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miércoles, 9 de diciembre de 2009

A la caza de Fobos - Misión 003 Código en clave: Alas negras (1ª Parte)





El reloj de la plaza central dio las 12 puntualmente, como cabría esperarse. Era lunes, y la calle estaba desierta. Aquella aún lo estaba más, ya que en el plan de rehabilitación del casco antiguo incluía la remodelación completa de aquella zona: desmontarían aquellas casas viejas, cerradas y de ventanas tapiadas piedra a piedra junto al gran almacén de los años cincuenta de tres pisos, y luego los volverían a montar usando los mismos materiales pero con alguna ayudita moderna.

Sin embargo, el proyecto estaba parado. Y desde hacía una semana, ni siquiera los obreros se acercaban por allí, lo cual era una suerte.

Ashley, Nicole y Hyassa se habían adelantado, y aguardaban al resto ante el almacén. La fachada, mugrienta y vacía, estaba desolada, con desconchones por todos lados, nos miraba con sus ventanas tuertas. Dimitri discutía conmigo en voz baja algunos detalles y Brunoi, el seminmortal ruso, cerraba nuestra marcha vigilando cada extremo de la calle.

- Ya podrían haber puesto algo de vigilancia, o a alguien que se asegurase de verdad que no se acercara nadie… -me quejaba a Dimitri.

- Es entre semana, ni los niñatos salen a buscar juerga –me tranquilizaba mi segundo.

- Qué bien manejas el vocabulario callejero, Dimitri. Me sorprendes.

- Pareces enfadada…

Mis gafas de sol se escurrieron hasta la punta de la nariz para dejar sitio a una mirada helada que acalló su curiosidad. Por fin, llegamos hasta las chicas. El grupo formó un círculo.

- Bien; nuestro objetivo –empecé a explicar tras frotarme las manos. Empezaba a refrescar y nuestros alientos formaban pequeñas nubes de vaho – se llama Jet. Nuestra misión es detenerle y llevarle de vuelta a organización. Vivo o muerto.

- ¿Cuál es su don? –preguntó Ashley mirándose las uñas y carcomiéndoselas un poco.

- Ilusión. Veais lo que veais, dudad. Para reconocernos entre nosotros, haremos esta señal –Dimitri se rascó la oreja izquierda para indicarla.

- ¿No creéis que estar aquí, hablando de lo que vamos a hacer, hará que nos descubra? –siseó Hyassa haciendo un leve movimiento con la cabeza para señalar el edificio.

- Sabe que vamos tras él incluso antes de llegar. Los agentes anteriores que lo han intentado nos han quitado el factor sorpresa. Así que solo nos queda la fuerza. Somos muchos, y somos buenos. ¿Alguna duda?

- ¡No, señora! –respondió Brunoi con su vozarrón, encuadrándose.

- Ninguna –respondió el resto con menos entusiasmo y metidos en situación.

- ¿Y a qué esperamos?

Conocíamos la existencia de una ventana rota en el piso inferior, en un costado del edificio que podía servirnos de acceso. Dimitri le dio a Brunoi algunas ordenes en ruso, y el chico rubio quedó el último esperando a que el resto entrase y asegurándose de que no había ningún testigo de nuestra fechoría.

En el interior, la oscuridad estaba salpicada de manchas luminosas procedentes del exterior que se colaban por entre los tablones que cubrían puertas y ventanas. El olor a cerrado, a polvo, a viejo, a cera e incluso a heces hizo que Nicole frunciera el ceño y se tapase la nariz.

Podíamos adivinar que estábamos en una estancia bastante grande, que ocupaba prácticamente todo el piso. Se conservaban algunas cajas, bultos oscuros de siniestras formas que asemejaban monstruos. El suelo que pisábamos estaba hecho un asco, lleno de basura. En la pared, relucía un graffiti hecho con fosforescente, que brillaba en la oscuridad tenuemente con un tentáculo invertido y frases en latín rodeándolo.

- Parece reciente –susurró Dimitri –Pero es falso.

- Esperemos no encontrarnos a ninguno de esos falsos sectarios –respondí.

Con señas, indiqué al grupo que avanzara en formación y con precaución, alerta a cualquier seña. Al llegar a un extremo de la sala, encontramos un rellano con dos escaleras: de subida y de bajada. Indiqué al grupo que se separase y buscasen por ambos lados: Dimitri, Ashley y Hyassa hacia arriba; Brunoi, Nicole y yo hacia abajo. En hora y media fuera.

Vimos marchar a Dimitri y los suyos escaleras abajo. Nicole tenía un extraña y sombría mirada al verle marchar, pero desapareció fugaz en cuanto la oscuridad se los tragó.

Empezamos a descender, sin respirar siquiera para no levantar ningún ruido. Nicole se quedó atrás, vigilando la retaguardia, y Brunoi avanzaba a mi par, aunque su tamaño a veces le obligaba a tener que agacharse para no chocar contra algún madero medio caído.

Conté los escalones, sumidos en las tinieblas, guiándonos tanteando contra la pared y la barandilla. El aire era cada vez más asfixiante, y necesitaba centrarme en cualquier otra cosa que me despistase de mi miedo. No podía ver a mis compañeros, pero si escuchar el leve susurro que sus prendas levantaban al caminar y los aromas mezclados de ambos.

