Personalicé a mi personaje (PJ) en un momento. Fue una parte que me gustó, puesto que tenía una gran variedad de opciones entre las que elegir. Sin embargo, al acercar el zoom para poder ver a mi personaje ya terminado, su cara me asusto. No había forma de cambiarla, y tenía una expresión que pugnaba entre la sorpresa y el miedo. Lo achaqué a mi tarjeta gráfica, que quizás era bastante inferior en cuanto a calidad se refiere. Lo dejé estar y entré en el juego tras ponerle un nombre: Mavi.
Había más gente en la entrada, bastantes novatos y recién estrenados como yo. Pronto encontré a un grupo que se ofreció encantada a ayudarme a empezar y a subir de nivel a mi personaje. Los añadí a mi lista de amigos, y enseguida nos unimos a una partida de “Death match”.
Llegamos tarde, por lo que cuando entramos, empezaron a freírnos a tiros. Busqué un lugar donde ponerme a salvo, al igual que hicieron mis compañeros, dispersándonos.
Empecé a detectar fallos del juego durante esta maniobra. Por más que usaba el ratón o las teclas direccionales, mi personaje no se movía. Se quedó quieto, en mitad del fuego cruzado. En un arranqué de frustración, golpeé el teclado con el puño, y entonces conseguí que se moviera. La conduje hasta un grupo de cajas y la metí dentro de una, obligándola a agacharse.
El sonido de los disparos era impecable. Busqué un arma adecuada en mi inventario, decantándome por dos pistolas de diseño futurista, y esperé. Uno de los rivales pasó por delante de la caja donde estaba escondida, sin verme. Era un chico de ropajes rojos. Todos los rivales irían vestidos igual.
Quise dispararle, era la oportunidad perfecta para atacar. Pero de nuevo, mi personaje no quiso moverse. Tanto error no me estaba gustando, y me prometí que en cuanto terminase la partida, echaría un ojo a la configuración para saber que era lo que tanto problema me estaba dando. Recordé como había conseguido mover a mi personaje antes, así que golpeé la tecla de disparo. A la primera, mi personaje disparó, pero se quedó quieto. El enemigo había recibido un tiro por detrás que le había dejado la vida a la mitad, tal y como podía ver en la barra de vida sobre su cabeza, pero no le había matado, y ahora se volvía hacia mi personaje para vengarse. Golpeé y presioné con fuerza la tecla de disparo una y otra vez, pero no conseguía hacerlas funcionar. El rival me estaba apuntando. Era demasiado tarde, y desesperada, dejé caer las dos palmas de las manos sobre el teclado.
Y entonces, mi personaje disparó, añadiéndome una muerte a mi favor al contador.
Me quedé paralizada, en medio de las balas que silbaban a mi alrededor. Podía ver parapetados tras cajas y huecos a los autores del ataque, un grupo de chicos y chicas con trajes muy extraños de color rojo y armas de fuego de muchos calibres. Me quedé sola ante el mar de tiros, sin saber qué hacer y totalmente asustada. ¡Iba a morir allí!
El cuerpo me hizo un ademán como de querer moverse, de querer salir corriendo. Pero estaba paralizada por el terror. Cerré los ojos con fuerza, esperando en cualquier momento el dolor perforante de una bala que encontrase su destino. Sin embargo, mi cuerpo siguió dnado las mismas señales, cada vez con más fuerza e insistencia, hasta que consiguió arrancar sin que yo se lo ordenase. Salí corriendo, casi tropezando con mis propios pies, hacia unas cajas que no quedaban muy lejos.
Mi cuerpo se movía solo. De un salto, me resguardé en el interior de una de las cajas, agachándome. Estaba temblando de pies a cabeza, no entendía nada… ¿Cómo había llegado allí? ¿Cómo saldría viva?
La respuesta a mis preguntas, llegó en forma de dos pistolas que sin saberlo, tenía en las manos. La confusión, el sonido constante de los disparos acercándose cada vez más, me estaba haciendo enloquecer. Miré a todos lados, buscando una salida, alguna forma de escapar.
Antes de encontrar nada, mi cuerpo volvió a moverse. Se incorporó, quedando al descubierto, y descubrí ante mi a uno de los tipos de uniforme rojo. Por suerte, me estaba dando la espalda, y no se había percatado de mi presencia todavía. Mis brazos se levantaron solos y mis pistolas quedaron a la altura de sus omoplatos. Mi siniestro cuerpo quería dispararle. ¡Quería asesinar a ese chico! Intenté resistirme, pero mis dedos tenían más fuerza que mi voluntad. Tras un breve forcejeo conmigo misma, disparé. Vi las balas hundirse en la espalda del joven, que no se inmutó.
Las lágrimas ya brotaban de mis ojos, y en mi mente se acumulaban las acusaciones: había matado a un chico… Había asesinado a alguien…
No tuve tiempo de pensar más. El joven se volvió lentamente hacia mí. Tenía la misma expresión vacía que los chicos que me habían acompañado hasta allí. Bajé un poco la vista, pero no encontré ni herida, ni sangre. Con lo que si me tope, fue con su arma, que me estaba apuntando y estaba dispuesto a disparar.
