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lunes, 14 de septiembre de 2009

La red de las almas - Capitulo 3

Mavi te susurra: Yo no quiero seguir aquí… Quiero salir…

Me había levantado un momento de la silla para ir a por un vaso de agua, y cuando me volví, me encontré con aquel susurro en la ventana de diálogo. Desconcertada, volví a tomar mi asiento y me acerqué a la pantalla buscando algún error. “Mavi” era mi apodo, y susurrarse a uno mismo era algo imposible en aquel juego. Pero quién me susurraba tenía mi mismo apodo..

Susurras a Mavi: ¿Sabes que copiar el apodo de otra persona es motivo de denuncia al game master?

En la ventana de chat se hizo el silencio. O bueno, el relativo silencio, porque a mi alrededor había más jugadores buscando sala, organizando grupos o simplemente charlando, y podía ver algunos de sus mensajes. Pero no hubo un segundo susurro del imitador.

¿De dónde pudo sacar mi apodo? Pensé reclinándome en mi silla. No lo había cogido de ninguna serie que estuviera en boga, ni de ningún videojuego. Aún no había escalado suficientes posiciones en el ranking del juego como para que mi nick apareciera en los monitores de otros jugadores. La incógnita me carcomía por dentro, y sin poder evitarlo, le mandé otro susurro:

Susurras a Mavi: ¿Por qué me has cogido el nick? ¿Es para gastarme alguna broma? Tu mensaje de antes no tenía sentido.

Mavi te susurra: ¿Un nick? ¿Qué es eso?

Volví a leer otro susurro suyo por fin, pero que tampoco esclarecía nada. Estaba segura de que era, seguramente, algún imbécil del colegio que quería gastarme una broma.

Susurras a Mavi: Mira, no tengo tiempo para esto. Quiero jugar y divertirme, no perder el tiempo con bromas pesadas. Deshazte el personaje y de mi apodo en 24 horas, o te denunciare en el foro del servidor.

Su siguiente susurro tardó tanto que di por hecho que había acatado mi advertencia. Sin embargo, no era así, y su insistencia y mensajes sin sentido cada vez me escamaban más:

Mavi te susurra: No entiendo nada de lo que hablas… ¡Ni siquiera te veo y sin embargo sé lo que dices! Aparecí aquí de repente, mi cuerpo se mueve solo, he matado a gente sin querer…

Susurras a Mavi: Mira, mira, déjalo ya. No tengo ganas de perder el tiempo con cuentos chinos. Como vuelva a verte por aquí usando mi apodo, ten por seguro que te banearán.

Antes de recibir más susurros tontos, quise poner al tal Mavi entre los amigos ignorados. Era la opción que se usaba para que cualquier cosa que viniera de esta persona fuera rechazada y no tuviera que verlo más. Lo consideraba algo extremista, pero no quería más bromas. En Internet, en mi terreno, no.

Mi corazón se había exaltado un poco. Para calmarlo, pensé, ¿qué mejor que una partida más? Busqué algún grupo y me uní a la primera partida que encontré.

Mis plegarias fueron escuchadas. Alguien respondió a mis lloros, pero no de la forma que esperaba. A mi alrededor, había gente, y escuchaba sus murmullos, pero sabía que quién me respondió no estaba entre ellos. No podía oírle, no podía verle, pero mi mente captaba sus palabras. Mis lágrimas se disolvieron, pensando que me había encontrado con el mismo Dios, que se apiadaba de mi.

‹‹¿Sabes que copiar el apodo de otra persona es motivo de denuncia al game master?››

Le di vueltas a la frase en mi mente, intentando comprender el mensaje, pero me resultó imposible. ¿”Copiar el apodo”?¿”Denuncia al game master”? El “ente” insistió:

‹‹¿Por qué me has cogido el nick? ¿Es para gastarme alguna broma? Tu mensaje de antes no tenía sentido.››

¡Los suyos si que no tenían sentido! ¿Así era como Dios iba a salvarme? No podía decirle algo así en voz alta, entonces si que podía olvidarme de la salvación. Tragué saliva antes de preguntar en voz baja e intentando que nadie más me oyera.

- ¿Un nick? ¿Qué es eso?

‹‹Mira, no tengo tiempo para esto. Quiero jugar y divertirme, no perder el tiempo con bromas pesadas. Deshazte el personaje y de mi apodo en 24 horas, o te denunciare en el foro del servidor.››

No supe que responder. Si antes me sentía desorientada, Dios no lo estaba arreglando. No entendía nada de lo que me decía, los términos que usaba eran totalmente desconocidos para mí. Elegí cautelosamente las palabras. Posiblemente estuviera molesto por algo que hubiera dicho, o hecho.

