
El día que amaneció soleado terminó en tormenta. Una desastrosa tormenta que se fue formando a lo largo de la tarde, y que llegó desde el norte. Los gruesos goterones caían como piedras, golpeteando ventanas y puertas y desolando las calles, conjuntándose con algún que otro trueno perdido en la lejanía pero de tal fuerza que hacía temblar los cristales.
Kadok regresó a casa justo antes de que la tormenta estallase. Estaba cerrando la puerta cuando empezaron a caer las primeras gotas. Quiso pensar que, con la rapidez con la que se había formado, se trataba de una tormenta pasajera, pero nada más lejos de la realidad. Pasaron un par de horas, cenó y se duchó, y la tormenta, en lugar de remitir, iba adquiriendo fuerza. Intentó varias veces llamar por teléfono, pero los estragos de la lluvia le habían dejado sin línea en el fijo, y sin cobertura en el móvil. Nervioso y encerrado, empezó a mirar el reloj, con la culpabilidad y el miedo carcomiéndole.
Dieron las diez, las once y las doce. Y la tormenta seguía. Por suerte para él, Veran no cumplió. En parte se sentía mal por ello; y por otra parte le aliviaba. Con aquel tiempo, lo mejor que podía hacer era quedarse en su casa…
El sonido del timbre interrumpió su trayecto hacia la cama. Volvió a mirar el reloj: las una y cuarto. No pensó que fuera Veran: ella tenía llaves y no le hacía falta llamar al timbre. Lo que se encontró al abrir la puerta fue como un mazazo en pleno pecho.
Veran, sin más abrigo que sus vaqueros y su camisa negra, empapada y calada hasta los huesos, tiritaba bajo el dintel de la entrada.
- Siento llegar tarde… No conseguía localizar a Dimitri y no me ha quedado otra que dejarle el recado a Nicole.
Kadok no podía digerir aquello: ya no quedaba ni rastro de aquella Veran que no respetaba a nadie, que no aguantaba a nadie y estaba resabiada con todo y todos. No quedaba nada de la fachada de hierro que siempre se había trabajado. En su lugar, había una chica normal, que se moja con la lluvia y se quema con el fuego; que sentía alegrías y dolor, y a la que él había obligado a acudir hasta allí por pura cabezonería.
Incapaz de seguir viéndola así por más tiempo y sin reprimirse más, rodeó su cintura con el brazo y la atrajo para si cerrando la puerta tras ella, dejando la tormenta fuera. El beso que siguió, fue el más largo y apasionado que le había dado en muchísimo tiempo.
- Lo siento, Veran… -se disculpó entre lágrimas incapaz de creerse su propio error -. Tenía que haberlo entendido, he sido un egoísta…
Veran le hizo callar colocando un dedo sobre sus labios. La entrada estaba oscura, pero pudo ver claramente sus ojos tomando un nuevo brillo.
- Tengo que organizarme mejor, no te preocupes. Aquí tienes tu respuesta –le guiñó un ojo.
Incapaz de articular palabra, Kadok la abrazó hundiéndola entre sus brazos. Le susurró al oído:
- Ya podías haberte puesto algo de más abrigo. Se te nota todo.
- Tampoco es que tu disimules mucho –respondió ella con tono burlón -. ¡Si en el fondo lo disfrutas!
* * *
Un teléfono móvil le despertó. Rezongando y sin poder abrir los párpados como si no hubiera dormido en semanas, Kadok lo cogió:
- ¿Dígame? –tenía la voz tomada.
- Veran, ¿te ha cambiado la voz? –observó Heraclio desde el otro lado de la línea.
- Heraclio, no bromees con eso –Kadok bajó la voz y meció a Veran, recostada sobre su pecho y que se removió en sueños -. Se ha dejado el teléfono aquí. ¿Qué ocurre?
- ¿Recuerdas a nuestra reclusa Rawlings? –Heraclio hizo una pausa, buscando las palabras y el tono adecuado -. Ha muerto de un derrame cerebral. Tu relevo intentó presionarla un poco más, y ella misma se lo provocó sobrecargando su don –Kadok se despertó completamente -. Hemos convocado una reunión para dentro de dos horas. Estarán los lores, tu, y Alas Negras al completo. He intentado localizar a Veran, pero…
- De avisar a Veran me encargo yo. Gracias, Heraclio –colgó.
