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martes, 11 de mayo de 2010

Crónicas del Caos - Capitulo especial "cumpleaños" - I parte


El vestido, tan etéreo y frágil como su apariencia, era igual de blanco que sus ojos. Sus cabellos rubios volaban al son de su falda, mecidos por el viento creado de la destrucción. El techo se caía a pedazos y el suelo temblaba bajo sus pies descalzos. Ella no se movió. Aguardaba su momento.

Un ser antropomorfo, un fantasma, lo iba destruyendo todo a su paso por el corredor. Iba en su busca. La chica miraba sin ver, esperando el irrefrenable choque. Otra figura adelantó a la criatura, esquivando los restos. La cogió de la cintura y continuó su carrera, salvándola de un pedazo de roca que cayó justo en el sitio en el que había estado parada. El chico se encogió y protegió su cabeza con la mano cuando atravesaron la ventana. Sobrevolaron el vacío entre los dos edificios y cayeron rodando en la azotea. El golpe había sido brutal, y el seminmortal tardó unos pocos segundos en recuperarse. Para cuando lo hizo, la chica ya no estaba entre sus brazos.

- ¡Eh! –la buscó en derredor. Estaba de pie, con los brazos extendidos en cruz y contemplando el piso que se caía - ¡Déjalo! ¡Llamaremos a los refuerzos!

- ¡No, Nicómedes! –rechazó la chica -¡Puedo hacerlo!

Bajo un espantoso estruendo, la vivienda quedó sepultada entre escombros. Varias grietas se abrieron en el piso inferior, pero resistió.

El fantasma volvió a hacer acto de presencia. De pie sobre los restos, dejó entrever dos colmillos ensangrentados, más que su propia piel, y que al distinguirlos corrió en su dirección. La chica se concentró.

- ¡Theresia, déjalo! ¡Es más fuerte que lo que has visto en tus entrenamientos!

Theresia no contestó. Sin emitir sonido alguno, movió los labios invitando al fantasma a acudir a ella. El ente agotó hasta el último centímetro de superficie antes de saltar a su encuentro. Recorrió volando, en pesada caída, la distancia que les separaba.

La pálida luz nocturna acrecentó aún más la blancura de la piel y el vestido de Theresia, y contagió al espíritu durante su descenso. La fingida sangre emblanqueció, y su expresión, despiadada y tosca, se convirtió en un fiel espejo de la de Theresia. En un abrir y cerrar de ojos, los cuerpos de una y de otro pasaron a ser uno solo. La chica retrocedió por la fuerza de la inercia, hasta caer al suelo. Nicómedes corrió a su encuentro.

- ¡Theresia! ¿Estás bien? –la ayudó a levantarse.

La chica tenía la mirada perdida. Su cuerpo se dejaba guiar dulcemente por él. Nicómedes supo que en su interior se estaba desarrollando la auténtica lucha; el exorcismo.

Ese era su don: absorber con su cuerpo el plano espectral. Su cuerpo, flácido, no se sostuvo en pie y Nicómedes se vio obligado a cogerla en brazos. Su temperatura corporal había aumentado: su alma, su caos interno, era lo más parecido a un horno crematorio para los fantasmas. Tardó pocos segundos en regresar a la realidad y a la normalidad. Rodeó el cuello de Nicómedes con sus bracitos escuálidos.

- Deberías confiar más en mi, Nico –le dijo con una sonrisa satisfecha -. Esa es la clave de toda relación.

* * *

Superó su iniciación con una nota media de cinco. Sabía defenderse en cualquier campo, pero no sobresalía en ninguno. Y eso la hacía sentir fatal. Su maestro, Nicómedes, había estado ahí, apoyándola desde el principio hasta el final. Ante los resultados, el consejo de inmortales de la Orden se tomó su tiempo para pensar donde asignarla. La respuesta todavía se hacía esperar. Mientras tanto, Theresia seguía a Nico a todas partes, realizando misiones a escondidas como entrenamiento. Aprovechaba sus ratos libres para estudiarse voluminosos volúmenes sobre todo tipo de materias. Todas le gustaban, pero no se veía trabajando en ninguna de ellas.

Sus paseos por la sede eran constantes. Casi podía decirse que vivía allí. Llegaba bien temprano por la mañana y salía bien tarde por la noche, cuando quedaba con Nicómedes a escondidas. Se pasaba los días en la biblioteca. Una de las veces que decidió tomarse un breve descanso para tomar algo entre lectura y lectura, se encontró en medio de una increíble algarabía. Los seminmortales se agolpaban y corrían hacia la entrada. Intrigada por el revuelo, Theresia escuchó a un par de agentes que hablaban entre ellos:

- ¡Yo he conocido a la gran Veran en persona!

- ¡Solo te dio un empujón en un pasillo!

- ¿Y qué? ¡Uso su famosa fuerza para apartarme de su camino! ¡¿No es genial?!