- No entiendo nada de lo que hablas… ¡Ni siquiera te veo y sin embargo sé lo que dices! Aparecí aquí de repente, mi cuerpo se mueve solo, he matado a gente sin querer…

‹‹Mira, mira, déjalo ya. No tengo ganas de perder el tiempo con cuentos chinos. Como vuelva a verte por aquí usando mi apodo, ten por seguro que te banearán. ››

Me dio a entender que no iba a continuar con la conversación. Quise pararle, pedirle que no me abandonase, pero un pitido me ensordeció, y fui consciente de que no podría volver a hablar con él en un tiempo. Las lágrimas volvieron a mis ojos, igual que el movimiento a mi cuerpo. Sin pretenderlo, me acerqué a otro grupo de personas, bastante más numeroso que el anterior, e igual que la vez anterior, el mundo a mi alrededor se desvaneció y reapareció el mismo en el que sufrí el tiroteo.

No pensaba volver a vivirlo. Quise esconderme, pero mi cuerpo no me dejó. Maldije en voz alta, grite que me dejase en paz aquella maldición. El grupo estalló en carcajadas, y alguien dio la señal de salida. Los disparos volvieron a iniciarse, y en mis manos aparecieron de la nada dos pistolas, las mismas que la última vez.

Era imposible esconderse. Las balas se acercaban silbando, y podía ver al grupo que nos atacaba, de rojo otra vez, buscando lugares donde esconderse y desde donde atacar.

Pues si no me dejaban esconderme, atacaría.

La lucha había comenzado. El resto del grupo se disperso y fue a hacer frente a los enemigos. En mi interior, había otra lucha. El cuerpo me pedía salir corriendo y dar un rodeo. Mi mente se esforzaba por hacer frente a esa voluntad impuesta, y me mantenía inamovible en mi sitio.

La lucha había empezado. Me equipé mis armas, y quise salir a la búsqueda del enemigo. Pero por más que apretaba las teclas, no me movía. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Otra vez fallos en el teclado? ¿Me habrían colado algún virus? Se me ocurrió que quizás mi teclado inalámbrico se había quedado sin pilas, y por ello no podía controlar el juego. Me di toda la prisa que pude en encontrar una caja con pilas nuevas, que siempre tenía por algún rincón de mi desordenado cuarto.

Mi cuerpo se paró. Dejó de luchar, y la voluntad salió victoriosa. Decidida, salí corriendo. Ahora si me sentía completa. Ahora si me sentía más cómoda. Había derrotado a la primera barrera. ¡Ahora posiblemente tenía la oportunidad de escapar!

Rodeé el almacén. Un chico de rojo salió a mi encuentro. Llevaba un arma con pinta de ser muy pesada en sus manos, y no tardó nada en apuntarme. Con un movimiento reflejo, apunté y disparé. Podía manejar mi propio cuerpo, ¡no iba a dejar que nadie se interpusiera en mi camino!

El chico, sin mostrar herida alguna, se derrumbó. Antes de que llegase hasta él, su cadáver había desaparecido. Seguí corriendo.

Encontré unas pilas recargables debajo de la mesa. Me di un fuerte cabezazo contra la mesa al intentar levantarme. Me froté la cabeza saliendo de allí debajo entre maldiciones, y volví la vista al monitor. Seguramente, el equipo enemigo habría dado buena cuenta de mi al ver que no me movía ni hacia nada.

Y me quedé con la boca abierta. Mi pj.. ¡se estaba moviendo solo!

Tiré del teclado y le quité las pilas. Estaba segura de que así, se terminarían los problemas. Pero no. Sin el teclado era imposible que el personaje se moviera. Sin embargo, el mío era una excepción, y ante mi estupor, ella solita mató a uno del equipo enemigo y continuó corriendo por el mapa.

- ¡¿Qué coño está pasando aquí?!

El almacén quedó atrás. Traspasé una verja y bajé por una rampa. No me había separado mucho del edificio, ahora estaba en el lado oriental. Había más cajas por ahí, y de detrás de una de ellas, apareció otro muchacho de rojo que también iba armado y con esa expresión de imbécil en la cara.

Nos apuntamos mutuamente. Estaba muy cerca de la salida. No la podía ver, ¡pero lo sabía! Ya no lloraba, estaba decidida. Mis dedos acariciaron los gatillos. Los gritos de dolor, los disparos y los golpes llegaban hasta nuestros oídos. Nuestros respectivos grupos estaban muy lejos como para poder ayudarnos.

El primero que disparase, se llevaría la victoria.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho el "diálogo" inicial.
    Tiene mucha intensidad e intriga.
    Luego la "repetición" del diálogo en forma de reflexión no me ha acabado de triunfar.

    Saludos.

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