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viernes, 12 de febrero de 2010

Misiones anuladas hasta nuevo aviso (I parte)


Buenas, señoras y señores. Lamentamos la tardanza de este nuevo capitulo, retrasado debido a la temporada de exámenes de febrero de la facultad. Pero ya tenéis aquí la primera parte.

También os dejamos la nueva ilustración realizada por Andreu Romero, nuestro ilustrador oficial (que arte tiene, ¿eh? ^^) de Hyassa, miembro de Alas Negras. Esperemos que os guste (http://inenarrables.blogspot.com es su blog, con muchas ilustraciones y dibujos, además de una buena historia original llamada "Los basureros", así como otros escritos igual de buenos realizados por nuestro amigo ^^) tanto como a nosotros. Estos tres capítulos, Andreu, van por ti ^^. Un saludo, y nos os hago esperar más.

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El anunció del regreso de las Hermandades se hizo público enseguida, y la actividad de la organización se rebajó a los mínimos e imprescindibles. La sede de la organización sufrió una deserción en masa, retomando el velo de secretismo ante los mortales por temor a la amenaza que suponía la existencia de miembros de alguna hermandad por las cercanías. Incluso algunos inmortales habían abandonado sus despachos hasta algún aviso de suprema urgencia, lo único que los haría regresar, no sin cierto temor, a su trabajo.

Y todo esto, en menos de dos días.

Solo quedaron los de siempre: Lord Heraclio, que no pensaba moverse sin localizar antes a todos y cada uno de sus agentes de exorcismos y avisarles; Lady Mégara, que hacía lo propio con los suyos; Lady Flora, que seguiría atendiendo en la planta hospital de la Orden; los guardianes de la prisión, que seguían vigilando a los escasos presos; y Veran.

Ésta última miraba con asco al mensajero de Lady Mégara que había acudido a su despacho –que aún ni se creía que lo tuviera –para regalarle a sus oídos más malas noticias.

- ¿Estamos en guerra – dijo Veran después de dejar pasar unos tensos segundos de silencio -, y mandan al único grupo con preparación para hacer frente a esta amenaza a descansar hasta nuevo aviso?

El tono parsimonio hizo temblar al seminmortal mensajero, enjuto y de baja estatura, como una hoja. Veran bajó los pies de la mesa y dejó escapar un suspiro, apoyando la mejilla en el puño.

- ¿Y encima pretendéis minar la confianza de mi equipo? ¡No puedo creer que aún os acordéis de lo que pasó en la misión “Phobos”! –se encogió de hombros -¡Fue un accidente! Todos los agentes los sufren algún día…

- Es lo que me han dicho… -se excusó el seminmortal -. ¿Ha decidido quién evaluará al agente Brunoi?

- ¡Y encima tengo que contratar a alguien de fuera! ¿Es que no confían ni en sus propios compañeros…?

- Sobre eso… -el mensajero dudó si realmente sería bueno comentar aquel mensaje. Pero era su trabajo -. Lady Mégara ha dicho que no. Confiarle esta tarea es lo mismo que no pedirle nada. No realizaría ningún informe, ni le examinaría siquiera… -la voz se le rompió por miedo cuando Veran el lanzó una mirada congelada y se levantó de pronto dando un golpe en la mesa que le hizo encogerse.

- ¡Es que no tengo que examinar a nadie! ¡Todos los miembros de Alas Negras son competentes y no necesitan visitar a ningún psicólogo!

Una sombra se apartó de la pared. Una sombra con una sonrisa blanca y apaciguadora que se acercó a ella y le dieron un par de palmaditas en la espalda. Dimitri se dirigió al mensajero, que quería desaparecer:

- ¿Solo necesitan un estudio, no?

- Si, señor.

Veran se sentó, refunfuñando por lo bajo.

- Pues nos encargaremos nosotros, que para eso somos sus superiores. Vuelve con Lady Mégara y dile que tendrá su informe el lunes a primera hora –Veran le miró escandalizada –. Y en cuanto al descanso, nos vendrá bien a todos. Dale las gracias de nuestra parte.

- ¡Si señor!

El mensajero se marchó lo más rápido que pudo, cerrando la puerta del despacho tras él. Esperaron a que sus pasos se alejaran por el pasillo antes de empezar a discutir:

- ¡¿Se puede saber en qué estas pensando?! –le grito Veran a Dimitri -. ¡Es viernes! Quieren que un profesional espíe las intimidades de Brunoi y un informe detallado de sus conclusiones. ¿Dónde vamos a encontrar a alguien así en un fin de semana y con los tiempos que corren?