No era la primera vez que había oído hablar de ella. Una vez se le escapó su nombre a Nicómedes, antes de sumirse en un profundo silencio con la mirada pérdida. No había vuelto a nombrarla, y tampoco quiso investigar más. Ahora, viendo como se dirigían hacia ella y la cantidad de atenciones que acaparaba, sentía curiosidad. Se escurrió entre el gentío pidiendo disculpas y con dificultad, con miedo de hacerle daño a alguien.

Entonces estallaron los gritos. La multitud enloqueció. Los murmullos de admiración crecieron cuando una seminmortal, esbozada en un abrigo oscuro y con gafas de sol entró en la recepción. Theresia consiguió abrirse paso hasta segunda fila. Se aupó para poder verla mejor.

No vio el motivo de tanto jaleo. Solo era una seminmortal con ropa formal y expresión agria. Le seguía un joven pálido, también con gafas de sol y bastante atractivo que sonreía a los presentes como si toda aquella atención fuera para él. Veran le miró una sola vez, bufó irritada y se quitó las gafas de sol para reprenderle con la mirada. El chico se encogió de hombros y siguieron su marcha hasta las escaleras. A Theresia le resultaba imposible no escuchar a la gente que tenía a su alrededor:

- ¡¿Has visto eso?! Acababan de volver de una misión. ¿Le habrán dado una paliza a los de Iehova?

- ¡Es la primera seminmortal que se hace con el control de un departamento! Dicen que lo crearon solo para ella…

- ¡El grupo de fuerzas especiales es de lo mejor que tenemos! Normal que sean tan escrupulosos a la hora de coger gente. Desde luego, ese chico, Dimitry, se lo merecía…

Theresia se mordió el labio. Sentía un desagradable cosquilleo en el estómago. La desesperada necesidad de hacer algo. Se alejó de la gente y, después de meditarlo mucho, se coló por las escaleras de emergencia.

A las iniciaciones acudían siempre las cabezas de todos los departamentos de la organización. A la suya, se habían presentado todos menos ella. Nicómedes no quería ni mencionarla, la gente la admiraba… Y todo eso la escamaba y a la vez la atraía. ¿Y si era ese el departamento al que debía pertenecer? ¿Era aquello una señal?

Casi se tropezó con el último escalón cuando, justo al llegar a la planta de los despachos, escuchó unos pasos acercándose. Se escondió detrás de la pared, aguzando el oído. La voz brusca de Veran se dirigía al chico que le acompañaba:

- Daría lo que fuera por que los quemasen a todos…

- No deberías hablar así con todo el jaleo que se está montando con las hermandades. Podrían tomarte por…

- ¿Por alguien a quién le molesta tanto idiota junto? –su acompañante se rió -. ¡A mi no me hace gracia! ¡Hablo en serio!

Theresia decidió salir en ese momento, después de reunir todo el valor y la seguridad que pudo. Veran calló, y los dos la miraron. Todo el aplomo de Theresia se escondió ante la penetrante mirada de la chica, cuyos párpados medio caídos dejaban entrever que estaba más que cansada y sin humor para ver a nadie.

- ¿Te molo? –le dijo con tono desagradable -. ¿Quieres un autógrafo, vas a ponerte a chillar y a levantarte la camisa? ¿Qué quieres?

Theresia boqueó sin que ninguna palabra concreta acudiera a su garganta. De pronto, tenía la mente en blanco. ¿Qué quería decirle? ¿Por qué se había puesto tan nerviosa y había salido corriendo en su busca? Veran bufó elevando los ojos al cielo.

- ¡Encima una mudita! Encárgate de ella, ¿quieres, Dimitry? –Veran se encerró en su despacho.

- ¡Espera! –demasiado tarde. Theresia suspiró y agachó la cabeza.

- Discúlpala. No le gusta llamar la atención –la excusó Dimitry -. ¿Te puedo ayudar en algo?

Theresia negó con la cabeza con otro suspiro de profundo pesar. Dio media vuelta para marcharse. La mano de Dimitry se posó en su hombro, deteniéndola.

- Si quieres hablar con ella, tendrás que ser en otro momento. Pero puedo dejarle el recado, y acelerar un poco las cosas.

Se quitó las gafas como prueba de su sinceridad. Seguía sin saber qué podía decirle. Así que le dijo lo primero que se le ocurrió:

- ¿Puede decirle que aguarde a que me prepare un poco? No tardaré mucho.

Se dio media vuelta y se fue corriendo escaleras abajo. Con los puños apretados y llena de determinación. Se sentía ofendida, e incluso humillada, por la forma en la que se había dirigido a ella. O más bien, como la había evitado. Para empezar, Veran tendría que haber estado en su iniciación, haberla evaluado y estudiado la posibilidad de dejarla entrar bajo su mando. Ahora que la conocía mejor, no quería formar parte de su departamento. ¡Pero no era así como se hacían las cosas!


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Bueno, pues aunque llegue con retraso, os dejamos con un capitulo especial por motivo del cumpleaños de uno de los miembros del Yayteam. Está subido también a Historiasdelcaos.blogspot.com.


Estos 3 capítulos, como su nombre indica, son especiales. No tienen nada que ver con la trama principal, que continuará en breve en cuanto Kraric recupere un poco de su tiempo.

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