada ante su tremendo tamaño y su acento ruso -. Quizás te asustaste por las chicas de antes. Eran mi compañera y mi comandante. Lo siento. Son duras, pero buena gente. Se pasaron, lo siento.
La chica empezó a hacer pucheros y Brunoi se apresuró a sentar su enorme corpachón para intentar empequeñecerse un poco.
- ¡No! Verás, me han mandado a interrogarte, pero tengo que darte las gracias antes de nada. Soy un renegado en mi tierra natal, Rusia. Es bonita, ¿verdad? Y gracias a ti he vuelto. Gracias. De verdad. De corazón…
Los espectadores al otro lado del cristal pugnaban no sabían si reír o llorar ante la escena. Heraclio estaba patidifuso. Ashley se mordía el puño para ahogar las carcajadas que le sobrevenían. Hyassa se había tenido que apartar del cristal y miraba a la pared de enfrente. Nicole soltó un bufido y tuvo que alejarse porque no aguantó la risa. Veran miró con picardía a Dimitri, que se golpeó la frente:
- Tu también eres ruso, ¿no? Deberías ir a acompañar a Brunoi…
Dimitri la ignoró y sacó a Brunoi de la celda. La siguiente fue Nicole.
- ¡Hola! –empezó, acercándose con paso reticente y las manos entrelazadas a la espalda, sin saber muy bien qué hacer -. Esto… ¿puedo acercarme?
Rawlings se limpió los ojos con el dorso de las manos y se la quedó mirando con expresión desvalida. Nicole se quedó paralizada en el sitio, pugnando contra un creciente sentimiento de piedad que casi le hacía llorar. Dimitri no tuvo que ir a buscarla: ella sola salió corriendo con lágrimas en los ojos gritando mientras buscaba la salida: “¡Es demasiado adorable! ¡No puedo hacerlo!”.
- Ya solo queda Hyassa… -todos se volvieron hacia ella, que había permanecido aparte. Sus ojos oscuros y penetrantes se quedaron clavados en sus compañeros, sin decir ni una palabra -. Aunque un duelo de miradas y silencio entre ambas no nos va a servir de mucho…
Hyassa, al ver que allí no pintaba nada, se marchó en completo silencio.
- Te dije que no iba a funcionar… -le restregó Veran a Dimitri con cierta sorna y una sonrisa de suficiencia -. Pero ahora que lo pienso… ¡aún quedas tu! ¿No quieres intentarlo, Dimitri?
Como respuesta, el joven mostró su hombro derecho bajándose un poco la camisa con toda naturalidad. Las profundas huellas de unas terribles heridas hablaron por si solas y el ambiente se tensó.
- Sé mucho de interrogatorios, pero no soy capaz de reproducirlos. Aún así, ¿queréis que lo intente?
- Mejor que no, Dimitri. No te preocupes… -respondió Heraclio.
- ¿Qué vamos a hacer entonces? –preguntó Ashley.
Todos se volvieron hacia Veran, que se había quedado pensativa mirando al techo. Le habló a Heraclio sin inmutarse:
- ¿El jefe de prisión está aquí?
- Si, pero anda un poco ocupado…
Veran le mostró la palma de la mano para que no dijera más. Se dirigió a sus compañeros de equipo:
- Yo me encargaré del resto. Podéis descansar –Dimitri dio un paso hacia ella en silencioso ofrecimiento a acompañarla -.Vete tu también, Dimitri. Solo voy a hablar con ese seminmortal. Puedo hacerlo sola.
Dimitri acató la orden y acompañó al grupo hasta la salida. Heraclio se quedó a solas con Veran, cuya expresión había cambiado totalmente: parecía absorta.
- ¿Estás segura de que quieres hablar con él?
- ¿Estas seguro de que el puesto en el que estas realmente te necesita? –escuchar uno de los agrios comentarios de Veran le calmó, pero seguía sintiéndose inquieto.
- Quédate aquí. En seguida te lo mando.