Tras cuarenta y seis escalones, llegamos al final, un rellano cerrado con una puerta arrancada de sus goznes que daba paso a más negrura. Nuestros ojos, acostumbrados durante el trayecto a la falta de luz, divisaron algunas sombras que no se movían. Olía a agua estancada y a suciedad. Al tocar la pared, percibí el tacto de algo metálico, que pronto reconocí como una enorme tubería que traspasaba la pared y continuaba hacia el insondable fondo.

Brunoi entró primero después de pedirme permiso con un gesto, para asegurar el terreno. Con una agilidad sorprendente, rodó por el suelo y se escabulló hasta esconderse tras un bulto grande, desapareciendo de nuestra vista. Nicole ocupó su lugar a mi lado, aguardando, mordiéndose el labio inquieta y con una mano en la funda de su daga.

No se oía absolutamente nada. Y eso me ponía nerviosa a mi también. Temí por aquel inconmensurable soldado ruso. Se encendió en mi una creciente sensación de peligro inminente que me erizó el vello de la nuca.

Y el grito de Brunoi que se apagó cuando una puerta se cerró confirmó mis sospechas…

* * *

El grupo de Dimitri subió en completo silencio y con cautela, sin mirar atrás ni una sola vez. El líder contagiaba a sus dos compañeras con una increíble sensación de tranquilidad que alivió sus tensiones y las ayudó a mantenerse firmes, expectantes y alerta. Se encomendó a su dios mentalmente para lograr tal hecho, alejando así todas sus dudas y miedos, dejando libre su consciencia y lista para cumplir su trabajo como profesional que era.

Ashley tomó ventaja y Hyassa la seguía de cerca. Ésta última jugaba con algo diminuto entre sus dedos, moviéndolos con presteza y lista para usarlos. De Ashley emanaba un poder tremendo, enfocándose lentamente en sus músculos.

Dimitri sintió que algo le caía en el pelo, embadurnándole. Una especie de polvillo fino que se escurrió por el parche que cubría su ojo izquierdo hasta intentar colarse en su nariz. Respiró por la boca evitando estornudar, y miró con curiosidad el techo. Tablones de madera intentaban sujetar el tramo de escalera que tenían encima, sin mucho éxito. El madero chirrió, quejándose y alertándoles. Llevaba años ahí, y no pudo aguantar un segundo más: se partió en dos dejando caer consigo la escalera a pedazos.

Dimitri no gritó. Apartó de un fuerte empujón a las chicas de la trayectoria de las rocas y luego se echó hacia atrás rápidamente. Escuchó el grito ahogado de Hyassa y el chillido agudo de Ashley al ver el derrumbamiento formando una espesa e impenetrable cortina entre ellas y el seminmortal con un estruendo horrible. Hyassa cogió a Ashley casi en volandas, y saltó grácilmente cinco escalones más arriba. Ashley pataleó hasta zafarse de su agarre, consiguiéndolo a la par que el desprendimiento cesaba, y corrió hasta los restos casi trastabillando.

- ¡Dimitri! –los bloques de piedra les habían cerrado totalmente el paso, llegando hasta el siguiente piso sin dejar ningún hueco, ni por arriba ni por abajo ni por los lados, por el que esquivarlo -. ¡¿Estás ahí?! ¡Dimitri!

- ¡Tranquilas! –contestó el chico alzando la voz para poder hacerse oír a través de la piedra –Estoy bien. Me aparté a tiempo. ¿Os ha alcanzado?

- No, señor –informó Hyassa bajando un par de escalones -¿Qué hacemos ahora?

- Seguid. Buscaré un camino alternativo para reunirme con vosotras lo antes posible. Recordad el objetivo, y no uséis caos para llamar su atención hasta que no sea absolutamente necesario.

Hyassa no respondió. Bajó la cabeza en señal de aceptación, y echó a andar escaleras arriba. A Ashley le costó más arrancar. Vio que Hyassa se alejaba cada vez más, pero no quería dejar a Dimitri allí. No quería seguir sin él. Dimitri lo supo, aunque no pudiera verla.

- Ashley, estaré bien. Pronto volveré contigo –le dijo de forma protectora, bajando la voz –Sigue a Hyassa, por favor.

Ashley emitió un gruñidito de obligada resignación, ocultando lo que dijo entre dientes y que solo Dimitri entendió. Un “ten cuidado” que nadie se esperaría de ella, antes de seguir la marcha y alcanzar a Hyassa.

Dimitri contó hasta cinco mentalmente antes de intentar hacer nada. Tenía ganas de maldecir, pero si lo hacía estaría cometiendo un pecado demasiado grave. No se maldice. Nunca. Su dios se enfadaría muchísimo si lo hiciera.

El joven seminmortal comenzó a bajar las escaleras. El ruido del derrumbamiento habría llamado la atención de su objetivo seguro, pero el piso estaba que se caía a pedazos y, después de todo, no estaban tan fuera de lo normal. Pensó en un arma lo suficientemente potente como para destrozar la roca misma, y esta se materializó ante sus manos esperando su inyección de caos para ponerse en marcha.

1 comentario:

  1. Interesante, interesante (como de costumbre). He tardado, pero vuelvo a leer. Voy a por los siguientes dos.
    Por cierto... ¿volverá La Red de las Almas? Tero máaaaas!!! ^^

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