Si, definitivamente iba a morir allí… Era una idea que terminé por aceptar. Era eso, o asesinar a alguien. Cerré los ojos otra vez, sintiendo mi propio cuerpo independiente. Estaba levantando otra vez los brazos, apuntando al chico a ciegas. No, no quería matarle. ¡No era una asesina!
El chico, no obstante, si lo era. Escuché el repiqueteo metálico del arma a punto de disparar. Y en un acto reflejo, en defensa propia, apreté el gatillo. Al abrir los ojos, vi al chico tirado en el suelo. Mis temblores se redoblaron, mis lágrimas, también. ¿Qué había hecho? Había matado a un joven… Me había convertido en una asesina…
A mis espaldas, escuché un tiro. Me di la vuelta sobresaltada, y me encontré a Lucy, la chica que conocí al llegar, que había dispara a una chica de rojo que se había puesto a mis espaldas sin que me diera cuenta.
- ¿Estás bien, Mavi? –me preguntó -¿Te ha dado?
- ¡Estoy bien! ¡Gracias! –respondí sin que fuera eso lo que quería decirle.
No entendía nada. No podía controlarme. Y ante aquella situación, me abandoné totalmente. Estaba confusa, tenía miedo. Y terminé abandonándome a mi cuerpo. Ya me daba igual seguir viviendo. Aquel era un mundo de pesadilla, y si moría, me libraría de él.
Mi cuerpo no estaba por la labor. Él solo se movía, me llevaba de una punta a otra del escenario y disparaba a todo lo que veía que se movía. Ante mis ojos, y por mis balas, cayeron, uno tras otro, un buen montón de gente de rojo.
De pronto, escuché la misma voz que había anunciado nuestra llegada. Grave, estruendosa, venida de ninguna parte y de todos sitios a la vez, anunciando que nuestro combate había llegado a su fin y habíamos resultado vencedores.
En un visto y no visto, volví a estar de vuelta en la zona en la que empecé, la del pequeño bosque, junto a mis compañeros. Hablaban entre ellos con palabras de entusiasmo, pero sus caras no lo demostraban. Si fueran conscientes del miedo que me daban… Lucy, la chica, se volvió hacia mi, y con la expresión serena y antinatural de siempre y sin mover la boca, me habló:
- ¡Que combate! ¡Les hemos machacado! ¡Eres muy buena, Mavi! –mi cuerpo se mantenía firme, aunque se me escurrían los lagrimones por la cara y quería encogerme y esconderme lejos, muy lejos -¡Por cierto! Ahora que lo veo. ¡Bonito adorno de cara! -¿se refería a mis lágrimas?
- ¿Qué? –pregunté yo, sin ser yo.
- El adorno que tienes puesto. Son lágrimas falsas. ¿Es un regalo de donación? –intervino Bang-Bang.
- Yo no me he puesto ningún adorno de cara… Qué raro…
- Pues de mi gráfica no es, porque lo vemos todos… -pensó Lucy.
- Chicos –avisó Jhon –, me llaman para comer. ¿Nos vemos luego?
- Yo también tengo que irme a almorzar.
- ¡Y yo! –agregó Lucy.
Los tres se despidieron de mi antes de desaparecer ante mis ojos con un fogonazo.
- Bueno, pues entrenaré sola… -dije a la nada sin pretenderlo.
‹‹Yo no quiero seguir aquí… Quiero salir…›› pensé desesperada sin poder controlar mi cuerpo, que ya empezaba a moverse de nuevo sin mi consentimiento.
El combate terminó rápido. Todos los que participábamos, éramos recién llegados, y tuve suerte con los golpes críticos. La partida terminó en unos minutos, saliendo victorioso mi equipo. Subí un solo nivel, pero bueno, algo era.
Al regresar a la entrada, Lucy, Bang-bang y Jhon se despidieron para ir a comer. Sin equipo, no podía entrar en ninguna partida, así que me puse en marcha para seguir jugando cuanto antes.
Pero en la ventana de mensajes, me llegó un susurro extraño.
Mavi te susurra: Yo no quiero seguir aquí… Quiero salir…
Busqueda
jueves, 10 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Inquietante última frase.
ResponderEliminarCreo que lográis unir lo real a lo ficticio. Casi sin darte cuenta pasas de la pantalla al juego. Bien.
Creo que cuando habláis de "mi personaje" se hace un poco repetitivo, o como mínimo a mí me lo ha parecido.
Saludos.
^^ Muchas gracias por leernos, Bolzano.
ResponderEliminarEl traspase Realidad-juego es algo que tenía en mente desde hace algun tiempo (no sé si en mi blog llegue a colgar algo referente al fanfic de S4 league...creo que no llegué a terminarlo...XD) y no sabía muy bien si mediante el cambio de estilo de letras se llegaría a entender. Gracias a ti, sabemos que si ^^
Y en cuanto a lo de "mi personaje, en el nuevo capi hemos intentado arreglarlo. Lamento mucho la espera, pero dentro de nada toca selectividad, y eso nos está retrasando un poco >.<
Gracias una vez más por leer y comentar. ^^ Un saludo!