Dimitri arqueó una ceja, pero no dejaba de sonreír. Eso a Veran le reventaba: daba la sensación de que Dimitri sabía algo que ella no. Él lo sabía, y lo leyó en su cara. Optó por contárselo antes de que le echase a patadas de allí:

- Nosotros somos profesionales, ¿no? Podríamos examinarle nosotros…

- Perdona, pero yo tengo cosas que hacer este fin de semana más importantes y entretenidas que ponerme a hacer informes…

- Ya… -una fugaz sombra tapó el rostro de Dimitri, pero desapareció antes de que Veran se diera cuenta -. Me encargaré yo del informe. Pero lo evaluaremos los dos.

- ¿Y cómo piensas evaluarlo sin que se crea que los que desconfiamos de él somos nosotros?

La enigmática sonrisa de Dimitri le puso los pelos de punta a Veran.

- ¿Te apetece que mañana comamos juntos?

* * *

Hacía un día precioso, sin rastro del plomizo cielo de los días anteriores. Un embriagador aroma a flores inundaba el ambiente e invitada a pasear a niños y mayores, fuera la hora que fuera. Las cafeterías estaban a rebosar, y Dimitri consiguió hacerse sitio en una tranquila terraza, saboreando con total tranquilidad el mejor café que había probado nunca, contagiado por el optimismo del día.

Veran se hizo esperar, y cuando por fin apareció, seguía tan entusiasmada por la idea como el día anterior. Pero al menos, se había arreglado un poco: una falda corta y negra y camisa de botones a juego, con unos mitones del mismo color y el pelo recogido en una coleta. El ruido de las pisadas de sus botas se hacía audible en kilómetros a la redonda, y la expresión de su rostro dejaba entrever que a ella no se le contagiaba la alegría del ambiente, pero no llamaba demasiado la atención de la gente: una gótica más. Al llegar a Dimitri, su pálido gesto se cubrió con un poco de rubor.

- Tengo algo de prisa, ¿sabes? –se puso brazos en jarras, tapándole la luz del sol a Dimitri.

- ¡Relájate y disfruta del primero de tus días libres, Veran! –Dimitri se estiró en el asiento, con los brazos cruzados tras la nuca -. Por cierto: la indumentaria de hoy de pega. ¿Solías vestir así antes de liderarnos? –dijo sin asomo de burla.

- Un comentario al respecto y serás degradado a criado –el sonrojo aumento. Veran miró a todos lados, ahuyentando las miradas de los curiosos cuya atención había sido atraída por su torrente de voz -. ¡Venga!

Dimitri, que ya había pagado la cuenta mucho antes de que ella llegase, tuvo el detalle de invitarla a tomar algo que antes, cosa que ella rechazó. Comenzaron el paseo.

- ¿Y bien? ¿A dónde tenemos que ir primero?

Dimitri sacó del bolsillo de su chaqueta un diminuto cuaderno con varias anotaciones a lo largo de las páginas que pasaba, hasta que se contentó con una en particular.

- “La casa de las mariposas”. No queda lejos.

Veran creyó no haberle oído bien. Dimitri echó a andar.

- ¿”La casa…” de qué? Suena a antro… ya sabes… -se puso a su altura, mirándole con desconfianza.

- Ya lo verás cuando lleguemos –respondió Dimitri con tono alegre. A Veran se le pusieron los pelos como escarpias.

Dimitri disfrutaba de la caminata, no así para la comandante, que se dejaba guiar con cierta reticencia y mirando a todas partes. Su segundo intentaba animarla con charlas triviales que nada tenían que ver con el asunto que tanto la preocupaba, y a las que Veran asistía con más de un suspiro y respuestas evasivas.

Llegaron a una zona bastante alejada del centro, donde los paseantes estaban motorizados: coches y amplias carreteras a cuyos lados se extendían gimnasios y algunos supermercados y almacenes, separados de la calzada por unas macetas de arbustos y pequeños árboles raquíticos. Veran se chocó con Dimitri al llegar a cierto punto, que se había detenido en seco sin previo aviso. Se dispuso a echarle la bronca, pero él fue más rápido: le tapó la boca con la mano y la obligó a agazaparse detrás de uno de tantos arbustos, escrutando la acera opuesta. Veran se deshizo de su agarre y le recriminó:

- ¡¿Se puede saber qué estás haciendo?!

Dimitri se llevó un dedo a los labios, sin apartar la vista de allí.

- No dejes que te oiga

- ¿Qué me oiga quién? –Veran siguió su mirada.