Se quedó pensativo, con el teléfono de Veran en la mano, pensando en esa pobre chica. Durante su interrogatorio, había sido dócil y había respondido a todas y cada una de sus preguntas. Tenía que haber seguido con ella, haberse quedado un rato más para asegurarse de que estaba a salvo. Se maldijo a si mismo. Estaba cometiendo un error tras otro…
- ¿Quién era? –preguntó Veran soñolienta, abrazándose a él.
- Heraclio… Tenemos reunión urgente dentro de dos horas con los lores. Tu grupo entero estará allí –le acarició la cabeza dejando el móvil sobre la mesilla de noche.
- Supongo que es obligatorio que vayamos, ¿no? –Veran infló los carrillos y se hundió entre las sábanas -. No es justo…
- Será para ponernos al corriente de lo que descubrimos en el interrogatorio…
- ¡Pero si fuiste tu quién la interrogó! Me lo dices aquí y ahora, y nos ahorramos el viaje…
- La chica ha muerto, Veran –Kadok se incorporó para mirarla fijamente a los ojos y trasmitirle la gravedad de la situación. A Veran se le congeló la sonrisa en la cara -. Se ha suicidado. Por eso tenemos que ir.
Veran se apartó para que Kadok pudiera moverse con libertad. Le miró mientras se levantaba de la cama y buscaba algo que ponerse.
- ¿Cómo ha sido?
- Se provocó un derrame cerebral a si misma. Por eso Iehova no la enseñó a combatir. Era un objeto más…
Kadok se sentía mal por aquella chica. Se sentía identificado con ella: él había pertenecido a Iehova, sabía cómo funcionaban y lo que hacían con cada uno de sus miembros… Él se salvó, y podía haber salvado a aquella pobre seminmortal…
- No te culpes –Veran le leyó el pensamiento, incorporándose y estirándose, cubriéndose solo con las mantas -. Tu hiciste tu trabajo. No ha sido fallo tuyo.
- Podía haber hecho algo…
- ¿Tu don es la previsión? –Kadok la miró con el ceño fruncido –No. Pues entonces no es culpa tuya. De todas formas, ya entrarán en detalles en la reunión. Los inmortales no tienen otra cosa que hacer que entrar en detalles siempre… ¡Eso si que es estar aburrido!
- ¡Seguro que tu te aburres menos! Viajando cada dos por tres a lugares lejanos y pintorescos, disfrutando de los estallidos de adrenalina de las misiones de campo…
Kadok se calló. Veran parecía absorta, y su rostro había palidecido tanto como el día triste y nublado que se asomaba por la ventana de la habitación. Se sentó a su lado y le pasó la mano por la espalda.
- He hecho cosas horribles, Kadok… -dijo con voz profunda -. Fue muy brusca con esa chica, Rawlings, cuando la encontramos. Y tuve que enfrentarme a un chico que conocí en una misión… Ignoré su potencial y lo abandoné a su suerte. Y no me lo ha perdonado…
- Por aquel entonces te rebelabas contra cualquier cosa de la organización. ¿Y desde cuando te importa tanto lo que piense alguien de ti? –la abrazó y la atrajo hacia si.
- Desde que dirijo un equipo formado por los seminmortales más poderosos de la organización, y quien sabe si de toda Europa… -se frotó los ojos -. Si no me hago respetar, no iremos a ninguna parte. Y llegar tarde a una reunión oficial no me hará ganar puntos.
* * *
Al contrario que el día anterior, la sede aquella mañana estaba a rebosar de actividad. Ya ni siquiera les importaba los mortales que pudieran ver a todos esos agentes entrando y saliendo de un viejo edificio casi derruido, pero que por dentro era tan lujoso como un hotel de cinco estrellas. Veran y Kadok llegaron los últimos, y se abrieron paso hasta la sala de reuniones de la primera planta a empujones.
La sala circular estaba presidida por una mesa ovalada alrededor de la cual ya estaban sentados los miembros que iban a acudir a la reunión: todos los miembros de Alas Negras; el seminmortal calvo que vieron el día anterior interrogando de primeras a Rawlings; y tres inmortales centrados en sus papeles y charlando en voz baja entre ellos: Lord Heraclio, Lady Mégara y Lady Flora, ésta última vestida con una bata blanca de laboratorio y el delicado moño de pelo verdoso envuelto en un gorrito de tela. Era la que hablaba más airada de los tres. Al ver llegar a los dos últimos miembros, les pidieron que se sentaran para comenzar:
- Lo primero es felicitar al comando Alas Negras por su buen hacer en esta misión –Mégara fue la primera en hablar. Se había oscurecido el pelo para que adquiriera una tonalidad castaña con mechas rojas naturales -. Y también dar las gracias a nuestros interrogadores, por… -Veran levantó la mano -. ¿Si?