Veran desapareció por un recodo antes de que Heraclio pudiera decir nada.
* * *
Ya no era nuevo en el puesto, pero aún así, le seguía costando horrores acostumbrarse a él. El jefe de prisión de
Se dejó caer sobre la silla revolviéndose su maraña de pelo castaño, y se frotó los ojos. Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta con un golpe seco y una sola vez.
En lugar de dar paso, Kadok se levantó y abrió el mismo la puerta. Pensaba que se trataría de alguno de los agentes que tenía bajo su mando, pero nunca se imaginó que la vería a ella.
- Hablar desde el pasillo es dejar que toda la planta se entere. ¿No te parece? –Veran, de brazos cruzados, esperó a que se recuperase de la impresión y la dejara pasar. Kadok cerró la puerta tras de ella -. ¿Cómo estás?
Kadok no respondió. Sin mirarla, bordeó el escritorio y tomó asiento. Veran arqueó una ceja.
- ¿Estás bien?
- ¿Has venido por lo de la reclusa? –Kadok fue directo al grano, evitando en todo momento cruzar su mirada con la de ella.
- Si quieres verlo así… -Veran perdió la escasa simpatía que había derrochado con él -. No hay forma de que hable. Incluso mi grupo lo ha intentado. Nos preguntábamos si tu…
- ¿Es un favor a los Alas Negras?
- No; es tu trabajo. Igual que liderar y guiar a los Alas Negras es el mío.
- ¡Pues es curioso! –Kadok se levantó y se atrevió a enfrentarse a ella -. Porque aunque nuestros trabajos son muy parecidos, yo si tengo tiempo para regresar a casa, y no como otras…
- Tu al menos trabajas aquí. A mi me mandan de una punto del mundo a otra sin parar. ¡Estoy siendo continuamente evaluada por los miembros del comando…!
- Eso no significa que tengas que quedarte a vivir con ellos –Kadok rebuscó entre una montaña de carpetas en una esquina de la mesa, alzando la vista hacia Veran para hablar con crudeza -. Sobre esa chica, descuida. Tendrás mi atención y mi don único a tu disposición.
Desvió la mirada, sabiéndose incapaz de seguir así por mucho tiempo en su presencia. Le seguía costando adaptarse a la situación, y su actitud no ayudaba en absoluto. Se hizo con un bolígrafo, un cuaderno y la carpeta que había estado buscando y salió de allí. Enseguida escuchó los pasos de Veran persiguiéndole por el pasillo y su mano aferrándose a su brazo para detenerle y obligarle a mirarla. Se armó con toda la dureza que pudo.
- ¿Por qué no quieres entenderlo ahora? ¡No puedo dar más de mi!
- Durante las misiones no; eso lo entiendo. Pero acabas de volver de Rusia, ¿no? –Veran asintió, dubitativa. Kadok bajó la voz para que solo le escuchara ella, a pesar de que no había nadie más en el pasillo de aquella segunda planta -. Sabes donde guardo mis llaves. Estoy despierto hasta las doce…
- Pero Kadok, esta noche había pensado ver cómo estaba mi equipo, y…
Kadok se deshizo de su presa fácilmente y volvió a fijar su atención en otra parte.
- Kadok…
- Quiero una respuesta definitiva esta noche, Veran. Ahora, si me disculpas, voy a hacer mi trabajo. Vuelve con tu equipo.
Se marchó sin mirar atrás ni una sola vez, aunque en su interior sentía un profundo desgarro. Tras él quedó Veran, una Veran totalmente distinta, desorientada, pero que en seguida volvió a tomar el genio de antaño, devorándola, antes de marcharse.
Ninguno de los dos se percató de que, oculto tras una esquina, Dimitri había sido testigo de todo…
“¡Es demasiado adorable, no puedo hacerlo!”. Me encanta Nicole ^^. Bueno, me gustan todos. La escena del interrogatorio es buenísima de verdad.
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