Al otro lado de la calle había un gimnasio con nombre de titán. A través de una enorme cristalera que cubría su fachada, se podía ver a un grupo de culturistas llevando a cabo sus diferentes entrenamientos. Nadie más parecía atraído por aquella visión, excepto una chiquilla de rubias trenzas que se había parado y observaba cada uno de sus movimientos.

- Ashley… -la reconoció Veran -. No me sorprende. Es su naturaleza.

- Calla.

- ¡¿Me estás dando ordenes?! ¡¿Tú a mi?!

Dimitri no respondió. Veran suspiró y volvió a mirar. Ashley había empezado a moverse. Se acercó hasta la puerta del gimnasio. Miró a ambos lados de la calle. Y luego salió corriendo hacia un almacén de al lado.

- ¿Pero qué…?

Veran se quedó sin voz de la impresión. Era un almacén de juguetes, con un enorme oso de peluche en el escaparate. Pronto vieron a Ashley subiéndose a sus rodillas y abrazándole, con una sonrisa infantil dibujada en el rostro. Veran se giró hacia Dimitri, esperando que él estuviera tan sorprendido como ella. Pero en lugar de eso, había sacado su libreta y un bolígrafo, y anotaba, leyendo en voz alta:

- “Cumpleaños Ashley: osito gigante de peluche”…

- Si parecía ser una auténtica máquina de matar… -se frotó los ojos y volvió a mirar: no cabía lugar a dudas, la chica que giraba, abrazaba y besaba a aquel oso gigante de peluche era Ashley, la seminmortal de apariencia inocente y fuerza hercúlea.

- Deberías ser consciente de que a ti te pasa lo mismo, “comandante” –Dimitri cerró la libreta, se lo guardó todo en el bolsillo, y tiró de ella para continuar con su camino.

Veran, con gesto huraño, se dejó llevar. Pronto dejaron atrás la traumática visión, y no tardaron mucho más en encontrar una enorme casa coronada por el letrero: “La casa de las mariposas: el bienestar de nuestros padres”.

Si lo de Ashley fue un mazazo, aquello no se quedó atrás: una residencia para la tercera edad, de lujo y lleno de facilidades y bella decoración estival.

- ¿Qué estamos haciendo aquí, Dimitri?

- Brunoi debe de andar cerca… -el joven no quiso entrar, rodeó el muro que envolvía al recinto con carteles promocionales llenos de fotos de ancianos riéndose junto a sus nietos.

El edificio estaba salpicado de ventanas en sus tres plantas, a través de una de las cuales pudieron distinguir perfectamente a sus habitantes, reunidos en una sola habitación y de espaldas al cristal. Dimitri se aseguró de que nadie les observaba para saltar la valla, y Veran el siguió sin hacer muchas preguntas, planteándose hipótesis para sus adentros: ¿habría allí dentro algún seminmortal o inmortal relacionado con Brunoi? ¿Estaría Brunoi, al igual que ellos, de alguna misión secreta que le habría llevado hasta allí para eliminar a alguien de la competencia?

Veran se reunió con Dimitri bajo la ventana. El chico, con un gesto, invitó a su comandante a ser la primera en asomarse después de contar hasta tres. Veran se arrepintió después de no haber sospechado de su enigmática y característica sonrisa. Al incorporarse y otear el interior, vio que la atención unánime de los residentes se la estaba llevando un Brunoi de dos metros y pico vestido de tuna y tocando una bandurria. Los cristales insonorizados no permitían que el sonido llegara a sus oídos, pero tampoco escucharía nada. Se apartó de la ventana y se dejó caer pesadamente sobre la pared. Tragó saliva, e indecisa, volvió a mirar para retirarse después de un salto. Si, era Brunoi. Si, iba disfrazado con ropas antiguas y negras, capa y sombrerito a juego. Y si, estaba tocando y cantándoles algo a aquella pandilla de viejos.

- ¿Estás bien, Veran? Tienes mala cara… -preguntó Dimitri tratando de ahogar la risa.

La cara de la chica era todo un poema. ¡¿A eso se dedicaban los temibles miembros de Alas Negras en su tiempo libre?!

1 comentario:

  1. La virgen, qué imagen la de Brunoi. Veran puede enfrentarse a demonios llenos de dientes y acabar con una sonrisa, pero estas cosas pueden destrozarle la mente ^O^. Sencillamente genial. Los capítulos de acción son buenos, pero los "de vida cotidiana" (por definirlos de alguna forma) son simplemente brillantes. A lo mejor como escritora-madre del texto no se nota, pero para el lector, el ver a los personajes en este tipo de situaciones (días tranquilos, pero en los que siempre se aporta información sutil y enriquecedora sobre los protagonistas) es una maravilla ^.^
    Gracias por dedicarme estos capis, de verdad.

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