- ¿Por qué nos felicitan? –Veran se había sentado entre Dimitri y Nicole, en un lado de la mesa. Su tono de voz era arisco, totalmente recuperado del día anterior -. ¿Por haber traído por la fuerza a una agente de Iehova? ¿Por haber matado a otro y abandonarlo allí? No creo que merezcamos felicitación por eso…
- Veran, no te atribuyas méritos. No mataste a nadie allí. Localizamos tu llamada a pesar del sonido de la explosión que usaste para distraerle –Brunoi miró asombrado a la comandante. Recordaba la extraña petición que le hizo cuando el resto del grupo no podía oírles: “usa tu don contra todas las cajas que veas”. Entonces lo entendió -. Cuando los servicios de emergencia llegaron, no quedaba nadie allí. Volvería a su organización para informar… Fingir ser más dura de lo que eres, Veran –continuó Lady Mégara –no va a cambiar que le dejaste escapar.
Todos los miembros de Alas Negras se volvieron hacia su comandante, sorprendidos ante aquella revelación. Dimitri incluso le sonrió, y Veran, refunfuñando, se encogió en su asiento cruzándose de brazos.
- Corren malos tiempos –dijo Heraclio -. Iehova ha matado a algunos de los nuestros. Y la información que buscábamos es de suprema importancia.
- ¿Tanta como para provocar la muerte de esa chica? –intervino Kadok esta vez.
- No la provocamos nosotros exactamente –respondió Flora, levantándose y extrayendo de un maletín que había guardado bajo la mesa unos informes que repartió entre los allí presentes -. Su don era el almacenamiento de información. Tenía una capacidad mental asombrosa, amplificada por su tipo de caos único. Durante los interrogatorios…
- ¿Dónde has estado? –Dimitri se inclinó junto a Veran para cuchichearle al oído mientras Flora continuaba hablando de la autopsia que ella misma había realizado -. El grupo entero estaba preocupado por ti. Con la tormenta y todo…
- ¡Qué curioso! Yo no conseguía dar contigo para avisarte de que no pasaría a veros –replicó Veran, aún herida de orgullo -. Tuve que dejarle el mensaje a Nicole… ¿Dónde te habías metido tu para no enterarte?
Dimitri se retiró de ella, volviendo a prestar atención a la explicación con expresión indescifrable. Veran torció el gesto con una media sonrisa que pasó desapercibida para el resto.
- …y alguien la despertó del trance que el jefe de prisión, Kadok, la sumió durante su sesión de hipnotismo –continuaba Flora en aquel momento.
- Ese alguien lo hizo cuando los interrogatorios ya habían terminado –agregó Heraclio –. Los miembros del cuerpo de seguridad de prisión nos han informado de que, una hora después de que Mortis –el seminmortal con pinta de guardaespaldas asintió con la cabeza cuando se refirieron a él –terminase su turno, un –Heraclio leyó literalmente de su informe –“individuo con rasgos de seminmortal entró en el recinto asegurando su pertenencia al departamento de prisiones. Se encerró con la presa 25 y, tras cinco minutos de silencio, dio la voz de alarma. A la chica le estaba dando un ataque, y con la confusión, el individuo desapareció”. Aún no le hemos encontrado, ni sabemos quién es, pero después de analizar la información que hemos recibido…
- Se trata de un mortal –se escuchó un grito ahogado en la sala, y todos se sorprendieron ante la declaración de Megara -. Esa es la información que hemos conseguido. Nuestras últimas actividades y cambios en el sistema les ha llamado la atención. Las Hermandades siguen vivas, y nos están buscando. La religión católica, el Islam, el sintoismo… todas ellas tienen una vez más sus ojos puestos en nosotros.
- ¿Qué significa eso? –preguntó Nicole levantando la mano.
- Que
Uf, pues se aproxima una guerra. Pobrecilla la pelirroja, ha sido una víctima propiciatoria. Snif. Iehova, cabrones! T_T
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